• Regístrate
Estás leyendo: El secuaz intachable
Comparte esta noticia
Domingo , 17.06.2018 / 21:06 Hoy

Pronóstico del Clímax

El secuaz intachable

Xavier Velasco

Publicidad
Publicidad

La escena ocurre en el Mario’s, una pequeña marisquería en San Miguel de Allende donde dos hombres comen a sus anchas. Afuera, entre la calle y el estacionamiento, decenas de marinos y agentes federales han cercado la “Plaza Pueblito” y ya se alistan para tomar el local por asalto. Son las tres de la tarde, o ya casi, cuando ambos comensales son abordados, sometidos y echados bocabajo sobre el piso.

Uno de los cautivos se llama Germán Goyeneche Ortega, empresario, activista y político queretano, conocido asimismo entre los locales como fuerte inversor en desarrollos inmobiliarios; el otro se hace pasar por negociante de obras de arte y bienes raíces, pero el gobierno norteamericano ofrece cinco millones de dólares por su captura, y el de México treinta millones de pesos. Como su contertulio tendría que saberlo, se trata de Héctor Beltrán Leyva, jefe máximo de un cártel ya famoso por sanguinario. Su nombre, por lo pronto, estelariza una treintena de averiguaciones previas.

Mucho es lo que se sabe de los ya legendarios hermanos Beltrán Leyva: dos detenidos, otro abatido a tiros. La sorpresa es Germán Goyeneche, cuyo perfil de Twitter lo señala como presidente del Parlamento Ciudadano de México para el Estado de Querétaro y el Consejo Ciudadano 100 por Querétaro. El hombre es además vicepresidente de la Asociación Amigos de la Presa Allende y socio fundador de Salvemos el Río Laja, Agua Vida y San Miguel de Allende 2025. Por si esto fuera poco, quien hoy es señalado como operador financiero de los Beltrán Leyva contendió por una candidatura a diputado federal, es miembro distinguido del Partido Verde Ecologista de México y de paso ha ganado algún cierto prestigio como rejoneador.

Ya podemos dar cuenta del alud de deslindes instantáneos que ha suscitado la captura del prohombre queretano, especialmente en tan conspicua compañía. Si observamos alguna de sus fotografías (la de Twitter, por ejemplo, bajo el nombre de usuario @ggoyenecheo) encontraremos a un cuarentón de aspecto cuidadosamente casual, ojos afables y sonrisa generosa. Podría incluso andar en los treinta y tantos, si bien ahora sabemos que son cuarenta y cuatro muy bien llevados.

¿Qué diablos hacía un hombre con el perfil social de Goyeneche devorando mariscos al lado de tamaño criminal? Tal vez sea de alguna utilidad el detalle de que ambos, en el momento de ser arrestados, portaban sendas armas “para uso exclusivo del ejército”. ¿Qué haría un reconocido ecologista cargando, por ejemplo, una Glock .009 por las calles? ¿Será que necesita de la matona para enfrentar un posible atentado de un grupo de enemigos de la naturaleza? ¿Podría todo ser un vil malentendido, de modo que el honesto activista resultara de suerte chamaqueado por el capo feroz? ¿Sería un atenuante recordar que se trata quizás de uno de esos ecologistas mexicanos que no hace mucho tiempo clamaban por la pena de muerte a los secuestradores y sus coadyuvantes?

Quien nunca vio de cerca a un criminal famoso halla cierto consuelo en toparse en la prensa con la foto de un obvio malhechor, efecto que se logra fácilmente tras el trancazo anímico del arresto y las horas primeras del cautiverio. El que posa delante de la cámara trae largas las ojeras y evidente la angustia, no ha podido bañarse ni rasurarse, tiene toda la pinta de un facineroso. De Goyeneche, en cambio, no miramos la ficha policial sino sus numerosas apariciones en eventos sociales y políticos donde se luce al lado de personajes en teoría intachables como él: esos mismos que ahora ya no hallan la manera de declarar ante quien quiera oírlos que no saben quién es aquel sujeto, o que al final les suena el nombrecillo, pero jamás tuvieron tratos con él, ni mucho menos fueron sus amigos.

Según cuentan algunos militantes del partido quemado por excelencia, Goyeneche fue impuesto como miembro por la mismísima dirigencia verde, que acaso estaría al tanto de su don de gentes. Cuesta creer, por cierto, que un partido que dice abogar por los derechos de los animales tuviera entre sus cuadros destacados a un rejoneador, pero hay que ver qué clase de manga ancha sería necesaria para entender a los huecologistas tenochcas.

¿Qué opinará, a todo esto, el famoso activista Germán Goyeneche de esos cárteles crueles y desaprensivos (el de los Beltran Leyva entre ellos) que instruyen a sus miembros para que se financien, además del negocio de las drogas, a través de la industria del secuestro? ¿Merecen los atroces caballeros pena de muerte o cadena perpetua? ¿Y los que les ayudan, o solapan, o quizás legitiman por la vía de su intachable compañía?

Lo sorprendente, al cabo, no es que un “hombre de bien” ande por ahí armado en compañía de forajidos, asesinos y secuestradores, sino que semejante obviedad sorprenda al fin a nadie, pero el juego consiste en escandalizarse por causa de uno solo, antes que un día enterarse de la lista de socios decentísimos que engrosan ya la agenda de los capos. Gente que va por ahí con credenciales, banderas y sambenitos de suyo inatacables e impolutos. Gente de la que nunca se pensaría mal. Gente que ni con chochos mataría a una mosca, por más que a su impecable presentación le sobre cierta fusca de altísimo calibre.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.