Campañas en Chilapa, entre el miedo y la fe

Un regidor está desaparecido, el alcalde sufrió dos atentados y el candidato del PRI al municipio fue asesinado; nadie quería suplir a este último y el único que aceptó sale llevando siempre ...

Chilapa

El miedo cundió entre los priistas. Durante varios días después de que asesinaron a Ulises Fabián nadie quería tomar su lugar como candidato a alcalde de Chilapa, uno de los municipios más violentos de México y en donde una sarta de microcárteles de la droga llevan años matándose con particular barbarie.

José Santos, su suplente, estaba aterrado: se negó por temor a ser el siguiente ejecutado. Al menos otras dos personas contactadas por la dirigencia estatal y a las que se preguntó de manera informal rechazaron la oferta. Dijeron no de inmediato.

No había muchos aspirantes a gobernar una ciudad en la que los levantones son tan cotidianos como las desapariciones y los homicidios. Aquí ya han matado a sacerdotes, profesionistas, activistas de derechos humanos, ingenieros, taxistas, estudiantes y hasta políticos.

Al asesinato de Fabián se suma la desaparición de un regidor hace unos años y dos atentados contra el actual alcalde, el priista Francisco Javier García, un hombre delgado y de talante nervioso que vive recluido en una casa de muros altos. Cuando no se halla en el exilio, ahí despacha, rodeado por sus mascotas preferidas: guajolotes y pericos. Para salir a la calle tiene que hacerlo protegido en todo momento por policías municipales armados de metralletas.

El caso es que con esos antecedentes pesando sobre la ciudad, solo un político místico se atrevió a lanzarse al ruedo. El partido eligió como su candidato a la presidencia municipal a un personaje poco habitual, un hombre que, de por sí, ya está seguro de haber muerto y resucitado una vez y que todas las mañanas les pide a los santos cuando sale a hacer campaña.

Es Jesús Parra y en la mano izquierda lleva tres pulseras coronadas por medallas de San Judas Tadeo. En la derecha, carga otras dos. Una es de la virgen y la otra de San José. En el cuello lleva un rosario, un escapulario y una cruz de la Onda Juvenil Católica.

“Son cositas que me da la gente para cuidarme”, reflexiona el candidato emergente, un hombre al que, guardando proporciones, le tocó jugar el papel de Ernesto Zedillo para su Luis Donaldo Colosio (de quien, por cierto, hay varias estampas en la sede municipal del partido).

Como un Lázaro chilalpense, Parra está convencido de que ya murió y revivió y por eso asegura que enfrenta una de las campañas electorales más riesgosas que pueda haber en México con la tranquilidad de estar preocupado, mas no asustado. “A mí me cambió todo cuando vi las manos de Dios o quizás eran las de la muerte”, dice. “Estaba parado en un túnel y vi unas manos que me hacían ‘ven, ven, ven aquí’. ¡Yo las vi”, dice Parra.

—¿Se murió?

—Y regresé.

Esa experiencia sobrenatural es resultado de un coma en el que entró en 2012, tras pasar un mes de juerga. Eran tiempos en los que este priista vivía una batalla con el alcohol que, cuenta, le llevó a las puertas del más allá, lo que se conoce como una experiencia cercana a la muerte. Desde entonces dice que no toca una gota de licor.

“Esa experiencia me cambió la vida. Por eso no tengo miedo, porque soy un hombre de religión, de fe”, explica. Si vio las manos de Dios o de la muerte, no existe forma racional o científica de saberlo, aunque él está seguro de que así sucedió.

En cierto sentido, ese misticismo marcó su decisión de lanzarse en pos de la alcaldía que nadie de su partido quiso. “Yo siempre soñé con ser alcalde y me he preparado toda mi vida, pero nunca pensé que sería así”, acepta. “Pero la vida sigue y la política sigue y tenemos que salir adelante”. 

Lo cierto es que en Chilapa, una población profundamente religiosa, la devoción y la protección divina también tienen sus límites. Cuando Parra está en campaña se hace rodear de un equipo de seguridad integrado por media docena de personas. Tampoco suele organizar eventos multitudinarios. Hace unos días, cuando caminaba hacia un acto con enfermeras del municipio, lo hizo volteando desconfiado hacia ambos lados de la calle.

Esa es la realidad de un candidato que llegó por accidente al cargo. Algunos eventos, nada de mítines y un campo de maniobra limitado. De ir a ciertas partes del municipio, ni hablar. Esas son propiedad de Los Rojos o como aquí se les dice eufemísticamente: “Zonas de inseguridad”.

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El Instituto Nacional Electoral tiene contabilizadas 59 secciones de atención especial (SAE) afectadas por violencia en el distrito electoral 6 de Guerrero, justo en donde se encuentra Chilapa. En resumidas cuentas, se ha detectado presencia de hombres armados en poblaciones como Ahuacutozingo, Copalillo, Eduardo Neri, Huamuxtitlán, Huitzuco de los Figueroa, Mártir de Cuilapan, Olinalá, Tepecoacuilco y Zitlala. No es coincidencia que algunas de esas municipalidades sean epicentro de la producción de amapola en el estado y que de ahí provenga buena parte de la heroína que ha inundado distintas ciudades de Estados Unidos en los últimos años.

La presidenta de la junta distrital local del INE, Fabiola Matildes, admite que algunos de los trabajos electorales se han complicado a raíz de la muerte de Fabián y en especial tras la incursión de un grupo paramilitar que tomó Chilapa por varios días. “Elegimos mejor bajar el ritmo de la capacitación. Las calles estaban vacías y la gente no quería… preferían no trabajar”, dice. “Pero ya estamos otra vez a ritmo normal”.

Matildes sostiene que la elección se llevará a cabo sin problemas. Pero durante la entrevista recibió una llamada.

“Anda corriendo muy fuerte el rumor de que mataron a un candidato”, dijo, tras colgar. Al final fue solo eso, un rumor.

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El asesinato de Fabián desató un fuerte encono hacia el candidato del PRD a la alcaldía, Miguel Cantorán. En distintos puntos de la ciudad han aparecido pintas que lo acusan del homicidio. La dirigencia nacional perredista, aún sacudida por la vinculación de José Luis Abarca con la delincuencia organizada, optó por tomar distancia: desde el 4 de mayo pidió a Cantorán “colaborar en el esclarecimiento” del atentado. Esta semana, fue llamado a declarar ante la Procuraduría General de la República.

Desde la muerte de su rival priista, Cantorán no ha hecho campaña. Es una precaución que se ha extendido hacia otros candidatos que han bajado su perfil o, de plano, cancelado sus eventos. Por ejemplo, Jorge Casarrubias, candidato del PRD a diputado local.

Casarrubias opera su campaña desde su casa, en donde hace comidas con las estructuras, recibe a operadores electorales y diseña la forma de quedarse con el distrito. Hace unos días su esposa preparaba pozole porque iba a llevarse a cabo una reunión con varios colaboradores.

“Yo puedo ir adonde quiera”, dice este candidato, con un tono de autosuficiencia. “No tengo miedo y aquí me pueden ver, caminando por el mercado, saludando a la gente”.

Pero después de unos instantes matiza eso de que puede ir adonde quiera: “Bueno, es que hay zonas a las que uno no va porque son inseguras”. Y del miedo, dice: “Bueno... sí tengo miedo. Estoy preocupado. Pero pienso que el que nada debe nada teme. El día que te quieran hacer algo te lo hacen en donde sea”.

Así las cosas en Chilapa.