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Domingo , 24.06.2018 / 01:43 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Reformar la historia

Xavier Moyssén Lechuga

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El término y la acción de desclasificar — literalmente sacar algo del conjunto en que se encuentra, pero aún más importante, hacer público lo que anteriormente era secreto o estaba en reserva— se ha hecho popular en la medida que se van cumpliendo los plazos que mantenían en secreto o sin difusión una gran cantidad de material que se fue acumulando principalmente durante la primera mitad del siglo XX, de la misma manera que dentro de algunos años se darán a conocer los documentos que hoy día se encuentran clasificados. Este material, que lo mismo proviene de instancias públicas que privadas e incluso personales, es de la mayor importancia pues en ocasiones y dependiendo del tema, permite no sólo conocer otros puntos de vista, establecer relaciones que no se habían tenido en cuenta, obtener datos, cifras, cuadros, etc., sino confirmar y reafirmar las versiones históricas en curso, completarlas, o bien desmentirlas y exponerlas como mentiras, desviaciones o falsas interpretaciones.

A inicios de los años ochenta del siglo pasado, Shifra Goldman publicó su tesis doctoral Pintura mexicana en tiempos de cambio (1981), aunque en ella estudiaba principalmente al movimiento nueva presencia como una parte o componente de la ruptura, dedicó interesantes párrafos a la denuncia del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América, a la OEA y algunas compañías petroleras norteamericanas y transnacionales, por su intervención en el desarrollo de políticas culturales afines a sus intereses. Dos años después el profesor SergeGuilbaut exhibió a través de su libro Como Nueva York robó la idea de Arte Moderno (1983), el uso que desde el gobierno de los Estados Unidos se hizo de movimientos artísticos y culturales como armas en la Guerra Fría. Hace tan sólo tres años Claire F. Fox, por medio de la Minesota University Press, publicó Making Art Panamerican. Cultural Policy and the Cold War, en él, no sólo retoma el mismo tema sino que lo ubica concretamente como elemento clave en la génesis del arte contemporáneo latinoamericano, en el momento exacto en que se da la famosa ruptura. Hoy día a través de diferentes blogs y páginas culturales se han ido dando a conocer más detalles del tema a la vez que resuenan los nombres de Marta Traba, Alejandro Orfila y en especial el de José Gómez Sicre, como los responsables intelectuales y a la vez secretos de la implantación del arte contemporáneo en Latinoamérica patrocinados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

Todo lo anterior se sabe gracias, precisamente, a que se han desclasificado archivos del gobierno de los Estados Unidos, de la OEA y los de Gómez Sicre. Es ahora labor de los historiadores, someter estos documentos a diversos criterios a fin de conocer y determinar su pertinencia, certidumbre y veracidad, pero supongamos por un momento que es verdad fuera de toda duda y que allá por la década de los 50 del siglo anterior, se fraguaron desde los Estados Unidos una serie de acciones destinadas al destierro de un arte política y socialmente comprometido para substituirlo por manifestaciones neutras o no agresivas en contra del país y sus intereses comerciales, políticos e ideológicos, y que para ello contaron con un importante grupo de intelectuales y productores lo mismo de Latinoamérica que de otras partes del mundo, y que al final, tales planes y políticas triunfaron y que es por eso que contamos con un arte contemporáneo de fama internacional.

Me parece claro que de ser así necesitaremos rehacer, reescribir esa parte de nuestra historia del arte, ampliar las investigaciones y emplear nuevos puntos de vista, otras metodologías que nos vayan permitiendo construir esa otra historia con los nuevos datos pero también con los que ya conocemos, de tal suerte que tengamos una versión más completa, más veraz, más cercana a lo que pudo ocurrir en aquellos tiempos.

Dos lecciones veo en este breve ejemplo: una es que debemos aprender a acercarnos a la historia no como fuente de autoridad o certezas inapelables sino como plataforma que nos permita seguir construyendo la verdad o mejor dicho aquello que en un momento dado creemos es la verdad. Y, otra, estar conscientes que la historia, la clasificada y la desclasificada, la hacen los hombres, y que su acción se da en su presente y que en ese presente tiene un significado que puede o no cambiar en el futuro; en tanto no llegue —ese futuro — no hay otra que seguir fiando en la historia que conocemos.

xavier.moyssenl@udem.edu
www.veryrepresentar.blogspot.com

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