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Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Lo que se nos puede venir

Xavier Moyssén Lechuga

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Obviamente a dos días de haberse confirmado el cambio en la administración federal no puede saberse qué es lo que sigue ni cómo será. Es más, debemos esperar a que llegue el primero de diciembre para empezar a ver algunas señales de posibles cambios, y de ahí a que sean efectivos y saber sus consecuencias faltará otro poco; para que nos afecten en el día a día en Nuevo León, faltará otro tanto, y para que se vea de qué manera afectarán a la vida cultural del país mucho más, y la de nosotros en Monterrey aún más, y eso si es que llegaran a tener algún efecto.

Lo que sí podemos hacer es revisar críticamente a quienes hasta ahora se ha anunciado serán los titulares del próximo gabinete. En el caso de la Secretaría de Cultura se presentó a la señorita Alejandra Frausto Guerrero, una dama de muy corto currículo pero que gusta, como muchas seudointelectuales de la dizque izquierda, presentarse a lo Frida Kahlo, lo que se justifica por ser la directora de culturas populares, indígenas y urbanas de la propia Secretaría, puesto que obtuvo, según dicen, gracias a algunos favores que le debía Rafael Tovar y de Teresa (+). Como otros muchos de los que serán responsables de cargos públicos, Frausto Guerrero ha sido cuestionada por su honradez y transparencia en el uso de los recursos públicos con que ha contado. Funcionaria, responsable de la cultura en Guerrero en la poco clara administración del Ángel Aguirre, su logro más meritorio fue la creación del festival Acuérdate de Acapulco, del que, quizás, ni memoria se guarde. Tampoco es muy clara su relación con el Claustro de Sor Juana, del que fue directora de extensión cultural. En síntesis, doña Alejandra habla bien y se ve una mujer inteligente, emprendedora, ambiciosa, sagaz, trepadora. ¿Por qué será secretaria de Cultura? La verdad, por lo que se sabe de ella y de su trayectoria, no lo sé.

Durante la campaña Frausto llegó a presentar un librito intitulado El poder de la Cultura, en el que muestra de manera esquemática lo que sería el proyecto cultural del próximo gobierno. Según lo entiendo, tiene tres grandes ejes de acción: uno, infaltable estos días, propiciar el acceso y uso creativo de los medios electrónicos. Dos, llevar la cultura, las manifestaciones artísticas en todas sus manifestaciones, al pueblo. Y, tres, ampliar las redes de distribución y exhibición con que cuentan las artes. La interrelación entre estos tres ejes es más clara si ponemos el siguiente ejemplo. Supongamos que el estado se vuelve coproductor de una película a través de su política de exención de impuestos. Su distribución, lo sabemos, dependerá de los circuitos comerciales, ¿cómo hacer para que llegue a más espacios y más público? Fácil, la distribuyes, por ejemplo, entre diversos municipios y la proyectas, electrónicamente por supuesto, contra la barda de esta o aquella escuela, mercado o centro comunitario, con lo que se cumple el objetivo de ampliar los canales de difusión y circulación y el de llevar la cultura, en este caso el cine, a más públicos. Me queda claro así que lo suyo, lo suyo, es la reunión en la plaza pública.

En esta línea cuenta con un recurso más: revivir las famosas Misiones Culturales de Vasconcelos; de ellas nacieron, por ejemplo, los no menos famosos libros de Lecturas clásicas para Niños y el de Lecturas para Mujeres, ambiciosas antologías de la literatura clásica para, en ese entonces, un pueblo mayoritariamente analfabeto. De ahí que ya muy pocos las recuerden y menos aun pretendan revivir el proyecto que les dio luz. Por supuesto que volver a hablar de las Misiones Culturales del ministro Vasconcelos tiene que ver con ese espíritu nacionalista con el que tendremos que acostumbrarnos a vivir, pero que desconoce supinamente las condiciones históricas, sociales y culturales que llevaron a los gobiernos emanados de la Revolución a tomar unas y no otras decisiones.

Pero quizás el yerro más grave de este proyecto que se propone para el próximo sexenio sea el intento de llevar la cultura al pueblo. Ya en muchas otras ocasiones me he detenido a discutir esta idea. Por supuesto que ampliar el acceso a las manifestaciones artísticas, así como su oferta, deben estar en el centro de cualquier política pública, pero no se le puede dar a nadie lo que no quiere, lo que no conoce, lo que no le interesa. Quizá mejor debiera hablarse de programas para la formación de públicos y, sobre todo, de estrategias que sirvan para atraer, a ese pueblo que se quiere servir, al conocimiento y disfrute de la amplia variedad que presentan las diversas prácticas artísticas. Mientras no se piense, creo yo, de ésta u otra forma que no sea el dilapidar recursos llevando orquestas sinfónicas a pueblos fantasma, no se podrá hablar de avances en el campo de la cultura.

Dice Frausto que en este nuevo gobierno la cultura será central y palanca de desarrollo, estabilidad y cambio verdadero. Como dije al principio, aún es muy pronto para saber qué pasará, pero si mientras hay que creer en la que nos propone esta señorita, no hay nada que me impida seguir pensando que esto ha sido un tremendo error.

moyssenl@gmail.com
https://soloartesvisuales.blogspot.mx

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