Un laboratorio hecho de tabla y láminas de cartón

En el lugar donde fueron encontrados estos químicos, el olor era tan penetrante que "calaba" en la garganta y la nariz.
Utensilios que empleaban en el laboratorio de Monte Redondo.
El sitio que los habitantes utilizaban para descansar. (MILENIO)

Cuerámaro, Gto.

A unos 300 metros de distancia del narcolaboratorio ubicado en Monte Redondo, el olor a químico es fuerte, 'cala' en la garganta y la nariz. Adentro, el olor se impregna fácilmente, por eso el Ejército Mexicano recomienda no tocar nada, porque las sustancias químicas pueden afectar al organismo.

El olor pega fuerte, pese a que el laboratorio no está funcionando, "por eso eligen estos lugares, en lo alto de los cerros, en lugares lejanos porque el olor es insoportable cuando están funcionando y ahorita que baja la temperatura el olor aumenta más", explicó un militar.

En el mismo sitio donde fue asegurado este laboratorio, a sólo unos 800 metros de distancia se encuentra una choza. Un lugar improvisado con láminas y con luz eléctrica justo una área que no existe ese servicio.

Adentro de la choza un lugar de 10 por 7 metros de ancho aproximadamente, se pueden ver ocho colchones en el piso, por eso el Ejército Mexicano estima que ahí trabajaban entre 10 y 12 personas, principalmente hombres.

Los colchones están entre basura, cobijas, utensilios de cocina, además de garrafones de agua para tomar solos y uno a la mitad.

Y en lo alto ropa extendida en dos lazos que fueron colgados, un pantalón deportivo y tres toallas de diferentes medidas.

A menos de un metro de distancia, otro lugar funge como cocina. Todo es cocinado en el piso. Hay cajas de madera que servían quizá como silla o al mismo tiempo de mesa o para poner cosas.

Un caldo se dejó recién hechos, además de cazuelas con frijoles y arroz. Entre el tumulto de cosas se pueden ver cajas de galletas saladas y cereal, además de una caja de whisky Buchanna's.

Huevos, tortillas, zanahorias en buen estado están entre la basura. Al igual que bolsas grandes de azúcar y costales de frijol que utilizaban para alimentarse las personas que habitaban y trabajan ahí antes de que elementos del Octavo Regimiento Blindado de Reconocimiento, perteneciente a la XVI Zona Militar, aseguraran el lugar.

Con 6 tablas se improvisó una 'estantería' que se colgó de una lámina, ahí hay latas de salsa, leche, sal, café, harina, lechera y sopas. De otro lado se puede ver otra más donde se pueden ver 10 vasos, platos y hasta dos cepillos de dientes y una pasta dental.

A fuera de la choza en un tendedero cuelga ropa de hombre y en el piso se puede ver madera que se usó en una fogata. En un muro de rocas hay una letrina que sólo se cubre con bolsas negras.

Ese es el lugar donde se calcula que estuvo operando un narcolaboratorio los últimos dos años y que hoy , según las autoridades, es el mayor aseguramiento hecho en Guanajuato.