“¿Miedo, miedo de qué?”

'Carmelita', hija de un ganadero, participó en la incursión en Buenavista para explusar a los "narcos".
Esperanza Vergara.
Esperanza Vergara. (Daniel Cruz)

México

No es la única, pero quizá sí la más joven. A sus 21 años, Esperanza Vergara, Carmelita, como le dicen sus compañeras, aprendió lo que ninguna de su edad, disparar una Uzi 9 milímetros automática, arma diseñada por las fuerzas de defensa de Israel, usada por la policía de Colombia.

Hace tres meses disparó por primera vez, pero solo de prueba. Se sumó a las filas de las autodefensas en abril, dos meses después de que surgieron en su pueblo, Buenavista Tomatlán.

Menudita, de baja estatura, cabellera negra larga y lentes oscuros, Carmelita no tiene miedo. "¿Miedo, miedo de qué?", expresa mientras sujeta con estilo su 9 milímetros con capacidad de fuego de 35 tiros.

"Yo le digo a la gente que no se asuste, nosotros no somos ningún cártel, somos del pueblo, puros campesinos, cortadores de limón, ganaderos y nosotros no venimos a hacerle mal a nadie. Estamos contra el mal, ¡de esos malditos templarios!".

Decidió ingresar a los grupos de autodefensa junto con su hermano, otro joven que también forma parte de los H3, equipo que sí se enfrenta a Los Templarios en cada una de las incursiones a nuevas comunidades. Ella no vigila barricadas ni retenes. Anda en camionetas último modelo de las que prestaron los empresarios y ganaderos para que las autodefensas se transporten.

De sonrisa natural, enfundada en un pantalón de mezclilla, botas y una playerita azul ajustada, Esperanza irrumpió junto con cerca de 500 autodefensas en Los Reyes, donde fueron recibidos a balazos por los templas, como se refieren al grupo que combaten. Esa cabecera fue una de las últimas que han tomado, después de la firma del acuerdo con el gobierno, para legalizarse.

"Nos han causado mucho daño. A todos nos han lastimado con las extorsiones", explica fluidamente, pero con los dientes apretados.

Apenas terminó la preparatoria, no ha tenido necesidad de trabajar porque su familia se dedica a la ganadería. Con resignación sus papás accedieron a que sus dos jóvenes hijos se fueran a luchar contra Los templarios. También fueron extorsionados, vendían barato y pagaban caro. Esperanza nunca tuvo algún incidente que atentara contra su integridad; sin embargo, dice que pelea por su familia y por su pueblo.

"El gobierno de alguna forma nos está apoyando, pero antes no querían. Ahora gracias a Dios ya están poniendo atención en esto".

Pero Esperanza no es la única mujer en las autodefensas. Con ella hay por lo menos cinco más. Todas mayores. Ella es la más agraciada. Sus compañeros con todo y las armas de alto poder que no sueltan, los chalecos antibalas y los radios de comunicación, también están pendientes de ella y sus compañeras.

De su arma no sabe mucho, sólo que es "de las buenas". Se la dieron después de un enfrentamiento con Los Templarios. No sabe si alguien murió a consecuencia del poder de la uzi que ahora es suya. Cuando se le pregunta qué hará cuando tenga que registrarla, responde con desparpajo.

"Si nos quieren registrar, nos pueden registrar, pero de todas formas esto es ilegal, traer las armas".