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Lunes , 16.07.2018 / 10:32 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

¿Regreso a la cordura?

Xavier Moyssén Lechuga

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Dos notas, aparentemente sin relación, me llevan a compartir con ustedes las siguientes reflexiones acerca del presente y futuro de la fotografía.

Un amigo me llama la atención sobre el lanzamiento del nuevo modelo M-D de las cámaras Leica que, entre otras gracias, carece de pantalla en la parte posterior a pesar de ser un aparato digital, o sea que no se puede ver de inmediato qué es lo que has fotografiado, como nos hemos acostumbrados a hacerlo. Me pregunta este amigo si la Leica no estará insinuando alguna tendencia con este modelo que, en el mejor de los casos, podríamos denominar retro, o si no se estará curando en salud previendo cambios a futuro en la práctica de la fotografía.

La segunda nota es el renacer de la película, y por tanto, de las fotografías Polaroid. No sólo se siguen cotizando a precio de oro antiguos rollos que aún es posible encontrar prácticamente en cualquier ciudad del mundo, o aún se buscan los modelos que hubo de cámara, sino que se están diseñando nuevas y se va retomando la producción industrial de un tipo de película que ofrecía imágenes, por llamarlas de alguna manera, protodigitales, es decir, que podías conocer inmediatamente después de la toma gracias a un proceso químico que nada tiene que ver con la misma facilidad que nos brinda la imagen digital. La nota de donde he sacado esta información hablaba de una cierta nostalgia por la imagen enmarcada en un cuadrado blanco típico de la Polaroid y que hoy en día ningún sistema lo ofrece a no ser que se manipule digitalmente, como se hace, por ejemplo, con los colores para obtener imágenes "POP" o "tipo Warhol", o sea, se añora el observar la imagen impresa, transformada en un objeto físico, ya no basta con verla reflejada en una pantalla.

Cierto es que la publicidad tanto de la Leica M-D como de la nueva Polaroid, con sus referencias o alusiones a un pasado idílico, en el que su majestad era la habilidad, conocimientos e intuición de los fotógrafos, tiene por finalidad vender su producto y que si mañana contradicen los argumentos que hoy emplean, poco interesa siempre y cuando sigan vendiendo. Aun creyendo en lo anterior como si viniera de la misma Biblia, no puedo desconocer dos hechos: uno, la importancia que la tecnología ha tenido en el desarrollo de la fotografía, y por tecnología me refiero tanto al diseño del cuerpo de las cámaras, los lentes, sus sistemas ópticos y mecánicos, como a la capacidad y versatilidad de las películas, por sólo hablar de lo sucedido con la fotografía analógica. Es decir, fue por aspectos como éstos o gracias a ellos que se obtuvieron e imprimieron las imágenes que no dejan de sorprendernos. Cada nuevo elemento que se le incorporaba o desincorporaba a su tecnología, daba por resultado, por más pequeño que fuera su efecto, un diferente tipo de imagen.

Y, dos, me parece que la industria a través de su publicidad, con la manera en que manipula sus mensajes, es capaz no sólo de dar lugar a una tendencia, sino de dirigirla hacia un fin del que puede o no estar plenamente consciente.

Lo que tienen en común las noticias a las que me he referido, o la razón por la cual las relaciono, es que ambas se refieren, en el fondo, a una especie de racionalización en la práctica de la fotografía, es decir, la reflexión que debería ocurrir (al menos así sucedía en el pasado) entre la toma y su posterior visualización, ya fuera en el laboratorio, ya en su impresión. Esta pausa era la responsable de que tuviéramos fotografías memorables, pues le permitían al fotógrafo estudiarlas, seleccionar la mejor de ellas e incluso editarlas de acuerdo a sus fines y funciones. Esta pausa se sumaba al momento de accionar el obturador de la cámara, a aquel en que en el visor aparecía la composición que se estaba buscando o construyendo. Era ahí, en el trato con la imagen visual, no la digital, en la que se creaba una fotografía.

Quiero pensar que así como me topé con esta información, debe haber muchos otros casos semejantes, apuntando todos a la misma diana, calidad de imágenes, no cantidad de ellas. Con tan escasos datos es imposible saber si estamos o no frente a nuevas tendencias. Quiero creer que algunos ya se han empezado a aburrir de tener millones de imágenes a diario y no poder ver ninguna. Por desgracia, la mayoría de las que llegamos a contemplar, son de tan cuestionable calidad que orillan a no ver más. Me gustaría creer que, por lo menos en algunos casos, hay una vuelta a la cordura y que su ejemplo se puede generalizar.

xavier.moyssenl@udem.edu
www.veryrepresentar.blogspot.com

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