Cerco carcelario a secuestradores para evitar que 'contaminen'

La intención es confinar a estos criminales a un área especial, que cumpla con estándares de máxima seguridad y limpieza, donde no puedan relacionarse con sentenciados por otros delitos, a fin de ...

Chihuahua

Desde su celda, "Juan N" vive un día más de los 40 años de sentencia que recibió por secuestro en Chihuahua. Él es alto, un tanto fornido y aunque su cabeza está a rape, no puede intimidar a nadie, pues ante los custodios y celadores debe obedecer el protocolo: dar la espalda, agachar la cabeza, enlazar las manos y mirar al suelo, mientras responde a cada orden "¡Sí, señor!".

"Llevo aquí 16 años, un mes y 30 días" cuenta. Hasta hace una semana "Juan N" estuvo mezclado con otros procesados o sentenciados de baja y mediana peligrosidad. Pero su vida recién cambió cuando fue trasladado a la esclusa número siete, que hoy alberga a 570 presos cuyo denominador común es haber integrado bandas de secuestradores. Ellos conforman la quinta parte de la población penitenciaria del lugar.

"Ésta es el área de confinamiento para nosotros y creo que está bien, porque somos secuestradores y debemos estar en un lugar especial, o al menos esa es mi manera de pensar. Soy tabasqueño, vengo de los penales federales y sé lo que es vivir ahí. Por eso aquí siempre agradezco a Dios un nuevo día, el sagrado alimento y las pláticas con mis compañeros, en las que hablamos de nuestras historias, nuestra juventud o contamos algunos chistes" dice.

Para llegar al módulo de alta seguridad para secuestradores —cuyo acceso es restringido— se requiere, además de los permisos correspondientes, contar con autorización para cruzar un sinnúmero de puertas con candado, mismas que son operadas manualmente por custodios.

Por momentos es necesario detenerse ante las cámaras de seguridad y permitir la videograbación del rostro. "Es parte del protocolo de seguridad", justifica el personal. El resto implica cruzar un laberinto de escaleras, pasillos, espacios deportivos y patios, hasta que el letrero de "Esclusa 7" indica que se ha llegado al lugar.

Detrás de esa pesada puerta café hay dos módulos, cada uno con dos o tres niveles de altura que, a su vez, tienen 48 celdas. "Juan N" comparte su espacio con cuatro secuestradores más. El lugar es frío, por eso hay quienes portan chamarra o suéter sobre el tradicional pants gris, que es el uniforme oficial del Centro de Readaptación Social número 1 Aquiles Serdán, la primera cárcel que logró en 2012 la certificación de la Asociación de Correccionales de América.

El lugar está ventilado y la única vista que este grupo de reclusos tiene son las canchas de basquetbol vacías que las palomas disfrutan al tomar el sol. "Eran módulos normales que elevamos de mediana seguridad a alta seguridad porque metimos cámaras, topes electrónicos que se controlan desde un centro de mando y se encementaron los patios. En cada uno caben 320 personas" detalla Eduardo Guerrero, fiscal de Ejecución de Penas de Chihuahua. Además, precisa, entre los propios secuestradores hay una subdivisión: los procesados de un lado, los sentenciados del otro.

"En los Ceresos no soportamos a la delincuencia organizada, por eso hasta aquí tienen orden. En Chihuahua hay gobierno, no autogobierno y más que pedir dinero tuvimos voluntad para desarticular a la organizaciones delictivas dentro de los penales", afirma el gobernador César Duarte.

"Así cumplimos el punto ocho de la estrategia nacional antisecuestro, que propone un modelo de reclusión para secuestradores en áreas especiales dentro de penales de alta seguridad", subraya.

Los extorsionadores tendrán el mismo trato, adelanta, pues son 900 y su área de confinamiento seguirá el mismo lineamiento que el de secuestradores: videovigilancia permanente, así como bloqueo de señales de internet y celular.

El fiscal general del estado, Jorge González, enlista las cifras desde octubre de 2010: 437 secuestradores detenidos, 99 bandas desarticuladas, 277 sentencias condenatorias y 55 prisiones vitalicias.

Asegura que estos datos significan la disminución del secuestro en más de 81 por ciento. "Con satisfacción, puedo informar que en todo febrero y lo que va de marzo no se ha presentado un solo secuestro en el estado", destaca.

Tres vistos buenos

El coordinador nacional antisecuestro, Renato Sales, explica los efectos que tendrá este modelo de confinamiento para los secuestradores, quienes son monitoreados todo el tiempo.

"Está comprobado que si están concentrados en módulos de alta seguridad, no contaminarán a otros internos. Si conviven con otros delincuentes de menor índice de culpabilidad, pueden reclutarlos para sus bandas y aprovecharse de la situación para hacerlos integrantes de sus grupos", manifiesta.

La decisión fue bien recibida por líderes sociales que trabajan contra este problema social, como Isabel Miranda de Wallace y Alejandro Martí, quienes vieron en éste proyecto más ventajas que desventajas.

"Es una acción indispensable que debe replicarse en todos los estados. En el recorrido que hicimos por el lugar me sorprendió la limpieza y el orden que tienen. Es un lugar digno, limpio, con todo lo necesario para llevar una vida digna en prisión. Ahora lo importante sería poderles dar educación, que se les obligue a estudiar y trabajar para no tenerlos guardados nada más como si fueran cosas en un clóset", opina la presidenta de la organización Alto al Secuestro.

Martí, quien preside la organización México SOS, considera que los secuestradores deben tener también actividades físicas aunque no queden en libertad, en referencia a que en octubre de 2010 el Congreso local aprobó la prisión vitalicia para secuestradores, extorsionadores y homicidas.

"En este módulo de alta seguridad veo difícil que ellos puedan asociarse entre sí para delinquir, porque están bien recluidos y tienen disciplina porque sinceramente, esto antes era como un club", dice.

En materia penitenciaria 2009 fue un año difícil para Chihuahua, que se caracterizó por innumerables motines en sus cárceles. En 2010 se contabilizaron 12, que dejaron como resultado tres prófugos y 189 riñas con 219 muertos; en 2011 las cifras oficiales señalan que el número se redujo drásticamente a dos motines, cuyas consecuencias fueron 17 prófugos, 36 riñas y 38 muertos.

Después de ese año las autoridades estatales recuperaron el orden. La primera medida que se aplicó fue el traslado de casi 2 mil presos a cárceles federales de máxima seguridad; la segunda, 735 operativos en un lapso de tres años con los que se decomisaron armas de fuego, granadas, cartuchos, alcohol, celulares y electrodomésticos entre otros.