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Lunes , 28.05.2018 / 04:00 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Sin ton ni son

Xavier Moyssén Lechuga

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Este domingo visité el Museo Metropolitano. Lo que ahí sucede, me parece, es un magnífico ejemplo de lo que puede suceder, mejor dicho, de lo que sucede, en los espacios públicos destinados a la promoción y difusión, entre otras, de las artes visuales, cuando no se cuenta con una política cultural seria, clara, expedita, continuada, consensuada, aplicada; vamos cuando, según se ve, no hay ni un plan maestro que permita entender objetivos, misión, función, servicio y actividades que debe cumplir y/o que deben suceder en el espacio en cuestión.

Por medio de la prensa me enteré que el pasado miércoles 27 se abriría al público una muestra de Yolanda Ceballos, una de los participantes en la Bienal de Arte Emergente que se exhibe en el Centro de las Artes; lo que ahí presentó me pareció y me sigue pareciendo de lo más serio e interesante, por lo que gustoso me dispuse a ver lo que sería una muestra individual de su quehacer.

A diferencia de otras ocasiones, ahora el personal del museo no sólo fue más atento que de costumbre, sino que sabía qué se exponía y en qué sala se encontraba. Hasta ahí muy bien, pero lo que sigue es, en el mejor de los casos, confuso, bizarro, sin pies ni cabeza.

También a diferencia de otras ocasiones, la planta baja se encuentra ocupada por otro expositor del que nada se sabe pues no hay mayor indicación ni de él ni de su trabajo. En la planta alta, que es donde generalmente se montan las exposiciones, se encuentran tres muestras, dos mini y una mayor, Terra Verde al parecer de Sharon Kopriva, tan extraña que no puedo ocuparme de ella; a la entrada me dice el bedel que se trata de la exposición gótica, por supuesto que de gótica no tiene nada (a menos que se trate del concepto popular que se tiene sobre la materia), y el par de textos que la acompañan ni aclaran ni se relacionan con lo que se muestra, por tanto, como dije, me es imposible decir algo más sobre ella.

Las otras dos muestras resultaron ser más bien mini, y siendo mi buen amigo Marco Granados quien las curó, se podría decir que son, en todo sentido, minimalistas. En efecto se trata de dos pedacitos de exposición separados por una majestuosa instalación, que a falta de crédito o cédula, diremos se debe al personal de la institución responsable por el montaje de las exposiciones.

Ambas se presentan bajo el manto del PARAC (Programa de Alto Rendimiento en Arte Contemporáneo), por lo que quiero pensar es parte de la formación de estas personas presentarse en público con una muestra individual. La primera de estas minimuestras, según se recorra la planta alta, sería la de Ceballos, Teoría de la transición #398. Tres escuálidos proyectos, uno de los cuales es una versión más breve de lo presentado en el Centro de las Artes. Y digo escuálidos no por los proyectos en sí, que continúo pensando son muy interesantes, sino porque en ese afán por ser muy moderno en todo, la presentación les queda pequeña, casi insignificante.

La otra muestra, Coma águila, no coma plomo de Chuma, es más mini aún, pues sólo la forman 4 piezas, una de ellas un video, que por supuesto no funciona. Como dice Granados en la cédula de presentación, lo fuerte de Chuma es la fotografía, y en esta muestra se lanza a expresarse por otros medios, lo malo es que es tan breve lo mostrado que poco o nada se puede decir sobre este paso que ha dado el productor.

Como se apunta, divide ambas muestras y quizás más con ánimo de llenar el espacio concedido, una impresionante instalación hecha con material de desecho obtenido de alguna construcción, sin embargo por las reacciones y cometarios de las personas con las que tuve oportunidad de estar en el espacio, no creo que les haya quedado claro que eso era una pieza de exhibición y no el material con que se estuviera reparando el techo del museo.

Ahora que todos andan emocionados con las elecciones y uno que otro interesado en ganar algún puesto bien harían, como he dicho, en tomar este caso como ejemplo y proponer algún destino más digno y mejor estructurado para una edificación que debiera ser, para empezar, respetada como una de las construcciones más antiguas de la ciudad. No es que estén mal las exposiciones (eso es otra cosa), pero éstas deben encontrarse dentro de un plan que esté orientado hacia algo, algo que le permita al público entender qué está viendo y por qué. Ojalá de verdad quienes suspiran por la Dirección de Cultura de Monterrey u otro municipio o del estado, más que llevar agua para su molino, se preocupen por fortalecer sus direcciones con sólidos planes de trabajo a largo plazo y con objetivos precisos, quizás así, acabaríamos agradeciéndoselos.

xavier.moyssenl@udem.edu

veryrepresentar.blogspot.com

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