Criminaliza comunidad a joven víctima de violación

La muchacha quedó embarazada producto del abuso. No se aplicó el protocolo de actuación en delitos sexuales.
La agresión se registró a unos pasos de la plaza principal.
La agresión se registró a unos pasos de la plaza principal. (Alejandro Acosta)

Guadalajara

La cabecera de Tlajomulco de Zúñiga sigue siendo una sociedad rural en medio de la vorágine que coloca a este municipio jalisciense en primer lugar nacional de crecimiento urbano. Ahí Claudia*, de 19 años, fue víctima de una violación a sólo unos pasos de la plaza principal, perpetrada por dos hombres vecinos del poblado.

La muchacha, quien padece una discapacidad leve, se dirigía a tomar el camión después de ayudar a su madre con la venta de elote, cuando fue jaloneada y llevada escaleras arriba de una pizzería, donde Ricardo Aguilar Marabel (o Maravel) abusó sexualmente de ella, mientras Jorge Pulido Zúñiga le cubrió la boca y la inmovilizó ante su violador. A casi nueve meses del ultraje, ella continúa siendo victimizada: ahora por vecinos y desconocidos, gente de la comunidad.

Claudia fue hostigada y amenazada para que se desistiera de su denuncia; no obstante que Ricardo, un hombre casado y con hijos, manifestó —ante la televisión local que trasmitió la noticia de su detención— que ella “tenía ganas de macho”. Frase en pueblo chico que hizo más grande el infierno para la joven madre (de un niño de tres años, testigo de los ataques que los obligaron a cambiar de domicilio).

“Yo no quiero que salga. Lo que hizo no tiene perdón de Dios”, explica Claudia temblorosa. Y como si fuera ayer la noche del 13 de agosto de 2013, narra cuando los dos hombres la sometieron con engaños y detalles del ultraje que constan en la averiguación previa, a la que este medio tuvo acceso.

¿Conocías a tu agresor? “No, no lo conocía, fue el Pulido el que me dijo ‘morena ven’ te voy a presentar a un amigo’ y ahí [en la pizzería] me agarraron, me doblaron el brazo y me empujaron para arriba, [Ricardo] me estuvo violando y yo no sabía qué hacer, el Pulido me tenía tapada la boca y agarrada”, dice la joven. Los hombres le aseguraron: ‘no vas a poder hacer nada’, pero cuando se vio en la calle de inmediato pidió auxilio a una patrulla.

El parte médico de la Cruz Verde confirmó la agresión sexual. El examen  psicológico probó su afectación pos traumática.

“La gente nos apunta como si nosotras fuéramos las culpables de lo que pasa. Como si tuviéramos la culpa de lo que él hizo. Yo tengo mi venta de elotes y ya no es lo mismo, donde quiera me apuntan, me señalan, […] creo que les falta que les pase lo mismo para vivir en carne propia lo que uno sufre”, lamenta la señora Silvia, madre de Claudia.

Los vecinos le cerraban el paso a la joven para preguntarle, de modo humillante, ¿cuánto cobró?… o si el “macho” la dejó satisfecha. El abusador está preso, pero Pulido -libre por falta de elementos- ha pasado frente a la señora mofándose. Junto a él su esposa.

Más allá de la sorna hacia la humilde mujer —quien sostiene a la familia con la vendimia de elote cocido afuera del templo donde va a misa el cómplice del violador—, el hostigamiento comunitario ha escalado desde el día que el caso salió a la luz.

Ella y su madre se negaron a  “hacer un arreglo” de dinero. Tampoco aceptaron un terreno que la familia de Ricardo Aguilar les ofreció. En días recientes Claudia fue abofeteada por una mujer desconocida quien la llamó “piruja”, entre un rosario de palabras altisonantes. Otras personas se le han acercado a grabarla o a intentar ver a su bebé, producto de la violación, que nació el mes pasado, prematuramente debido a una caída de la muchacha.

“Siento coraje porque el daño ahí está, para toda la vida, […] tengo muchos meses de estarle batallando, por las convulsiones de mi hija, estarle cuidando su panza, su cabeza, que no se golpee, batallando con cuidados porque es como mi llaverito, tengo que tenerla a un lado”, dice la madre y abuela, quien no deja sola a Claudia por temor a que la agredan nuevamente.

VIOLENCIA INSTITUCIONAL

Fueron muchas trabas las que pasaron Silvia y su hija en el Ministerio Público para poder presentar la denuncia de violación en la Agencia V Especializada en Detenidos en Tlajomulco de Zúñiga, entonces a cargo del agente investigador Luis David Morales Meza.

En espera de rendir declaración y luego firmarla, la muchacha abusada estuvo sentada en una silla, desde las 23:00 horas hasta cerca de las 2:00 de la madrugada del día 14, cuando su mamá le indicó que se acostara en el suelo. Salieron a las 4:00 a.m.

En la agencia no se les tuvo ninguna consideración como víctimas de un presunto delito de esta naturaleza. En cambio, las mujeres vieron llegar pizzas —del negocio donde se cometió el presunto delito— para que cenaran los detenidos y los mismos empleados del MP que tomaban la denuncia.

En este caso no se aplicó el protocolo a seguir ante violación sexual. En los Servicios Médicos Municipales no se le ofreció a Claudia el tratamiento preventivo de VIH, ni la pastilla del día siguiente, como dicta la ley. Cuando Claudia se enteró del embarazo, semanas después, decidió tener al hijo. Pese a sus graves carencias económicas, su madre la respaldó.

502 FIRMAS SOBRE “MALA FAMA”

Ángela García Reyes, abogada de Claudia, señala que el proceso jurídico de Claudia no ha estado exento de obstáculos.

“Ha sido difícil sobre todo porque la defensa de los agresores ha montado su defensa en la estigmatización de la víctima y la señalan a ella como si fuera la culpable. Consiguieron 502 firmas de la comunidad para argumentar al juez que ella lo buscó y lo ‘provocó’”, apunta.

Con varios años de experiencia en litigios de violencia hacia las mujeres, García Reyes responde que Claudia ha sido agredida por gente de la comunidad y eso es más peligroso.

“Sí hay violencia de la comunidad, sí hay violencia hacia ellas [madre e hija], más que nada de tipo emocional”, precisa la abogada, quien hace dos semanas solicitó al juez medidas cautelares para proteger a Claudia y a su familia, que aún no se concretan.

Sobre la liberación de Pulido Zúñiga, la litigante considera que si bien éste no cometió el acto sexual, sí participó plenamente. “El juez lo dejó libre porque no considera suficiente el testimonio de la víctima, que es aislado, […] el tipo de delito es así, sin testigos, pero no fue tomado en cuenta y anda libre”.

En la recta final, en espera de resolución del juez, las agresiones de la comunidad han regresado. A Claudia le han dicho que algún día su agresor va a salir “y con más odio” porque lo encerró.

Ella cierra los ojos. No piensa más que en sacar adelante a sus hijos, con una fe ciega en que, tal vez algún día, se le hará justicia.

*El nombre de la víctima se cambió para proteger su identidad.