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Jueves , 20.09.2018 / 07:55 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

¿Se puede y se debe enseñar arte? (II de II)

Xavier Moyssén Lechuga

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La semana pasada, a raíz de una discusión iniciada por la escritora Germaine Greer, al afirmar que el arte debía enseñarse en casa y sacarlo del currículum de las escuelas, escribí que sostener una posición a favor o en contra dependería de la concepción que cada cual tuviera sobre lo que es y no es el arte, y cómo debe ser éste, cuál su apariencia y cuál su proceso de creación, o a través de qué se llega a su consecución. También dije que la postura que se asuma y los argumentos que se esgriman a favor o en contra se alinean ideológicamente, por lo que nos revelan otra cara de lo que son las manifestaciones artísticas; sobre este punto regresaremos más adelante.

Si el eje de esta polémica es la concepción que se tenga del arte, no menos importante será lo que se entienda por artista. Posiblemente no hay una palabra más manoseada y devaluada que esta y ello se debe a su uso y aplicación irrestricta, primero a todo aquel que demuestra una cierta maestría en la ejecución de alguna actividad, por lo que hablamos de artistas de la cocina, de ventas y hasta del amor. Pero la palabra igualmente se aplica a toda aquella persona que pertenezca al campo de espectáculo, de tal suerte que todo cantante, bailarín(a), ejecutante, etcétera, recibe sin vergüenza alguna el mismo nombre, todos son artistas. Es obvio que esta falta de rigor en la aplicación del término ha conducido a un estado de confusión, irreflexión, abusos y fraudes, del cual han salido más beneficiados, por absurdo que parezca, los menos dotados o capaces.

Así pues, para quienes son artistas todos los que he mencionado anteriormente tendrán la idea de que es posible formarlos y que hay que tener escuelas, especializadas incluso, para su mejor desempeño. El lado opuesto, que tendría una idea mucho más restringida respecto a qué es un artista, sería de la opinión que no se pueden formar o capacitar más allá de lo elemental (enseñar a escribir y leer, por ejemplo; conocer el círculo cromático, saber las notas musicales, etcétera).

A estas dos posturas pudiéramos enfrentarles una tercera, una más contemporánea que parta de un análisis divergente, más complejo y actualizado de lo que es el arte en sí mismo y sus productores o artistas. Al respecto me aclara Juan Alberto Mancilla, quien no solo es un extraordinario productor, sino un experto en la didáctica de las artes a la que le ha dedicado, desde el sector oficial, buena parte de su trayectoria:

“Te comento que en educación básica la asignatura de artes nunca ha tenido el objetivo de formar artistas, sino personas que adquieran la sensibilidad, la creatividad y la percepción, habilidades del pensamiento artístico, con ellas se pretende que sean personas que aprecien las manifestaciones artísticas, que conozcan los bienes culturales y que ejerzan su derecho a disfrutar la cultura. Además que en un momento dado se apropien de un lenguaje artístico que les permita comunicar ideas, sensaciones y emociones”.

Por lo que se ve, al menos en lo que es la educación básica –y esperemos que esta clase de avances no se vayan a malograr con la supresión de la Reforma Educativa– no se piensa ni se cree en la formación o educación de los artistas; en su lugar la apuesta es mucho más ambiciosa, se busca difundir, nada más ni nada menos, algo que yo llamaría educación en el arte, cuya finalidad sería tener una comunidad sensible, conocedora, apreciadora y fomentadora de las manifestaciones artísticas que genere ella misma o se le ofrezcan. No solo se ganarían nuevos públicos de esta manera, sino que actitudes como la tolerancia y el ser incluyentes se verían favorecidas y potenciadas lo que traería, sin lugar a dudas, un mejoramiento del clima social.

Haciendo extensiva esta educación desde el nivel básico, hasta los niveles universitarios, quien sintiera la inclinación por las letras, la pintura, la música, etcétera, tendría una visión más clara de lo que quisiera ser y hacer el resto de su vida, y así buscar la especialización que requiriera, pero más como consecuencia de su sensibilización en el disfrute y conocimiento de las manifestaciones artísticas que como resultado de una educación específica para la formación de artistas.

Una comunidad formada por miembros sensibles a las artes, a las humanidades, educados cívicamente es, por extensión, una comunidad participativa, pero también mucho más crítica y demandante. En este sentido es obvio que habrá gobiernos e instituciones privadas que preferirán erradicar de los currículos este tipo de conocimiento para ser sustituido por aquel que se centre en el beneficio personal, individual, instantáneo, material. También en este sentido es que la educación se convierte en una valiosa herramienta por la que se está dispuesto a ir al debate público. Lo que hay que tener claro aquí es que no es un problema que se restringe al campo educativo, sino que son tendencias de la sociedad en su conjunto, si no está dispuesta o no puede cambiar sus actuales pautas de proceder, difícilmente se podrá pedir y esperar algo más de la educación.



moyssenl@gmail.com
https://soloartesvisuales.blogspot.mx

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