CRÓNICA | POR VÍCTOR HUGO MICHEL

'Cementerio' de aviones

Reserva de la Biosfera Maya

Restos de avionetas salpican la selva de Petén, una base en medio de la nada, empleada por el crimen organizado para mover cocaína desde Sudamérica hasta el norte de Guatemala y después por medio de vehículos todo terreno a México.

Guatemala

- Llegamos –dice el piloto. El GPS de la avioneta marca 17 grados y 28 minutos al norte por 90 grados y 54 minutos al oeste. México y el extraño cementerio de aviones sudamericanos están a tiro de piedra, a menos de 3 kilómetros de distancia.

En un principio hay poco que ver. Debajo y hasta el horizonte, solo selva y pantanos, interrumpidos por algunas trazas de ríos. Con 21 mil kilómetros cuadrados, la de este parque es una de las más grandes reservas ecológicas de Centroamérica: la presencia humana es casi nula. No hay pueblos, caminos, ni espacios de ganadería. A pie, en brecha, se está a 12 horas del caserío más cercano. En resumen, no existe nada a la redonda ni tendría que haberlo, a menos que se quisiera tener por compañía a los cocodrilos que aquí son plaga.

Por eso es más llamativo cuando de entre el follaje emergen los ángulos rectos de lo que parece ser un camino. Es algo evidentemente artificial, una franja de pasto desprovista de follaje. Mide unos 800 metros de largo por 50 de ancho y en medio de la selva se ve como un parche calvo, casi como lo haría una cicatriz en una cabellera. Se trata de un fenómeno que se repite por toda la región. Una narcopista.

El teniente aviador Alejandro Godoy maniobra su pequeña Cessna de la Fuerza Aérea Guatemalteca (FAG) para realizar un vuelo rasante.

- Bien... ahí está la pista... ahí los troncos... ahí el cráter... ¿y los restos?, -suelta.

Lo que Godoy está escudriñando es una pista clandestina que, según inteligencia militar, perteneció al cártel de Sinaloa y que hace poco fue inutilizada por kaibiles con cargas explosivas. Una base de operaciones a la mitad de la nada que fue empleada repetidamente por los sinaloenses para trasladar cocaína desde Venezuela y Colombia al departamento del Petén, en Guatemala, y luego por medio de vehículos todo terreno a México.

Ahí abajo, en alguna parte, tendría que estar una avioneta a la que alguien le prendió fuego cuando aterrizó, hace ya cuatro meses. Todavía la semana pasada su cola reposaba semi oculta en un pantanal a no más de 10 minutos de la frontera con México. Hoy no está y probablemente el fango terminó por tragársela. Las que sí son visibles son las marcas de las llantas de incontables trenes de aterrizaje.

- Le juro mi general que estaba aquí. Estoy cien por ciento seguro, pero no duran mucho tiempo en este tipo de terreno –argumenta el piloto.

El general Oscar Barrientos, comandante de la recién creada Brigada Especial de Operaciones de Selva (BEOS) del Ejército Guatemalteco no dice nada, pero unos minutos después está señalando por la ventanilla a un objeto que captura el reflejo del sol en medio de la selva. Desde esta altura parece el esqueleto chamuscado de un animal prehistórico.

- Ahí está la cessnita. Mírala cómo la quemaron.

Al final de su dedo está el cadáver carbonizado de lo que alguna vez fue una avioneta. Está quemada por completo y es una imagen muy similar a la mostrada por el gobierno de Venezuela hace unas semanas, cuando dio a conocer que "inhabilitó" una aeronave mexicana "full de coca" en el estado de Apure, fronterizo con Colombia.

A diferencia de la avioneta mexicana, ésta vino en dirección contraria, en la ruta lógica para el tráfico de cocaína: de sur a norte, desde los Andes. Cubrió una de las vías más socorridas del narcotráfico para traer droga a México, una que comienza en territorio venezolano, cruza por el istmo de Centroamérica sobre el poco controlado espacio aéreo de Nicaragua y Honduras y termina a unos cuantos kilómetros del vértice que marca la frontera con Tabasco y Campeche.

"Hemos detectado que la mayoría de esas aeronaves tienen trazas en Venezuela", dice a MILENIO el general Barrientos. "Es información de radar que nos proporciona el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Como esa, tenemos restos de varias en el Petén. Llegan, aterrizan y como los estamos persiguiendo, las destruyen. El costo de la avioneta ya viene calculado en la carga".

De acuerdo a estadísticas del Ministerio de Defensa Nacional de Guatemala, en el periodo que va de 2010 a 2013, 16 aeronaves irregulares han aterrizado al norte de su territorio, en especial en esta zona limítrofe, convertida en uno de los cementerios aeronáuticos más grandes de América Latina. Restos de avionetas de todo tipo salpican la selva petenera, empleada por el crimen organizado para mover cocaína desde Sudamérica hasta el norte de Guatemala y el sur de México. Tan sólo un vuelo de media hora fue posible apreciar dos aeronaves carbonizadas.

