Goyo, el sacerdote con chaleco antibalas

Gregorio López, mejor conocido como el padre Goyo, puso a Apatzingán en la mira cuando salió a oficiar misa con un chaleco antibalas y confrontó al alcalde por la ola de violencia en el municipio.
El padre Goyo descartó entablar un diálogo con el presidente municipal.
El padre Goyo descartó entablar un diálogo con el presidente municipal. (Daniel Cruz/Archivo)

Ciudad de México

Un domingo a principios de año, Gregorio “Goyo” López se puso un chaleco antibalas. Abajo se asomaban el alzacuellos y la sotana.

Así ofició la misa en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Apatzingán.

En su comunidad se tenía reporte de unas 300 personas desaparecidas, viudas, huérfanos. La gente tenía miedo. La delincuencia no paraba. El chaleco antibalas, dice el padre Goyo, era una forma de llamar la atención en su petición de acabar con Los Templarios.

El 9 de febrero los grupos de autodefensa tomaron la cabecera municipal de Apatzingán.

Ese día el padre Gregorio ofició una misa en punto de las 6 de la tarde para dar la bienvenida a los civiles armados.

Para cuando entraron las autodefensas a Apatzingán, Goyo ya se había ganado un pleito con el alcalde Uriel Chávez. El padre aseguraba que el presidente municipal mantenía relaciones estrechas con Los Templarios.

Chávez Mendoza llamó al sacerdote “viejo mentiroso” y lo retó para que le hiciera las acusaciones de frente.

El religioso decía que un sobrino del alcalde es templario, que el político tenía una lista negra de los habitantes del pueblo y que Los Templarios lo ayudaban a intimidar a sus enemigos. Pero cuando el alcalde o los medios le pedían pruebas, Goyo sólo respondía que era lo que la gente decía.

Alegre, servicial, dicharachero y con la lengua un poco suelta, Gregorio López se dice inspirado por la figura del papa Juan Pablo II, y afirma que decidió entregar su vida a Jesucristo para de esa forma poder ayudar a la comunidad.

Hijo de padres agricultores, el Padre Goyo se define a sí mismo como un hombre trabajador, humilde y crecido en un rancho. “Mi vida fue una vida normal, bonita, de rancho, desde niño trabajando, con una mentalidad de productividad, el dinero se gana no se recibe, se gana”.

“Desde niño para mí fue clave un hombre que se llamaba Karol Wojtyla, Juan Pablo II, yo al verlo a él como predicaba con coraje y con autoridad y con ese amor a Cristo, yo me fui enamorando de Cristo, él me fue invitando a hacer lo mismo, salir con coraje pero también con mucha cercanía a los pobres. Juan Pablo Segundo se acercó a los indígenas, se metió a las cárceles y eso me  gustó de él, me cautivó”.

“Yo hice la tesis sobre Carlos Marx y su manifiesto comunista y de El Capital aprendí que el usufructo o la ganancia es mediante la transformación de la materia prima, y ahí está el usufructo, ahí está la ganancia, ahí está el plus que debemos sacarle a la economía, el hombre debe hacer trabajar al dinero, no el dinero al hombre, el esclavo debe ser el dinero y no al revés.”

De acuerdo con él, estas teorías le han ayudado a impulsar en las comunidades el trabajo cooperativo, con los cuales ha generado muchos proyectos que han beneficiado a  la gente como son las queseras que ha implementado en ranchos, la entrega de tractores, la inauguración de una planta purificadora con 10 viudas, entre otros más.

Con 19 años de sacerdocio en diferentes municipios de Michoacán, llegó hace tres a la diócesis de Apatzingán donde, según él, la gente vivía bajo las constantes amenazas de Los Templarios.

Dice que al ver esto comenzó a apoyar a la comunidad impulsando proyectos como llanteras para que trabajaran los hombres sin empleo en el pueblo, talleres de corte y confección y cursos de estilismo para las mujeres.

Sus amigos y la gente que ha trabajado con él tienen una idea común: es un hombre alegre con ganas de ayudar al pueblo.

Javier Cortes, vocero de la diócesis de Apatzingán y quien ha trabajado de cerca con el párroco, afirma que la relación del padre Goyo con las policías comunitarias no es con ninguna mala intención.

“Nosotros podemos no estar de acuerdo con lo que el padre haga, con cómo lo haga, pero sabemos que su actuar siempre es impulsado con el fin de generar un bien en la población”.

“El padre Goyito siempre está de buenas, es raro verlo molesto con nosotros, sí hace sus corajes con las injusticias que pasan en el pueblo pero siempre es muy amable con nosotros”, comenta Lupita, una de las mujeres que atiende la oficina de la iglesia donde el sacerdote imparte misa.

Hace 19 años, cuando se ordenó como sacerdote, Gregorio López decidió hacer de su frase de consagración el versículo Juan 15:13 “No hay amor tan grande que dar la vida por los amigos”.

Según el padre eso es lo que hace él. “Cristo no fue pura boca, lo cumplió y yo no hago más que lo que hizo el maestro, dar la vida por los amigos, por los que están sufriendo, nada más”.

Por eso es que dice tiene severas diferencias con el alcalde de Apatzingán, ya que, señala, él no fue capaz de detener la ola de violencia en el municipio.

“Él no hizo nada, no movió un dedo, no grióo, no salió a la calle, yo en su lugar hubiera hecho una marcha, hubiera agarrado un rifle, simbólicamente me hubiera puesto una gorra como lo hacía Felipe Calderón, me subo a una patrulla, hago la finta, le hago al tarugo pero ni siquiera.

“Eso significa que él no tiene ninguna autoridad, o estaba de parte de los templarios o es un pendejo, un cero a la izquierda”, aseveró.

Además de sus estudios en Europa, Goyo hizo una licenciatura en Antropología teológica y ahora pretende regresar a las aulas para hacer un doctorado.  

Para la iglesia michoacana el actuar del padre Goyo no ha sido el mejor y el arzobispo de Morelia, Alberto Suárez, afirmó que le han hecho varias recomendaciones para que actúe y reflexione de manera sensata.

Incluso dijo que, de la actitud y comportamiento del sacerdote, dependerá su permanencia en el cargo.

Después de estos señalamientos, el padre Goyo afirmó que tomará un descanso e irá a Europa a editar su libro “La esperanza desde la desesperanza”, el cual espera sea un best seller.

Gregorio afirma que no es un sacerdote armado, y que tampoco es parte de las autodefensas, sino que utiliza a estos grupos para erradicar “la plaga que es peor que un huracán” de Los Caballeros Templarios.

“Nuestro movimiento no es guerrillero, es humanitario, y no es comunitario. Yo he utilizado a los comunitarios para sacar a los templarios de esta ciudad, pero nosotros no vamos a ir a la avanzada, nosotros queremos quedarnos en la comunidad, trabajar para lo comunidad para formar gente”.

El padre Goyo afirma que él está haciendo lo que el actual papa Francisco ha pedido, “dejar de ser un pastor con olor a incienso y ser uno con olor a oveja, yo me estoy acercando a mi rebaño”.