“'El Jona' se iba a casar al salir”

Familiares y amigos de Ismael Galván manifestaron su frustración, al revelar que el joven estaba a unos días de quedar libre.
Conoció a su novia en el penal.
Conoció a su novia en el penal. (Especial)

Jonathan Francisco Becerril Piña tenía dos años en el penal de Topo Chico. Antes estuvo recluido en la cárcel de Apodaca, donde le tocó vivir de cerca la masacre de 44 reos en febrero de 2012.

En esa ocasión sus familiares vivieron en la incertidumbre, hasta que él mismo se comunicó con ellos y les dijo que estaba bien.

El jueves, luego de enterarse del motín en Topo Chico, esperaban también una buena noticia. Sin embargo, por la mañana las autoridades les informaron que el joven de 30 años era una de las 49 víctimas mortales.

Becerril Piña habitaba en el sector de San Rafael. Una de sus hermanas, quien pidió el anonimato, explicó que Jonathan había alcanzado la libertad bajo caución, pero como dejó de ir a firmar semanalmente, las autoridades ordenaron su reingreso a la cárcel.

Todos los días se comunicaba con la familia, a quienes les hizo saber que en Topo Chico conoció a una joven, de quien se hizo su novio. Su relación era seria y tenían planes de casarse en cuanto ambos recuperaran la libertad.

Sin embargo, El Jona, como le decían, ya no volvería a salir con vida de la prisión.

Su cuerpo fue velado en una funeraria municipal de Guadalupe, y hoy lo sepultarán en la misma localidad.

De esa alcaldía era originario Ismael Jaír Galván Cabriales, otro de los fallecidos durante la riña del jueves en el penal.

A decir de sus familiares, Ismael estaba a solo unos días de recuperar su libertad.

El joven de 23 años, habitante de la colonia Paraíso, enfrentaba cargos por delitos contra la salud, pero aparentemente no había pruebas contundentes en su contra.

Angélica López, una de sus primas, quien fue entrevistada durante los funerales, señaló que él se había separado de su esposa y dejó en el desamparo a una niña.

Galván Cabriales fue velado en las capillas Del Pueblo, en la avenida Pablo Livas.

Otros de sus parientes reprocharon que no se les haya permitido ver el cuerpo, argumentando que fue a causa de las condiciones en que quedaron las víctimas.

"Pues que no nos han querido enseñar el cuerpo. Queremos realmente saber si él está... completo", aseveró Angélica.

Los deudos pidieron al gobierno estatal, sobre todo a la procuraduría, que realice una investigación a fondo y transparente, a fin de castigar a los responsables de la masacre.

"Que den con los que realmente tuvieron la culpa y con los que tienen que ver en esto, porque hubo mucha saña. Queremos que se le haga justicia a mi primo", reiteró.

Quienes conocieron a Galván Cabriales dicen tener un fuerte sentimiento de impotencia y frustración, pues sabían que pronto quedaría libre.

"Él tenía fecha para salir a finales de este mes o a principios de marzo, ya para darle su libertad. Estaba muy ilusionado por reunirse con su hija, porque dejó una niña", concluyó la joven.

Ismael Jaír enfrentaba cargos por delitos contra la salud y, según sus familiares, no había pruebas suficientes para condenarlo.

Óscar Alberto Quintanilla Olvera, otro de los muertos, fue velado en funerales Del Pueblo, de la avenida Pablo Livas.

Sus familiares se limitaron a decir que esperan una actuación justa y legal de las autoridades.