Cuautitlán Izcalli, convertido en “zona de guerra”

Al igual que Ecatepec, Chalco y Chimalhuacán, células del narcotráfico se disputan la plaza.
En lo que va del año, suman casi 40 asesinatos.
En lo que va del año, suman casi 40 asesinatos. (Archivo)

Toluca

El incremento de homicidios en la zona norte del Estado de México, como el caso de Cuautitlán Izcalli, resta al capital social la confianza de las personas para invertir en sus propias comunidades, es un factor en contra de la inversión y la productividad, aunque lo peor es mantener la incertidumbre sobre la fórmula para acabar con esta violencia, pues las estrategias de seguridad datan de 2008 y siguen en vías de ser funcionales, dijo Paul Valdés Cervantes del Observatorio Ciudadano.

Refirió que esa zona presenta las mismas condiciones que lugares como Ecatepec y Chalco o Chimalhuacán, en donde las células del narcotráfico se disputan la plaza y se convierte en una "zona de guerra" entre los grupos, como en ciudades al norte del país.

"Para la población es una percepción grave de la inseguridad y deja de consumir en sitios públicos, salir por la noche o realizar actividades que antes eran normales. El verdadero problema es que no mejorará a corto plazo si no aplican medidas a mediano y largo término. De modo que se desconoce la fórmula para acabar con esta serie de crímenes".

Reiteró que el esquema más certero será reestablecer el tejido social, aunque eso lleva mucho más tiempo que cualquier otro plan, pero es imprescindible que la población recupere la confianza para hacer sus actividades sin tener miedo, porque este sentimiento paraliza e inmoviliza a la sociedad.

"Nos nos permite salir, ni invertir, no nos deja crecer como sociedad, ni nos permite dejar a nuestros niños salir. Convirtiéndose en el peor de los mundos para los habitantes de una localidad que buscan bienestar, crecimiento y desarrollo e incluso ser felices".

En este sentido, dijo que la opción es reforzar la profesionalización de las policías, su certificación y todo tipo de controles que abonan para tener instituciones destinadas a la seguridad que resulten más confiables.

"Lo que es cierto es que eso no soluciona el problema que estamos viviendo, porque es cada vez más complejo desmenuzar cómo atacar el fenómeno, pues las formas o las políticas son las mismas desde hace siete años y no han resuelto en su totalidad el asunto", advirtió el especialista del organismo.