Guerrero: 'narco', guerrilla y bandas, en 62 municipios

Es el único estado en el que cohabita una decena de grupos criminales, sus pandillas satélite y gavilleros; 'Los Rojos', 'La Familia', Guerreros Unidos y los Beltrán Leyva se disputan la plaza.
La presencia del Ejército Popular Revolucionario (EPR), Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y Fuerzas Armadas Revolucionarias-Liberación del Pueblo (FAR-LP) fue confirmada en otros 25 municipios, desde la costa hasta el centro y La Montaña.
La presencia del Ejército Popular Revolucionario (EPR), el ERPI y Fuerzas Armadas Revolucionarias-Liberación del Pueblo (FAR-LP) fue confirmada en 25 municipios de Guerrero. (Cuartoscuro)

Guerrero

Guerrero se balcanizó y parece un mosaico de organizaciones criminales. Esa es la conclusión a la que han llegado agencias de inteligencia del gobierno federal, que han logrado detectar la presencia de células de cárteles del narcotráfico en 62 de los 81 municipios del estado, equivalentes a 76 por ciento de la entidad. Solo 19 municipios están libres de presencia criminal.

La infiltración de la delincuencia organizada se extiende a las principales ciudades guerrerenses y a sus más pequeñas comunidades, en las que pulula una mezcla tóxica de seis grandes agrupaciones del narco, bandas locales y tres movimientos guerrilleros.

Una serie de informes geodelincuenciales producidos por órganos de inteligencia del gobierno federal a raíz de la desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa —obtenidos por MILENIO— dan detalles sobre la complicada realidad del estado en materia de presencia criminal e insurgente.

Hoy, ocho de cada 10 guerrerenses viven en una zona con presencia del narco ya sea en su variante organizada o pandilleril. No solo eso: a su problemática como una entidad en la que se produce amapola y mariguana, Guerrero añade ahora la distinción de ser el único estado en el que cohabita una decena de grupos criminales, sus pandillas satélite y guerrilleros de forma simultánea.

Cual radiografía de una metástasis, los informes detallan la forma en que municipio por municipio Guerrero terminó por dividirse en “áreas de influencia” de los capos de la droga y la guerrilla, como si se tratase de un pastel o un mapa de la Europa feudal, con múltiples soberanías que coexisten en un espacio reducido.

Por ejemplo, al norte domina el cártel de La Familia, en el centro Guerreros Unidos y al sur los Beltrán Leyva. Son solo algunos de los cárteles que han decidido competir por un pedazo del estado, hay varias subdivisiones de éstos —pandillas semiindependientes, pero con vínculos con las organizaciones grandes— que también están presentes. Grupos insurgentes, en tanto, son fuertes en la Costa Grande y la Montaña.

Los informes obtenidos también establecen los puntos en los que se está llevando a cabo una guerra territorial entre los cárteles. En muchas ocasiones, las fronteras de sus imperios criminales se traslapan en “zonas de disputa”. Es decir, ciudades y municipios en los que las organizaciones batallan unas con otras por el control del territorio, sin importar el costo a la población civil.

La radiografía criminal cuenta con datos actualizados hasta octubre pasado y fue elaborada con informes de campo recopilados por agentes de inteligencia adscritos a distintos puntos de Guerrero, con miras a dar al gobierno una idea del grado de la crisis a la que se enfrenta en la entidad. La respuesta es grave.

A mayor detalle, los agentes detectaron la presencia de seis grandes carteles en territorio guerrerense. El de mayor poder y extensión es el de los Beltrán Leyva, que mantiene control de actividades criminales en 26 municipios, entre los que destacan Atoyac, Coyuca de Benitez, Acapulco, Chilpancingo y Tixtla.

Le sigue Guerreros Unidos, con nueve municipios incluidos grandes centros poblacionales y turísticos como Zihuatanejo, Taxco e Iguala. Es en esta última localidad, donde integrantes de esa organización criminal reprimieron y desaparecieron a estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos el 26 y 27 de septiembre.

La Familia michoacana tiene actividades ilegales en otras nueve municipalidades. Se trata de Arcelia, Teloloapan y Cuetzala del Progreso, entre otras. Sometidos a presión federal desde hace ya casi un año, Los caballeros templarios controlan únicamente operaciones en dos municipios limítrofes con Michoacán: Zirándaro y Cutzamala del Pinzón.

El cártel Jalisco Nueva Generación ha sido ubicado en Petatlán, municipio de la Costa Grande, mientras que grupos locales, como Los Rojos, Ardillos, Los Granados, La Barredora y Tequileros, además de un largo etcétera, controlan operaciones ilícitas en otros 15 municipios.

Si bien en la Costa Chica y la Montaña baja no hay presencia del crimen organizado, se han detectado pandillas pequeñas que delinquen en toda esa zona, principalmente en cobro de cuotas, secuestros y extorsiones.

Los mapas dejan claro que solo 19 municipalidades están libres de presencia criminal organizada. Es el caso de Picaya, Buenavista, Xochistlahuaca, Azoyú y Marquelia, por mencionar algunos.

ENCRUCIJADAS VIOLENTAS

La cohabitación de estas organizaciones en varios municipios ha derivado en violencia, de la que la desaparición de los 43 normalistas es uno de los ejemplos más recientes. Las agencias de inteligencia que elaboraron los mapas detectaron que varias ciudades están bajo disputa por dos, tres y a veces hasta cuatro organizaciones, lo que ha disparado el número de homicidios, desapariciones y secuestros en esas zonas.

Por ejemplo, el control de los municipios de Taxco, Heliodoro Castillo, Huitzuco, Eduardo Neri y Chilpancingo, entre otros, ha desatado una lucha entre Guerreros Unidos, Los Rojos y La Familia michoacana, mientras que en San Miguel Totolapan hay una pelea entre Guerreros Unidos, Los Rojos y el cártel de los Beltrán Leyva.  Cocula, municipio a donde se presume fueron llevados los normalistas, está en disputa entre Los templarios, Guerreros Unidos y La Familia michoacana.

Los templarios y Fuerza guerrerense, una subdivisión de Guerreros Unidos, están enfrascados en una pelea por Coahuayutla, La Unión y José Azueta. En muchos de estos municipios las tasas de homicidio son de las más elevadas, de acuerdo con datos del Secretariado Nacional de Seguridad Pública.

Dos muestras: en 2011 Coahuayautla registró una tasa de 161.23 homicidios por cada mil habitantes. Si fuera un país independiente, sería la tasa más alta del mundo, solo por debajo de San Pedro Sula, en Honduras. San Miguel Totolapan, otra municipalidad en disputa, tiene una tasa de 92.83 asesinatos por cada 100 mil.

A este panorama se suma la presencia del Ejército Popular Revolucionario (EPR), Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI) y Fuerzas Armadas Revolucionarias-Liberación del Pueblo (FAR-LP) que fue confirmada en otros 25 municipios, desde la costa hasta el centro y La Montaña.

El EPR y el ERPI son los grupos guerrilleros más extendidos y en muchos casos coinciden en varios municipios, como Ayutla, Azoyú, Coyuca de Benitez, San Luis Acatlán y Tlacoachistlahuaca. El FAR-LP solo tiene presencia en Florencio Villarreal y Cuautepec.



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