Analizan factores psicosociales en el proceso de readaptación social

Los prisioneros de 22 cárceles mexiquenses presentan labilidad emocional –cambios bruscos en el estado de ánimo–, conducta antisocial y trastornos pasivo-agresivos y de personalidad.
La tarde del 18 de abril de 2015, la víctima llegó a un local de venta de cervezas para pagar un préstamo que le hizo la dueña del negocio.
Muchos no reciben visitas de sus familiares. (Especial)

Valle de México

Un estudio realizado a expedientes de prisioneros en 22 centros penitenciarios del Estado de México, reveló que presentan labilidad emocional –cambios bruscos en el estado de ánimo–, conducta antisocial y trastornos pasivo-agresivos y de personalidad.

José Luis Cisneros, académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), señaló en su estudio "Los factores psicosociales en el proceso de tratamiento para la readaptación social en las prisiones del Estado de México", que dichos trastornos pueden causa estrés permanente y la dificultad que tienen para expresar sus emociones en un ambiente donde la violencia impera.

Expuso que no es posible llevar a cabo los tratamientos sicológicos, pues cada uno de los internos está sujeto a redes de poder dentro de un espacio diseñado para el castigo y la sumisión, y en el que la terapia se vuelve irrelevante.

Las visitas familiares y de cónyuges no solo son un derecho sino parte de la terapia, en este sentido 85 por ciento de los hombres recibe a familiares, de los cuales 21 por ciento son visitas conyugales, mientras las mujeres sufren un abandono casi absoluto, ya que solo uno por ciento recibe a familiares y de ahí 0.08 por ciento es de su cónyuge, mientras 12 por ciento de la población total no recibe ningún tipo de visita.

El especialista consideró que la incontinencia sexual, conduce a otro tipo de atropellos, como la permisibilidad de prostitutas, el uso creciente de la masturbación y la homosexualidad, que termina en excesos como masturbaciones colectivas y enfermedades de transmisión sexual como VIH y enfermedades venéreas.

José Luis Cisneros, expuso que la peligrosidad es entendida como una actitud, acción o hecho en perjuicio de los demás y es a partir de ahí que se establece una escala o grado de peligrosidad, correspondiendo 11.2 por ciento a los internos altamente peligrosos, 52 por ciento a los de escala media y el restante 36.1 por ciento al de normalidad.

Los tratamientos de reinserción se planean con base en el grado de peligrosidad, grado de escolaridad, edad, sexo, origen y delito cometido, apuntó el académico de la UAM.

Es preocupante el grado de incertidumbre y los discursos en favor del castigo, por lo que se vuelve necesario prestar mayor atención al grado de peligrosidad con respecto a la enfermedad mental, pues podría ser ésta la clave para un tratamiento adecuado y personalizado.

Consideró que parte de la solución está en dejar de creer en la domesticación y corrección para sustituir el modelo de castigo por el de una mayor humanización, la disminución de penas y la reparación del daño.

RAM