CRÓNICA | POR LILIANA CAVAZOS

Mi hijo desapareció en Michoacán y nadie me avisó

Daniel Ramos Alfaro, un maestro de Conafe de 20 años, fue visto por última vez en el poblado de Betania que pertenece a Uruapan; su madre reclama que su hijo desapareció a los ojos del Ejército.

Rebeca Alfaro busca a su hijo Daniel Ramos Alfaro, desaparecido el 2 de octubre de 2013 en Uruapan, Michoacán.
Rebeca Alfaro busca a su hijo Daniel Ramos Alfaro, desaparecido el 2 de octubre de 2013 en Uruapan, Michoacán. (Liliana Cavazos)

Ciudad de México

Es la segunda vez en los últimos tres meses en que Rebeca viaja de su natal Michoacán a la Ciudad de México; no viene de visita, no viene de paseo. Es la cruzada de una madre buscando ayuda para localizar a su hijo de 20 años: Daniel.

Daniel Ramos Alfaro, fue visto por última vez el miércoles 2 de octubre a las 4 de la tarde cuando partía de Betania -una localidad de 50 habitantes perteneciente a Uruapan- a Nuevo San Martin, en donde al día siguiente a primera hora, tenía que dar clases como parte de sus actividades de capacitador de Conafe. Pero nunca llegó.

Los habitantes de ambas comunidades decidieron poner su fotografía en redes sociales y reportarlo como desaparecido, pero a nadie se le ocurrió avisar a su familia. Cuatro días después, Israel, un hermano de Daniel que vive en Los Ángeles, California, vio la publicación en Facebook, y de inmediato llamó por teléfono a su mamá.

“Estaba trabajando yo en Nueva Italia cuando me entero, me dice mi hijo Israel ‘Mami, ¿ya te enteraste? ¿Por qué Daniel está reportado como desaparecido en el Facebook?’, le digo ‘no puede ser, se ha de haber quedado en alguna fiesta de alguna comunidad, por eso no ha llegado’, pero no, en realidad mi hijo estaba desaparecido y nadie me avisó”, comparte Rebeca Alfaro Madrigal.

La forma en que la familia de Daniel se enteró de su desaparición, marcó la pauta de la cruzada que ellos realizan para su localización; una imagen publicada en la página de Facebook “Todos juntos por Daniel Ramos Alfaro”, resume el sentir de sus familiares:

Imagen tomada del Facebook "Todos Juntos Por Daniel Ramos Alfaro"


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La última vez que Rebeca vio a Daniel –el menor de sus hijos-, fue el lunes 30 de septiembre. Fue muy temprano, casi amaneciendo, porque como cada lunes, el joven salía de su casa en Uruapan rumbo a Betania, en donde hacía base de lunes a viernes para trasladarse a diferentes comunidades y dar clases. El fin de semana lo pasaba en Uruapan.

Compaginaba la docencia con el estudio, pues cursaba el primer semestre de la licenciatura en pedagogía en la Universidad Vizcaya de las Américas. Tenía beca del 100 por ciento porque se la había ganado, fue una recompensa del Conafe porque desde los 17 años, cuando salió de la preparatoria, se sumó a la fila de capacitadores.

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Para el miércoles 2 de octubre, a las 4 de la tarde, Daniel ya había concluido su jornada de actividades en Betania. Lo siguiente en la agenda era trasladarse a Nuevo San Martín -un poblado de 150 habitantes- para dar clases el jueves a primera hora.

Pero horas antes de que el joven maestro emprendiera su viaje, recibió la visita de militares en la escuela de Betania, situación que fue comentada a los familiares de Daniel por los pobladores de la comunidad.

Daniel posa junto a sus alumnos de la comunidad Mata de Plátano. [Fotografía tomada de Facebook.]

De acuerdo a esta versión, los militares habrían pedido permiso al joven para pernoctar en la escuela, ya que permanecerían varios días en el pueblo.

