Frontera con Michoacán era tierra de nadie

La presencia de policías estatales y del Ejército ha inhibido a los grupos de la delincuencia organizada que lograron adentrarse por el abandono de las autoridades.

Jilotlán de los Dolores

El Atravesaño es una comunidad que se localiza en Jilotlán de los Dolores y en donde viven sólo diez familias dedicadas a la ganadería y la siembra del maíz que durante meses fueron presas de las extorsiones de los Caballeros Templarios, quienes les exigían un peso por cada kilo que pesara un animal que vendían o por  kilo de maíz que lograban comercializar.

Este pequeño poblado está separado de Michoacán sólo por un cerro y si bien sólo son ocho kilómetros de distancia, la situación es diferente a la de los vecinos, pues sus habitantes se sienten mucho más seguros en Jalisco.

María es una mujer que no quiso dar su verdadero nombre por temor a sufrir una represalia, conoce bien y de cerca la experiencia de un levantón, siete horas en manos de un grupo de sujetos armados que la cuestionaban por unos conocidos y la desaparición forzada de su marido desde diciembre fueron las razones por las que decidió dejar Los Reyes, Michoacán, para mudarse a El Atravesaño, del lado de Jalisco.

“Aquí está más protegido, pues hay más seguridad, allá en Los Reyes [Michoacán], lo que sea, federal, militar, lo que halla, todo está coludido, está en manos de esa gente […] Nada más llegan a tu casa y te levantan”, explicó en medio del calor de la “tierra caliente”.

La mujer platicó por unos minutos con el fiscal general del estado, Luis Carlos Nájera, quien regresó a la zona para supervisar la vigilancia; después lo hizo con el comisionado de seguridad, Alejandro Solorio Aréchiga, que tomaba el reporte de los elementos de la Fiscalía General del Estado que están apostados en la frontera para impedir el paso de los grupos delincuenciales a Jalisco.

En Petacala hasta hace unos meses vivían 20 familias, sin embargo, diez de ellas decidieron marcharse porque las brechas del poblado eran el camino de entrada de los Caballeros Templarios a Jalisco y los tiroteos eran frecuentes. Ahora sólo quedan algunos vecinos que están acompañados de policías estatales, quienes montaron un campamento de vigilancia.

Lo que antes era una tienda de abarrotes se convirtió en el sitio en donde pernoctan los oficiales. Las casas de campaña están acomodadas una tras otra y en un rincón quedaron los restos de una improvisada cocina en donde son preparados los alimentos de los policías.

La presencia de las autoridades estatales fue bien recibida por los pocos habitantes que quedan, no había indicios de temor o desconfianza, incluso hubo quienes se acercaron al Fiscal para que fuera éste quien les tomara una foto del recuerdo en el helicóptero de la Fuerza Única Jalisco.

“Es muy importante y que poco a poco, con la presencia de la policía estatal y del Ejército Mexicano, pues las cosas están volviendo a la normalidad. Es lo que tenemos que hacer nosotros como autoridad, el gobernador giró instrucciones ya, que no sea únicamente una acción de policías, que sea una acción social y esto en un corto plazo va a haber cambios positivos”, explicó Nájera.

En La Loma la crítica de los habitantes fue dura hacia las autoridades municipales a quienes señalaron de haberlos abandonado, razón por la que decidieron conformar una guardia comunal que estuvo armada sólo un mes, “mientras estuvimos solos, en un momento sí estuvimos armados, como un mes […] El presidente municipal no ha venido a vernos desde que empezó el movimiento aquí, desde finales de septiembre hasta hoy [ayer], no se ha parado por aquí”, narró Iván Tinajero, representante de la guardia, quien agregó que “la buena noticia que nos trajo el fiscal es que nos van a mandar policías aquí para que cuiden”.