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Lunes , 15.10.2018 / 04:35 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Lo que no se ve

Xavier Moyssén Lechuga

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Hace poco me obsequiaron uno de esos bloques de papel que sirven para tomar recados y notas rápidas; lleva en su portada un detalle de una de las fotografías más conocidas de Lewis Hine..., exacto, la de una de las muchas niñas y niños que trabajaban en las hiladoras de algodón allá, al rayar el siglo XX, en el sudeste norteamericano. La cito ahora porque además lleva impresa una enigmática afirmación: "Una foto no es lo que ves", la cual me viene como anillo al dedo para hablar de la exposición Cuatro series, de Roberto Ortiz Giacomán.

La exposición fue abierta al público el pasado 17 de agosto en el auditorio de la Facultad Libre de Derecho y se encuentra formada por fotografías provenientes, efectivamente, de cuatro series: Cañón de San Judas, Personajes entrañables, Figuras en el paisaje y Atlas de nubes. Salvo esta última, las otras tres representan, principal y espléndidamente, el paisaje de la región. El Atlas de nubes, como su nombre lo indica, es la reunión de una serie más o menos sin chiste de nubosas formaciones; no digo que estén mal, pero es que después de Stieglitz, aunque formalmente sean distintas, no ha habido fotógrafo que no se sienta tentado a acompañar al padre de la fotografía moderna en su experiencia abstracto-emocional, aportando muy poco o nada a tan complicado y exquisito tema.

En cambio, difícilmente se podrá encontrar otro paisajista con tanta profundidad y ojo tan experto para su tema, como el de Ortiz Giacomán. Si concienzuda, paciente y casi obsesiva es cada una de las tomas que realiza, no menos sucede con su exposición o presentación pública, la cual suele ser parca, pero memorable.

En su intervención durante la inauguración, Roberto Ortiz expuso, explicó, una serie de detalles que idealmente debieran provocar un acercamiento más consciente, más lúcido, más enterado, a todas y cada una de las piezas que presenta. Desde el trabajo más obvio que es el tener que clasificar y ordenar el material con que se cuenta para saber qué es lo que se puede hacer con él, hasta encontrar los conceptos correctos, exactos, que den cuenta del tipo o proceso de impresión y el soporte sobre el que se ha materializado la imagen que ahora y aquí se ve, pasando por las razones para que haya distintos formatos (tamaños) y maneras de presentación. ¿Qué razón puede tener el productor para detenerse en ofrecer datos tan especializados, cuando incluso las cédulas de los museos tienden a ser cada vez más simples?

En primer lugar, me parece, la necesidad de encontrar y contar con una metodología que pueda ser asumida por cualquiera, a la vez que un lenguaje que también sea compartido por todos, pero que sea exacto y sin ambigüedades, fiel a lo que sucede realmente, que esté pensando en la comunicación entre pares, pero también con el futuro, con los conservadores, catalogadores y, eventualmente, restauradores, quienes al tener el día de mañana mejor y más precisa información podrán realizar mejor su trabajo. Pero igualmente ha de estar dirigido a los coleccionistas, a los compradores que deben saber qué cuidado hay que dar a la fotografía recién adquirida, cuánto tiempo puede durar, a qué problemas se puede enfrentar. Recordemos que la claridad y precisión que más o menos se había alcanzado en la época de lo análogo vino a desdibujarse en la medida en que se fueron apoderando del campo los procesos electrónicos, que lejos de facilitar su comprensión la han hecho más ambigua y caprichosa.

Ahora bien, ¿es necesario todo esto para que sea una buena fotografía? Quizás no, pero si admiramos la nitidez, la limpieza, la profundidad, la atmósfera de una imagen, debemos saber que se debe a la claridad, la certeza, el conocimiento que tiene su autor acerca de lo que hace, cómo lo hace y para qué lo hace. Una fotografía no es lo que ves, o debiera decir; no es únicamente lo que ves, sino que también son todos estos otros factores lo que la hacen grande, trascendente, valiosa.

Así pues, estas fotografías de Roberto Ortiz tampoco son lo que vemos en ellas. Durante la inauguración, Gerardo Puertas se preguntó: "¿Qué nos dicen las montañas de Monterrey y las fotografías de Roberto Ortiz Giacomán? Me atrevería a afirmar que sustancialmente nos proponen, a través de las imágenes de parajes de belleza deslumbrante, un conjunto de valores humanos que nos convocan a ser mejores personas y mejores ciudadanos: firmes y rectos, fuertes y verticales, fértiles en nuestro pensar y fecundos en nuestro hablar, hospitalarios y generosos. Ese –no otro– es el paradigma de nuestra serranía".

xavier.moyssenl@udem.edu
www.veryrepresentar.blogspot.com

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