La mayoría son Cessnas modificadas. En casi todas los asientos fueron arrancados y reemplazados por tambos de gasolina especialmente adaptados en su interior para incrementar su autonomía de vuelo y permitirles realizar el viaje de más de 2 mil 500 kilómetros entre Venezuela y el Petén. Se trata de Skycatchers, Stationairs y Skyhawks, entre otros modelos.

Una fotografía tomada por tropas kaibiles y a la que MILENIO tuvo acceso, muestra otra de las aeronaves halladas entre el follaje en los últimos años. Es una Beechcraft 200 Super King Air con la matrícula YV 1304. Fue descubierta cerca de la frontera con México en 2012.

Esa, como tantas otras, tiene su origen en Venezuela. En internet, aparece registrada a nombre de la "Dirección de Inteligencia Militar" del Ejército Venezolano.

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¿Por qué aterrizan las narco-avionetas en Guatemala y no en México? La respuesta obedece a la diferencia en presencia de los gobiernos de ambos países. Mientras el gobierno mexicano cuenta con 5 bases aéreas en el sur-sureste del país además de un sistema de radar con 4 estaciones –conocido como el Sistema Integral de Vigilancia Aérea o SIVA--, las autoridades guatemaltecas tienen sólo una instalación para todo el Petén y no cuentan aún con un radar militar avanzado que controle su espacio aéreo.

Guatemala no puede negar sus carencias, una desventaja que el crimen organizado no ha dejado de lado. Tras años de conflicto civil, con el Ejército acotado por los acuerdos de paz y fuertes presiones presupuestales, su gobierno no ha podido modernizar su flota aérea, que prácticamente cuenta con sólo un puñado de naves de intercepción que datan de la posguerra.

"Como no tenemos las defensas aéreas de México, los cárteles de la droga aterrizaban en Guatemala", explica Barrientos. "Nuestras capacidades de radar son más limitadas. Nada más cruzas al espacio aéreo mexicano y tienes un F-5 que te está siguiendo. Nosotros aún no y es una debilidad que han buscado explotar los cárteles de la droga".

A mediados de 2013, el gobierno del presidente Otto Granados contempló adquirir una media docena de cazas súper tucano de Brasil para apuntalar las defensas aéreas guatemaltecas con el objetivo explícito de cerrar la vía a los vuelos clandestinos de los cárteles mexicanos. La compra fue cancelada por razones administrativas, pero en su lugar queda un consuelo: se instalará un sistema de radares españoles de última generación. Eso dará tiempo de alerta a las tropas de tierra para responder a una incursión aérea. Una medida con aparente dedicatoria al cártel de Sinaloa.

Ronaldo Leiva, ex ministro de Defensa Nacional de Guatemala, concuerda. "Por mucho tiempo hubo un vacío de Estado en el Petén que fue explotado por el cártel de Sinaloa", dice. Fue durante su administración –2006-2008- que comenzó a detectarse el incremento en el arribo de vuelos clandestinos que buscaban explotar los vacíos de radar en la frontera.

El coronel Erick Escobedo, portavoz del Ejército Guatemalteco, sostiene por su parte que la situación va mejorando y que poco a poco se ha logrado cerrar la puerta a las aeronaves clandestinas. "Están aterrizando menos avionetas y eso es positivo", señala.

En lo que va del año, según estadísticas oficiales, sólo han aterrizado dos avionetas.

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Godoy hace tres pases. No queda duda. Lo que está ahí abajo es una avioneta carbonizada. Según los registros de la Fuerza Aérea Guatemalteca, aterrizó el 17 de septiembre pasado. Su carga –que podría haber alcanzado hasta una tonelada-- fue extraída en vehículos todo terreno y llevada a territorio mexicano, al municipio tabasqueño de Tenosique, desde donde probablemente fue atomizada y transportada a distintos puntos, como Cancún, Villahermosa y Veracruz.

Unos minutos más tarde, la Cessna de la FAG encuentra otra pista, muy cerca de la población fronteriza del Internacional. Poco después, mientras sobrevuela en paralelo a la línea internacional que divide el Petén de Campeche, otra. Y otra. En menos de media hora, sobrevuela 5.

"Tenemos detectadas unas 80 pistas en esta parte del Petén", dice Barrientos, quien desde hace un año comanda una brigada integrada por Kaibiles y soldados Selva –dos ramas de fuerzas especiales—a la que se ha pedido enfrentar la proliferación del fenómeno. "Ya inhabilitamos 17 por completo, pero es un trabajo largo".

La construcción de una pista, según calculan las autoridades guatemaltecas, toma sólo dos días. Es un proceso relativamente simple: se talan los árboles y se aplana el terreno con troncos jalados por caballos y bueyes. Como iluminación se utilizan focos ahorradores de energía conectados a la batería de un automóvil.