En desapariciones, reaccionamos ‘al minuto’: fiscal de Morelos

La causa principal no es el crimen organizado, sino que la gente se va de su casa, explica.

Cuernavaca

El fiscal general de Morelos, Javier Pérez Durón, rechazó que exista una crisis o alerta roja de desapariciones en la entidad, al tiempo que afirmó que se han mejorado los protocolos para dar una pronta respuesta a los familiares de las víctimas.

En entrevista con MILENIO, aseveró que “al minuto” que reciben el reporte de una persona no localizada se giran los oficios pertinentes, a la par de una búsqueda física de la agencia especial.

“Cuando desaparece una persona comenzamos a girar oficios a las fiscalías de otros estados; en el caso de un menor es lo mismo, solo que se activa la alerta Amber.

“Antes este proceso demoraba unas 48 horas para considerarlo desaparecido. Con nosotros (en el gobierno de Graco Ramírez), cuando desparece una persona no esperamos un minuto más, un minuto menos. Se levanta la carpeta de investigación y trabajamos para localizarlo”, dijo.

Informó que la fiscalía tiene una efectividad de localización de desaparecidos de entre 80 y 90 por ciento, además de que destacó la creación de subfiscalías para la atención particular de casos.

Pérez Durón negó que existan personas no localizadas a causa del crimen organizado, toda vez que “estos grupos no operan en Morelos”, e indicó que la mayor parte de los casos son personas que se van de casa.

Sobre la fosa de Tetelcingo, rechazó que sea clandestina y negó que el gobierno estatal tenga otro espacio dentro de la demarcación donde deposite cuerpos.

Informó que será en los próximos días cuando junto con personal de la PGR y CNDH inicien la exhumación de los 116 cadáveres enterrados ahí.

“Todos los cuerpos que se encuentran dentro de esta fosa están relacionados con una carpeta de investigación, tenemos la relación de esa carpeta, están plenamente identificados. Y se hará una toma de muestra para correrlo a nivel nacional y si existe alguna coincidencia con alguna persona desaparecida, hacerles la entrega del cuerpo”, explicó.

HASTA EN TAXIS

Las historias de desaparecidos suenan en los medios de comunicación tradicionales, en las redes sociales, en tertulias y hasta en los recorridos de taxi: cada morelense sabe que con este ilícito los perjudicados cambian de nombre y apellido. El desenlace varía según el grado de malicia de los actores materiales de los crímenes.

Los familiares de las víctimas desconfían de las autoridades locales, al acusar que no existe un trabajo de investigación, con tal de “dar carpetazo”.

La tragedia tocó a la puerta de la familia Hernández Torres en 2012, cuando una llamada telefónica les cambió la vida: “Tenemos secuestrado a tu papá, cabrón. Y si no me das dos millones de pesos y las joyas de tus hermanas, nos lo chingamos”.

En plena Semana Santa los hijos y la esposa de don Elías recurrieron hasta oraciones para que éste fuese entregado con vida, pues al acudir al Ministerio Público del estado solo les dijeron: “No denuncie, es más peligroso para ustedes”.

Al final, tras una semana de angustia les fue devuelto.

Meses después, el 24 de julio de 2012, el hijo mayor, Israel, fue interceptado por varios hombres que iban a bordo de una camioneta.

El modus operandi de los captores fue el mismo: exigieron 2 millones de pesos a cambio de la libertad de Israel. Sin embargo, esta vez las cosas cambiaron y una vez que entregaron el dinero… no volvió.

Edith, hermana de Israel, dice que ya ni siquiera esperan encontrarlo con vida: “Solo le pido al gobierno que nos ayude a encontrar el cuerpo de mi hermano. Que nos apoyen para hacer una brigada de búsqueda, como en Iguala, y encontrar sus restos”.

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Oliver Rodríguez es otro de los cientos de casos que han ocurrido en la entidad. Fue visto por última vez el 24 de mayo de 2013; estuvo desaparecido 11 días, hasta que el 3 de junio su cadáver fue encontrado en una de las barrancas de la zona conurbada de Cuautla.

Los fiscales Liliana Guevara Monroy y Rodrigo Dorantes pidieron a la madre de Oliver, María Hernández, les prestara el cuerpo para integrar una averiguación y “judicializar la carpeta” a fin de dar con los responsables, proceso que duró varios meses, al grado de perder el cadáver: le dieron sepultura 31 meses después.

María cuenta que los primeros meses fueron un calvario con las autoridades: asistían dos o tres veces por semana, las esperas eran largas y las respuestas cortas: “Regrese después”.

Por ello, decidió contratar un investigador privado, quien no solo se encargó de conocer los pormenores del asesinato de su hijo, sino también que el cuerpo estaba en el Servicio Médico Forense en calidad de “desconocido”.

“El 5 de diciembre 2014 supimos que ya que se lo habían llevado a Tetelcingo”, detalla.

Tras muchas visitas a diversas organizaciones y un amparo federal, las autoridades estatales consintieron la apertura de la fosa y el horror se volvió a asomar.

“Cuando salió el brazo de la máquina con la tierra nos horrorizamos por la gran cantidad de cuerpos que se hallaban en bolsas”.

De entre los muertos sacó a Oliver y corrió con él a casa. “Nos fueron a buscar para entregarlo, pero nosotros nos negamos y los amenazamos de que si entraban habría más muertos. Al paso de unas horas nos dejaron en paz, pudimos verlo y enterrarlo más de dos años después”, comenta.

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Ángel Muñoz llegó a Cuernavaca tras un exitoso paso por la policía de Los Ángeles, que le permitió avanzar en la corporación estatal y elaborar un proyecto de fuerzas de seguridad de élite.

Junto con el ex militar Jesús Jaimes Plata hablaron con varios funcionarios para llevar a cabo el plan y revertir los índices de violencia que aquejaban a la entidad.

El 16 de febrero de 2010 ambos desaparecieron y con ello la confianza de sus familias en las instituciones que tanto defendieron.

El distanciamiento de las autoridades orilló a Lorena, hermana de Ángel, a juntarse con 30 familias más para formar el Frente de Víctimas del Estado de Morelos, donde se apoyan no solo moralmente, sino que trazan estrategias para no sufrir una doble victimización.

Jaqueline Montoya, esposa de Jaimes Plata, sufrió la desaparición de su marido cuando al mismo tiempo dio a luz su primera hija.

A seis años no solo le preocupa la respuesta del paradero de su esposo, sino también explicarle a su hija dónde está su papá.