• Regístrate
Estás leyendo:
Comparte esta noticia
Martes , 19.06.2018 / 11:15 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Una del Brasil

Xavier Moyssén Lechuga

Publicidad
Publicidad

Lamentablemente, el pasado viernes 13 las autoridades de la Universidad de Monterrey (UDEM) levantaron la muestra dedicada al pionero de la fotografía brasileña, Marc Ferrez (1843-1923), actividad del programa internacional que semestre a semestre dedican a un país, en este caso, obvio es, a Brasil.

Apenas si una veintena de impresiones contemporáneas bastó para entrever los inicios de la fotografía en el gigante del sur. Brasil no sólo se extraña del resto de los países de Iberoamérica por su lengua y extraordinaria mezcla racial (la que se ha venido dando desde la llegada de los europeos a sus costas en circa 1500), sino también por su peculiar historia, especialmente en el periodo previo al de Ferrez y el de éste mismo, cuando se pasa de un estado imperial a una república burguesa como las de sus países vecinos.

El ambiente imperial-independiente-burgués debió crear las condiciones necesarias no sólo para que prosperara el negocio de la fotografía como sucederá en la época de Ferrez, sino años antes, cuando movido por razones parecidas a las de Niepce en la lejana Francia, Hércules Florence (1804-1878), desarrolla un método por medio del cual se pudiera repetir un sin fin de veces la imagen de un grabado, para lo cual recurrió a la reacción de las sales de plata a la luz, es decir, desarrollará lo que conocemos como fotografía en una fecha tan temprana como lo fue 1833. El historiador y fotógrafo brasileño Boris Kossoy ha aportado pruebas que llevan a considerar a Florence si no el descubridor de la fotografía, sí a uno de sus pioneros e incluso a atribuirle el bautizo del medio. Hasta hace poco era desconocida una impresión en papel fechada en 1832, Rebeka, atribuida a Florence, lo que la convertiría en competidora de la que se considera es la imagen fotográfica más remota que conocemos, el famoso Punto de vista desde la ventana de le Gras, de Niepce de 1826.

Siendo niño, Ferrez quedará huérfano, lo que lo lleva de su tierra natal a Francia de donde retornará al cumplir 20 años de edad. Ya de regreso se irá inmiscuyendo en el ambiente fotográfico de Río de Janeiro principalmente; siete años después funda su propio estudio, Marc Ferrez y Cia., desde donde llevará a cabo una labor semejante a la de cualquier otro fotógrafo de la época, esto es, fotografiará, según el modelo Disderi, a lo mejor de la sociedad de su momento, pero también invitará a dejarse captar por sus lentes a los miembros de la variopinta población de Río, trabajadores, artesanos, oficinistas, campesinos, pescadores, soldados e indígenas.

Su trabajo se extendería igualmente a la documentación de su entorno, vistas de las playas de Ipanema o Copacabana, del Pan de Azúcar y las zonas altas de la ciudad complementan el catálogo de trabajos de Ferrez. Como también sucedió con muchos otros fotógrafos de la época, en 1873, en pleno apogeo de su quehacer, un voraz incendio terminó con su estudio, destruyendo una buena parte de sus archivos (este hecho que, como se dice se repitió con cierta frecuencia, nos da una idea de los peligros que encerraba en ese entonces el oficio).

Dos años después de haber perdido su estudio, en 1875, recibirá la invitación a participar en una de las famosas Comisiones Geográficas que se extendieron por todo el mundo en un afán enciclopédico por descubrir hasta el último rincón del planeta. La comisión imperial del Brasil fue dirigida por el geólogo canadiense Charles Frederick Hartt, con quien recorrió buena parte del noroeste del país, recogiendo placas de la geografía, la fauna y flora de los lugares visitados, pero quizás más importante, de los diferentes grupos humanos con que se iban topando, creando así un invaluable archivo etnográfico del Brasil del siglo XIX.

Entre sus últimos trabajos encontramos el encargo del emperador Pedro II de registrar el crecimiento industrial del país, en particular la extracción petrolera y la red de comunicaciones terrestres, léase el avance del ferrocarril.

Como es de esperarse, la fotografía de Ferrez no escapa a las tendencias de su momento según sea el género en el que se encuentre, así en el retrato se ajusta, como se ha dicho, al modelo impuesto por Disderi, mientras que el paisaje es animado por el pictorialismo, sus imágenes etnográficas son obtenidas cuidadosamente de acuerdo al concepto de objetividad deseado para las nacientes ciencias del hombre, misma objetividad que encontramos en su trabajo sobre la industria.

Dos últimas observaciones respecto a esta muestra. Dado el esfuerzo que implica montar esta como cualquier otra exposición la UDEM bien haría en dar mayor difusión a estas actividades que si están destinadas a la comunidad estudiantil, bueno sería dirigirlas también a un público mayor y así obtener una mejor imagen y posicionamiento cultural en la ciudad. Y dos, en este mismo sentido, definir para qué quieren sus galerías, para la exposición de trabajos estudiantiles o si desean participar, a otro nivel, en el desarrollo cultura de la ciudad.

xavier.moyssenl@udem.edu
www.veryrepresentar.blogspot.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.