Nestora, la víctima de violencia doméstica que comandó a la Policía Comunitaria

Casada desde los 13 años y vejada durante cinco años
Nestora Salgado
Nestora Salgado (Rogelio Agustin )

Guerrero

Mucho antes de ponerse al frente del movimiento social que expulsó de Olinalá una célula del crimen organizado, Nestora Salgado García, actualmente presa en un penal federal de Tepic Nayarit sufrió violencia doméstica.

La necesidad la llevó a trabajar de ilegal en los Estados Unidos de Norteamérica (EUA) hasta que obtuvo la doble nacionalidad, sin embargo nunca se desentendió de su tierra natal.

En los momentos en que el crimen organizado golpeaba el país, particularmente a Guerrero, Salgado García regresó a Olinalá, la imagen de migrante exitoso la colocó en una lista de secuestrables que tenía un grupo de delincuentes que operaba impunemente en ese municipio de la región Montaña.

Salgado renunció a la posibilidad de abandonar el país y disfrutar de su nacionalidad norteamericana, se sumó al movimiento de autodefensa que estalló la mañana del 27 de octubre de 2012 y no se detuvo hasta integrar al primer grupo de Policías Comunitarios que operó en una zona habitada mayoritariamente por mestizos.

En pocos días se convirtió en la voz de mando que coordinaba la vigilancia de los retenes instalados en las cinco entradas de la cabecera municipal; entonces los hombres que escopetas, rifles y pistolas en mano custodiaban a la población comenzaron a referirse a ella como “La Comandanta”.

[b]De la violencia doméstica[/b]

De acuerdo a información proporcionada por el colectivo “Yo soy Nestora”, creado a partir de la detención de la coordinadora de la Policía Ciudadana (PC) en Olinalá, Salgado contrajo matrimonio por primera vez a los 13 años de edad.

Casarse a temprana edad es una práctica que prevalece en la mayor parte de los municipios de la Montaña, Costa Chica, Zona Norte y Centro de Guerrero, la falta de expectativas de desarrollo influye en la persistencia del fenómeno.

Su primer esposo fue Miguel Rodríguez Rodríguez, con quien tuvo su primer hijo a los 13 años y para los 18 contaban ya con tres progenitores.

“A esa edad ya tenía tres hijas porque su esposo no la dejaba controlarse, por ser de mente cerrada, aunque ella lo pedía para poder darle un mejor futuro a las niñas”, refiere una integrante del colectivo, que solicita mantener a reserva su identidad.

A los 20 años emigró hacia Estados Unidos, a pesar de que su primer esposo tenía la doble nacionalidad no quiso arreglar su situación por celos.

Su primer empleo fue en el área de la limpieza, sus hijas permanecieron seis meses en México porque el marido le negó el respaldo, pero tras reunir el recurso necesario las mandó traer.

Del primer esposo se señala que tenía problemas de alcoholismo y era violento, varias veces fue desalojada de los apartamentos en que rentaba porque Miguel Rodríguez gastaba de más en las parrandas.

Durante cinco años soportó la violencia intrafamiliar, hasta que una golpiza contra una de las hijas la llevó a tomar el camino de la separación.

Sola, en Estados Unidos y con tres hijas menores de doce años, Nestora desempeñó al menos tres empleos, con jornadas que consistían en llevar a las hijas a la escuela a las siete de la mañana; limpiaba apartamentos de 8 de la mañana a 4 de la tarde, trabajaba como mesera en un restaurante de 5 de la tarde hasta las 2 de la mañana y los fines de semana colaboraba en la cocina de un campo de golf.

A partir de que fue registrada como víctima de violencia doméstica por parte de su ex marido, Nestora pudo arreglar su documentación y adquirió la nacionalidad norteamericana para ella y sus hijas.

Posteriormente inició una relación con José Luis Avila Báez, quien en el arranque de la semana inició una huelga de hambre en territorio norteamericano demandando su liberación.

[b]La comandanta[/b]

Nestora decidió regresar a México desde 2001, pero un percance automovilístico la dejó paralítica durante tres años.

Vecinos de Olinalá recuerdan que se instaló en la casa familiar ubicada en la calle Comonfort antes de 2009, cuando ya la violencia generada por el crimen organizado afectaba la mayor parte del país.

El 27 de octubre, cuando la población de Olinalá tomó las armas para expulsar una célula del crimen organizado que secuestraba empresarios, asaltaba taxistas y reclutaba a los jóvenes de la localidad, la mujer se incorporó a los trabajos de vigilancia.

En la casa de seguridad se encontró una lista de personas secuestrables, el nombre de Nestora Salgado destacaba por la imagen de migrante exitosa.

“Yo sé que mi vida ya no vale nada”, dijo durante los días de la autodefensa a varios medios de comunicación, por la sentencia que había de parte de los delincuentes expulsados en su contra.

Pero aseguró que se mantendría dentro del movimiento bajo un argumento que consideró contundente: “Es mejor morir de un tiro a que me vengan a dejar en cachitos”.

En mayo de 2013 en Olinalá se integró el primer grupo de Policía Ciudadano (PC) incorporado a la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias (CRAC).

El alcalde de Olinalá, Eusebio González Rodríguez asegura que dicho grupo no tiene cabida en el municipio, pues su población mayoritaria es mestiza y no indígena, razón por la que no aplica el régimen de usos y costumbres de la CRAC.

Las detenciones realizadas por su policía derivaron en denuncias por el delito de secuestro, razón por la que elementos de la Marina Armada de México la detuvieron la tarde del 21 de agosto.

Actualmente está recluida en el penal federal de Tepic Nayarit, hay una huelga de hambre en EUA y grupos de policías comunitarios en Montaña, Costa Chica y región Centro claman por su liberación.