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Lunes , 24.09.2018 / 20:31 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

¿Se puede y se debe enseñar arte? (I de II)

Xavier Moyssén Lechuga

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A fines del mes pasado se entregó en Londres el premio South Bank Sky a las artes visuales. Este año la galardonada fue la pintora Rose Wylie (1934), quien fue presentada por la conocida escritora y polémica intelectual Germaine Greer (1939). Durante la rueda de prensa, Greer sorprendió al afirmar que el arte no debiera enseñarse más en las escuelas, sino que es algo que se debe desarrollar en los hogares.

El tema y la postura con respecto a la relación institución educativa-enseñanza del arte, me recordó la misma polémica desatada hará unos cinco años o algo más, por el maestro uruguayo Luis Camnitzer (1937), quien igualmente comentó sobre la incapacidad de las universidades para la enseñanza de las artes. Antes de continuar conviene hacer un par de aclaraciones. La más importante, quizás, el tema y la o las controversias que pueda despertar dependen, en buena medida, de nuestra idea acerca de qué es el arte y cómo debe ser. Es obvio que a diferentes concepciones de lo que es o debiera ser el arte le corresponden posturas, igualmente, diferentes, respecto no solo a si se enseña o no, sino también de quién depende esa enseñanza, con qué garantía lo lleva a cabo, qué representa para el conjunto social, etcétera. Y dos, que sea el mismo tema el que abordan Greer y Camnitzer, de ninguna manera significa que su postura, teórica e ideológica, sea la misma. Sobre este punto regresaré en un momento más.

Me parece que ambos personajes, así como el grueso de la sociedad conciben al arte de manera similar, esto es, convencionalmente. Dan por sentado que hay una o unas personas que por diversas circunstancias –por ejemplo, por haberse sometido a una preparación o capacitación– se expresan por medio de objetos–fabricados por ellos o no– bi o tridimensionales que se presentan o son presentados socialmente como arte, para ser asumidos y legitimados como tal por un grupo reducido, minoritario, elitista. Sobre esta idea gira toda la discusión emprendida tanto por Greer como por Camnitzer y, sin duda, por muchos más.

En sus recientes declaraciones, Germaine Greer sostiene que el arte, al ser imposible de evaluar objetivamente, no tiene caso que se intente enseñar en la escuela; que ésta, se encuentra incapacitada para formar artistas, por lo que mejor sería que se cultivaran en los hogares y no se desperdiciara tiempo y recursos, incluyéndola como materia en los currículos escolares. La escritora debe su celebridad a ser notoria representante del llamado feminismo de la segunda ola; además del reconocimiento a su obra más difundida Female Eunuch (1970), se ha ganado el respecto y admiración de todos por sus controversias públicas, por ejemplo, con Norman Mailer a favor del feminismo. Pero también ha llamado la atención por sus contradictorios comentarios sobre el transexualismo, el movimiento #me too, los feminicidios y la violación.

Por su parte Camnitzer, sostiene, a pesar de ser profesor emérito de la State University of New York (SUNY), que es un fraude el que las universidades intenten enseñar arte, entre otros argumentos, porque el arte es libertad de acción, rebeldía, experimentación, atrevimiento, ir en contra de lo establecido, etcétera, actitudes, conductas, que son no solo rechazadas por la sociedad, sino incluso, en algunos casos, castigadas, reprimidas por indeseables.

Me parece, pues, que las posturas de ambos intelectuales, más allá de las apariencias superficiales, son muy distintas, así como también queda claro que lo que se discute tiene implicaciones que van más allá de esta capacidad-incapacidad para la enseñanza de las artes por medio del sistema escolarizado. Más bien parece que se trata de una asonada en contra de la presencia de las artes en las escuelas, es más, yo diría que a escala global, México incluido, por supuesto, hay una fuerte tendencia que busca eliminar no solo las artes de los programas de las escuelas públicas en particular, sino todas las humanidades para favorecer los aprendizajes tecnológicos. Esto, que podemos tomar por el núcleo de la polémica, lleva inevitablemente a la toma de posiciones ideológicas, y en consecuencia, sociales y políticas.

El pragmatismo, el inmediatismo, el individualismo, el utilitarismo, la poca claridad y certidumbre con respecto al futuro al que nos condena el mundo contemporáneo lleva, si no al rechazo, sí a la mediatización de las artes, como obras suntuarias de la vida social, de ahí que no sean responsabilidad del estado y que se deje su cultivo y difusión en manos de particulares que pueden darse el lujo de pagar su ocio. Si las escuelas de educación superior y universidades se alinean con esta visión, sería obvio que lo último que desearían promover es una actitud rebelde y contestaría. Siempre será mejor enseñar a sumar y multiplicar, a repetir, que a pensar y cuestionar. ¿Pero qué pasaría si sacamos del currículo de las escuelas públicas –y aun de las privadas– a las artes y demás humanidades?, ¿quién o quiénes y con qué intenciones las fomentarían, bajo qué ideas, con qué fines?

moyssenl@gmail.com
https://soloartesvisuales.blogspot.mx

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