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Lunes , 15.10.2018 / 23:18 Hoy

Pronóstico del Clímax

Treinta razones para creer (aún) en la democracia

Xavier Velasco

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1. Su presencia no arregla los problemas, pero su ausencia basta para multiplicarlos.

2. Permite equivocarse al elegir, y aun entonces nos deja vigilar.

3. Es blanco recurrente de beatos, mandones y envidiosos: gente que la maldice o la corteja con la misma esperanza de asfixiarla.

4. Nos invita a expresar nuestra opinión profunda sobre un tema común en el secreto más riguroso. Ya nada más por esa prerrogativa, los votantes tendríamos que ser la pesadilla de los encuestadores.

5. Obliga a los burócratas a competir al menos una vez en la vida, aunque sea en torneos de calumnias.

6. Enfrenta a los canallas entre sí, de modo que se exhiban mutuamente y alimenten el sano escepticismo de la población.

7. Castiga a los ineptos que no saben ganar y escarmienta a los necios que no saben perder.

8. Sus versiones pirata son identificables a simple vista, salvo casos extremos de astigmatismo a ultranza y pía miopía.

9. Sus enemigos suelen esgrimir balbuceos grotescos en su contra, amparados en esas garantías que nos hacen partícipes de sus insuficiencias.

10. Carece de opiniones, hasta donde sabemos, y tampoco cree en dogmas, ni diablos, ni milagros.

11. Es hija natural de la aritmética. Resuelve sus problemas de consenso con nada más que sumas y restas.

12. Permite establecer un punto de equilibrio entre la libertad y la justicia: caníbales golosos y contrapuestos.

13. Sobrevive con un bajo perfil. A nadie prometió ganarse el cielo.

14. Da y quita los poderes según sus cuentas, a la vista de todos los participantes y a pesar del mejor juicio al respecto que cada uno jure tener.

15. Por débil o nefasta que parezca, ya su mera existencia garantiza un espacio de neutralidad y un desafío al silencio pusilánime.

16. Recuerda a los devotos del pensamiento único nuestro sacro derecho a disentir.

17. No impone requisitos morales, religiosos o ideológicos, más allá de las reglas elementales que hacen posible su funcionamiento.

18. ¿Desde cuándo los árbitros son hinchas? La democracia nunca lee los editoriales, cuantimenos se sienta a corregirlos.

19. No distingue el acierto del desacierto, ni bondad de maldad. Acertar, en su caso, es funcionar, aunque sea al servicio de nuestros desaciertos.

20. Nos recuerda que las multitudes corren el mismo riesgo que los individuos de tomar decisiones idiotas.

21. Así como mima a la mayoría, es también el refugio de aquellas minorías que son sus saludables contrapesos.

22. No es posible, hasta hoy, suprimirla del todo sin suprimir la dignidad de todos, ni restringirla un poco sin cagarla en grande.

23. Es un producto impuro de mentes imperfectas. Garantiza la ruta, no el destino.

24. Cuando las cosas fallan por completo, siempre está la palanca de reversa. Y con suerte un cubículo universitario.

25. Nos alivia de la sospecha infame de estar siendo tratados como niños por los profesionales del cuento de hadas.

26. Nos ahorra los costos de la mala imagen. ¿O es que alguien más acabaría pagándolos?

27. Nos hace parecer una comunidad civilizada, y por tanto confiable, aunque tampoco es que lo certifique.

28. Por su naturaleza experimental, esparce igual fragancias que pestilencias. El chiste está en que no hay que disimular.

29. Otorga al perdedor la medalla triunfal de “tolerante”, si es que aún no ha intentado un golpe militar.

30. Te permite enterarte que el primo de la amiga del vecino es un fascista infecto que merece la muerte, y a partir de ese instante retirarle el saludo para toda la vida.

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