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Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Otro poco acerca de la pintura

Xavier Moyssén Lechuga

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Como saben, una parte del contenido de esta columna son comentarios, observaciones, críticas en las que se señalan aciertos o yerros de algunas de las exhibiciones que se montan en la ciudad. En esta ocasión haré una variante, no voy a hablar directamente de una exposición, pero todo lo que diga sobre la pintura en particular ha sido motivado por lo visto en una de ellas, Awakenings, de Carlos Balderrama, presentada este mes de mayo en la galería Casa Gotxikoa.

Prácticamente toda mi vida la he dedicado al estudio de la historia, la teoría, la sociología y psicología de un sistema veleidoso, ambiguo y heterogéneo que, convencionalmente y para no entrar en más detalles, hemos dado en llamar arte. Del arte, me han interesado en particular las manifestaciones que se engloban en la denominación de artes visuales. Entre los aficionados cada vez es más aceptada la idea de que este sistema, el arte, ha cambiado por completo y que la pintura, si no ha muerto aún, sí vive uno de sus momentos más complicados; no obstante para el público en general, entre el cual se encuentran no solo los habituales reacios a toda manifestación artística, sino también importantes coleccionistas, promotores y educadores, aún persiste la resistencia, la oposición y hasta el combate a esta idea, condenando todo lo nuevo simple y sencillamente por serlo (y no entenderlo).

El decir que en los últimos 20 años han cambiado radicalmente las artes visuales, al grado de llevar a uno de sus momentos más críticos a la pintura, no es de extrañar, puesto que desde años antes ya se estaba transformando el mundo tal y como lo habíamos conocido, por lo menos a lo largo de los siglos XIX y la primera mitad, o un poco más, del XX. No es de extrañar, porque lo único seguro es el cambio y no hay razón que hiciera suponer que el arte se podría mantener al margen de esta ley de la vida. Ahora bien ése no es, desde mi punto de vista, el problema; lo que hay que cuestionar es por qué ha tomado ésta y no otra dirección; qué es lo que lo empuja en ese sentido; qué consecuencias puede traer consigo; si es posible volver a cambiar, y si se están construyendo, entre otras muchas cosas, nuevas coordenadas con las cuales o a partir de las cuales se orientará de ahora en adelante la producción, en este caso, pictórica.

He tenido la suerte de ver recientemente dos buenas exposiciones de pintura (Éxtasis del color de Rufino Tamayo; Azul de Prusia de Yishai Jusidman) que me permitieron confirmar y mejor apreciar los valores de la pintura moderna, a la vez que gracias a ellas y por el contraste que presentan, por ejemplo, con la exposición de Balderrama, entender cómo y en qué sentido se ha movido, o se está moviendo, la pintura en nuestros días. Aclaro: lo que he dicho de ninguna manera significa que lo hecho por el joven productor sea equiparable a lo de Tamayo o Jusidman, son muchos, muchísimos años los que separan estos trabajos… Estuve a punto de escribir que le faltaba mucho a Balderrama para ser semejante a los otros dos pintores… pero no, y ésta es una de las variables que nos indican hacia dónde o por dónde se mueve la pintura, el arte contemporáneo.

Me explico: tanto para Tamayo como para Jusidman, la pintura es una poderosa herramienta que les permite tomar del mundo natural objetos, situaciones, acontecimientos, personas, paisajes, etcétera, para ser transformados, modificados y así revelar otras facetas, otros contenidos, que solo aparecen cuando esas cosas y personas son pintadas, o fotografiadas o dibujadas. Es un valor muy alto el que le conceden a la pintura, un rol de alta responsabilidad, pues es a través de ella, de la pintura, que se enriquece nuestro conocimiento y sensibilidad respecto a la vida, al mundo, los demás y nosotros mismos. Son los valores del arte moderno.

Nada de eso encontraremos en las pinturas de Balderrama, no porque no entienda esta función, no porque no sepa de la fuerza de la pintura, no porque no conozca lo que ha sido la pintura en el pasado; no lo encontramos en este conjunto de pinturas simple y sencillamente porque no le interesó tal responsabilidad; en el proceso que siguió nunca lo tuvo presente. No digo que no pueda hacerlo o que jamás se acercará a la pintura como lo han hecho tantos a lo largo de la historia de la pintura de Occidente, lo que digo es que por el momento no le interesa ese tipo de pintura.

Dos grupos son los que Balderrama presenta en esta exposición. Ambos más que nada son una respuesta, un hacer un tanto juguetón, desinhibido, sin compromiso, hechos como para ver qué sucede cuando se pinta. Por lo que no es casualidad que un grupo esté, por decirlo de alguna manera, dedicado a Lucio Fontana y el otro a Yayoi Kusama, ambos autores retadores de la pintura tradicional, por tanto, buen punto de arranque para el siguiente paso.

Ahora podemos decir que si el arte, la pintura, han cambiado, en buena medida se debe a la manera y razones con las que los productores se acercan a sus medios y quehacer. Ésta es, pues, una de esas variables que muestran el cambio y el camino que se va haciendo.

moyssenl@gmail.com

https://soloartesvisuales.blogspot.mx

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