MP exige a invidente ...¡describir a un ladrón!

Tras sufrir un asalto, la mujer se dirigió a denunciar los hechos, pero fue imposible iniciar la averiguación.
El asalto ocurrió en esta sala de masajes.
El asalto ocurrió en esta sala de masajes. (Especial)

México

La masoterapista invidente María Norma Téllez fue víctima de un ladrón que, a punta de pistola le quitó mil 800 pesos e intentó abusar de ella en su local, en la estación Patriotismo de la Línea 9 del Metro.

Al intentar iniciar una averiguación previa, el agente del Ministerio Público le pidió la descripción del sujeto: “Cómo se le iba a dar si soy ciega”. La demanda penal no procedió.

Ocurrió en la agencia del Ministerio Público de Tacubaya, pero la misma respuesta recibió en la que se localiza en el interior del Metro Hidalgo. Ambos le solicitaron un testigo de los hechos.

La mujer se dirigió antes al jefe de estación, quien levantó el reporte, “pero me dijo que la policía que está en los torniquetes no es para darnos protección a nosotros”.

“El Ministerio Público de Tacubaya me pidió describir al agresor y me dijo que solo así podría presentar la demanda, le dije que sonaba ilógico, puesto que no veía, pero le recordé que ahí estaban las cámaras del Metro, pero no lo aceptó”.

No obstante que no le iba a dar inicio a la averiguación previa, le preguntó sobre el presunto intento de abuso sexual del que fue objeto, “fue un cuestionamiento vergonzoso, pues me decía: cómo sabe que la quería violar, qué le hizo, yo le dije: pues, estiró la mano y me tocó. El Ministerio Público insistía: dónde la tocó, cómo, con qué intención y cosas así, eran preguntas con una total falta de respeto, me sentí avergonzada y vulnerable”.

Norma se quedó con su agravio. “Nadie me hizo caso y sigo en busca de justicia”.

“QUERÍA UN RELAJANTE”

Los hechos ocurrieron los últimos días de enero al filo de las 18:00 horas. “El chico llegó y me pidió un relajante de espalda, cerré la puerta y se acostó, pero noté que estaba muy tenso y le dije que me iba a tardar de 30 a 40 minutos, pues tenía que hacer relajación de espalda, hombros y cuello y me respondió que no tenía tiempo, se incorporo para irse.

“De repente, me pone la pistola en la cara y me dice: “¡ya valiste, esto es un asalto!. La mujer tomó su bolso y vació lo que tenía sobre la camilla; ahí está todo, llévatelo; jaló la bolsa y tomó la cartera, pero de repente estira la mano y me agarra. ‘No cabrón, si me vas a violar me tendrás que matar’.

“Fue cuando comenzó un forcejeo, le pegué en el codo y la pistola salió volando, cayó en mi pie y la aventé debajo de la camilla; comencé a gritar, pero no hubo respuesta de nadie”. Los policías de los torniquetes estaban a escasos cinco metros.

“Le rompí la camisa y me dijo aguanta ya me voy, no hagas escándalo, pues puedo regresar y verás”. El tipo agarró su arma y salió corriendo, pero antes se enfundó una chamarra de ella, tomó su bolsa de plástico, le lanzó otra amenaza y se fue.

“No tengo elementos para asegurarlo, pero escuché que traía una bolsa de plástico que antes había dejado en una silla. Sospecho que bien puede ser un vagonero de los que andan allá abajo vendiendo su mercancía, solo ellos saben cómo está la vigilancia en el Metro”.

A la hora del asalto se realizó el cambio de guardia de los policías que cuidan los torniquetes.