Empieza a desvanecerse la pesadilla de Ciudad Juárez…

Familias despliegan lonas y hacen picnics. Algunas tienden casas de campaña y prenden fogatas por las noches. Eso, hace unos cuantos meses, resultaba impensable, era una osadía
Los juarenses aprovechan las dunas para montar a caballo y hacer deportes extremos.
Los juarenses aprovechan las dunas para montar a caballo y hacer deportes extremos. (Jesús Quintanar)

Chihuahua

Son estampas de Ciudad Juárez. Estampas de ayer, estampas de hoy. Son escenas, tomas que ilustran dolores y tragedias, pero también esperanzas, ilusiones…

Toma 1. El viento es lo único que se oye. Viento que se vuelve helado en cuanto llovizna. Viento abrasador en cuanto el sol llega a su cenit. Hace no mucho tiempo, aterrorizados, los juarenses tenían que venir a esta zona desértica de médanos, a esta zona del desierto de Samalayuca, a 50 kilómetros al sur de Ciudad Juárez, para buscar y recoger a sus levantados, a sus desaparecidos, a sus ejecutados, a sus muertos. Ahora, ese silencio fúnebre de pronto cambia por estruendos y risas: los juarenses vienen a estas dunas a hacer deportes extremos. La pesadilla de la violencia parece que empieza a desvanecerse…

Además de intentar surfear en las dunas, de hacer sandboarding, de deslizarse en tablas de madera por las crestas de arena, se trepan en motos y cuatrimotos en las cuales suben y bajan por los montículos areniscos. Las familias despliegan lonas y hacen picnics. Algunos tienden casas de campaña y prenden fogatas por las noches y ahí pernoctan. Eso, hace unos cuantos meses, resultaba impensable, era una osadía, una actitud temeraria.Ahora llevan hasta a sus caballos a pasear. Y claro, hay otros juarenses, los más jóvenes, que prefieren la soledad de las dunas más aisladas para divertirse con sus novias luego de travesías en jeeps. Ahí se van, caminando por las zonas remotas, hasta donde nadie los mira ya…

Toma 2. Silencio. Más silencio. Cruces rosas yacen ahí. Tienen nombres y más nombres. Son cruces rosas de las muertas de Juárez. En un antiguo campo algodonero fue erigido el año pasado un memorial por las muertas de Juárez. No se sabe cuántas fueron. Nunca hubo acuerdo al respecto. Decenas, cientos, miles, según las fuente de información. Pero ahí, en el memorial, hay decenas de nombres grabados en placas negras incrustadas en muros. Laura Berenice. Esmeralda. María de los Ángeles. Mayra Juliana. Perla Ivonne. Verónica. María Rocina… Y el peor de los cincelados en esos rectángulos de mármol negro: “No identificada”. La más grande de las cruces rosas, una monumental, edificada a las afueras de Ciudad Juárez, en la punta de un cerro, exige justicia: “¡Ni una más!”, se lee en su intersección.

Toma 3. Lomas de Poleo, una de las colonias más marginadas de los suburbios de Ciudad Juárez. Casas de cartón a unos cuantos metros de las alambradas que dividen los territorios de México y Estados Unidos, de Juárez y El Paso. Éste es otro de los sitios donde venían a tirar a las llamadas mujeres de Juárez, decenas y cientos de mujeres que perecieron durante más de una década a manos de la delincuencia organizada. Pesadilla que parece diluirse, pero que permanece en las cruces rosas clavadas en la tierra para que nadie olvide el oprobio. Llueve a cántaros y se enloda la tierra de esta zona semidesértica. Ahí, entre los arbustos y espinas, los cadáveres de las niñas, adolescentes y mujeres vejadas eran aventados.

Toma 4. Pero, ¿qué es lo que pasa que los juarenses empiezan a disfrutar su urbe? Que la violencia se reduce, según las cifras del gobierno estatal y de las organizaciones de la sociedad civil: la Fiscalía General del Estado de Chihuahua reporta una baja de 70 por ciento en los homicidios dolosos ocurridos en Ciudad Juárez.

Entre 2007 y 2011 hubo más de 9 mil asesinatos. El de 2010 fue el peor año, con 3 mil 116 homicidios. En 2011 éstos descendieron a 2 mil 86 y en 2012 bajaron hasta 705. Este año siguen disminuyendo: hubo 260 asesinatos en los primeros siete meses del año, según cifras recabadas por el Observatorio Ciudadano de Prevención, Seguridad y Justicia de Chihuahua, con base a datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Cientos de negocios —restaurantes, clubes nocturnos y tiendas de comestibles— han vuelto a abrir en la ciudad, de acuerdo al presidente municipal Héctor Murguía.

Según reporta la prensa local, en las peores épocas de Juárez se procesaban, al día, alrededor de 20 o 25 escenas del crimen. Hoy, a la semana se procesan tres o cuatro, de acuerdo a la Unidad de Análisis Criminal del Laboratorio Forense.

Sin embargo, la guerra no ha concluido: esta urbe reporta una tasa de 32 homicidios por cada 100 mil habitantes, todavía por encima de la media nacional, que es de 22.

Toma 5. Los juarenses recuerdan los malos momentos, pero también celebran su nueva realidad más pacífica. Una palomilla de chavos se interna en su Jeep en las dunas. Llevan dos noches durmiendo ahí con sus amigas. Andan festivos, todo lo ven con optimismo. Uno de ellos, Jesús Leonel, de 18 años, charla ante la cámara…

—La gente no venía antes a Samalayuca, ¿no?

—No, no venía por la inseguridad y porque aventaban aquí los cuerpos y asaltaban a las personas…

—Ya está chido aquí…

—Sí, ya está chido…

—¿Contentos con la paz de Ciudad Juárez?

—Sí, estamos muy contentos, ve todas las actividades que viene a hacer la gente acá…

Una dama que pasea con su esposo en sus caballos por las dunas está radiante…

—Luego de tanto sufrimiento ya pueden gozar al fin… —se le comenta.

—Sí, ya ahorita está muy tranquilo, muy padre Juárez, ¡vengan a visitar Ciudad Juárez!… —sonríe a la cámara e invita a la gente a venir.

Un taxista sintetiza a su manera lo que ocurre aquí:

“Las mujeres que hoy amanecen muertas ya son como hombres, solo es porque andaban en el bisne, en drogas. La verdad es que ahora cada vez hay más trabajo, hay 100 por ciento de jalecillo, las maquilas que se habían ido ya regresaron. Turismo no tanto, hay poquito, porque todavía los papás de los gringuitos que bajaban a pistear todavía no los dejan, pero ahí la llevamos”.

Aunque claro, todavía hay resabios del pasado reciente: el sábado se tuvo que realizar una nueva marcha contra la violencia hacia las mujeres. Se manifestaron hombres, mujeres, prostitutas, y familias. Algunas mujeres izaban pancartas elocuentes: “Con minifalda o pantalón, ¡respétame cabrón!”.

Estampas de ayer y hoy de Ciudad Juárez…