"Y esto es lo que no entiendo, es la duda que yo como mamá tengo, que el día que desapareció mi hijo fue el mismo día que llegó el Ejército. La gente que anda mal, la de la delincuencia organizada no se pudieron haber arrimado a Betania porque había militares, aún así mi hijo desapareció frente a los ojos del Ejército".


“Mi hijo les dijo que él no es el encargado de dar permisos, que fueran con el encargado del orden (el líder de la comunidad). Entonces a los militares les dieron permiso de quedarse en la capilla y estuvieron en Betania desde ese día, el día 2 de octubre hasta el 5 de octubre”, comenta Rebeca.

La presencia de los militares en Betania, el mismo día en que Daniel desapareció, es un hecho que inquieta a sus familiares.

“Y esto es lo que no entiendo, es la duda que yo como mamá tengo, que el día que desapareció mi hijo fue el mismo día que llegó el Ejército. La gente que anda mal, la de la delincuencia organizada no se pudieron haber arrimado a Betania porque había militares, aún así mi hijo desapareció frente a los ojos del Ejército”.

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El domingo 6 de octubre, cuando los familiares de Daniel se enteraron de la desaparición, se trasladaron a Betania y comenzaron su búsqueda. Por la vía legal interpusieron denuncias de desaparición ante el Ministerio Público con sede en Morelia, también en las cabeceras de Uruapan y San Juan Nuevo Parangaricutiro.

En Betania, los pobladores le dijeron a los familiares de Daniel, que su desaparición posiblemente respondía a dos situaciones: que el joven se hubiera accidentado al desabarrancarse en un camino, o que fuera atacado por algún animal de uña, como una pantera.

A partir de estas hipótesis la familia buscó, pero sin éxito. A cuatro kilómetros Betania encontraron sus pertenencias: arriba de una barda estaba una mochila, y adentro su cartera y papeles de Conafe. “Lo único que no encontramos fue su celular”.

A la búsqueda se sumó la autoridad: policías ministeriales de Morelia, y personal de rescate con sede en Uruapan. Fue entonces cuando la familia fue limitada.

“Nos prohibieron buscar en cierta área, donde estaban las maletas de Dany, mas adelante no, solo nos permitieron buscar un kilómetro a la redonda, y aunque preguntábamos no nos daban razón de por qué no podíamos adentrarnos más y buscar”.

Pese a esta advertencia, los hermanos de Daniel avanzaron un poco más. A un kilómetro y medio de donde se encontró la mochila, ellos localizaron más pertenencias de Daniel como ropa y un jabón Asepxia.

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El siguiente paso que dio la familia de Daniel, fue buscar organizaciones civiles. Pese a que ellos en reiteradas ocasiones han escuchado de casos de desaparición y secuestros en Michoacán, encontraron que no existen grupos de la sociedad civil que pugnen por la localización y justicia de desaparecidos.

Daniel Ramos Alfaro.[Fotografía tomada de Facebook.]

“Esto es porque la gente tiene miedo”, comparte Rebeca, quien al no encontrar organizaciones civiles en Michoacán, optó por la propaganda en redes sociales y solicitar apoyo a Conafe.

“Michoacán se puso muy feo. Antes podías salir hasta tarde, a eso de las 12 de la noche ó 2 de la mañana y no pasaba nada. Ahorita a las 9 de la noche no hay gente en la calles de Uruapan”.

“He contactado a varias personas que sus hijos se han perdido pero desgraciadamente esos muchachos tienen un por qué, porque andaban en cosas que no debieron de andar, y entonces no se animan a agruparse. Yo me estoy animando porque mi hijo es un muchacho limpio, él no tenía nada que ver con drogas o con cosas así”.

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Para Rebeca, la desaparición de Daniel es uno de los impactos colaterales que viven los michoacanos por el crimen organizado.

“Michoacán se puso muy feo. Antes podías salir hasta tarde, a eso de las 12 de la noche ó 2 de la mañana y no pasaba nada. Ahorita a las 9 de la noche no hay gente en la calles de Uruapan”.

Apoyada por sus otros 4 hijos y demás familiares, Rebeca no quita el dedo del renglón, quiere a su hijo de vuelta en casa, que regrese como lo hacía cada fin de semana.