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Domingo , 23.09.2018 / 14:06 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Fotografía e identidad (I)

Xavier Moyssén Lechuga

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El tema de la identidad –el proceso mediante el cual aprendo cómo soy y, en consecuencia, a quiénes me parezco y a quiénes no– viene de muy lejos en el tiempo, tanto así que se piensa pudo ser una de las causas por las cuales empezaron a gestarse las manifestaciones culturales. Hoy sabemos que tiene más que ver con factores culturales que con biológicos o naturales.

La idea de identidad con la que nos movemos, más allá de los estudios sociales, etnológicos, psicoanalíticos, filosóficos, que han hecho suyo el tema dando lugar a un gran número de estudios y teorías, está asociada a cuestiones de poder y de control, por lo que podemos ubicarla a partir del siglo XIX, en plena Modernidad, y, por tanto, asociada a la fotografía. Poseer un carnet de identificación con nuestra foto, nuestro retrato, para estar autorizados para realizar un sinnúmero de actividades, es parte del sistema iniciado prácticamente desde la aparición de la fotografía, al asignársele, entre otros, el registro fisionómico –y en otros casos antropológico– de propios y extraños.

El pasado 23 de febrero Marco abrió al público la exposición Estructuras de Identidad, fotografía de la Colección Walther. Sin lugar a dudas una de las más relevantes que, en términos de fotografía, hemos tenido en la ciudad. Se trata de una muestra del contenido de esta colección que inició sus exposiciones públicas en el 2010 y que tiene por objetivo la investigación, recopilación, exposición y publicación de la fotografía y el videoarte; se han especializado en los trabajos de África y Asia, aunque con valiosos ejemplos de fotografía europea y norteamericana, y aunque su medio es más bien lo contemporáneo, no por ello han dejado pasar importantes referencias históricas que dan sentido, raíz, a los propósitos de la Colección.

La exposición, como pocas, invita a ser visitada por todo tipo de público, desde los que vienen a conocer el museo y se topan con ella, hasta los especialistas y expertos en fotografía que no la hubieran conocido con anterioridad, así como otros profesionales interesados y/o preocupados por el tema de la identidad, que es, como se ve, el asunto que vertebra la exposición o con el que se le titula.

Por mi parte, en esta primera entrega, más que discutir de qué manera la fotografía funciona en la construcción –y/o deconstrucción– de la identidad, me gustaría dedicarla a exponer lo que evidentemente es uno de los rasgos distintivos de la Colección, su preocupación por hacerse de series y secuencias de fotografías, a través de las cuales, suponen, es cómo, subjetivamente, van apareciendo tipos, clases, clichés, incluso los estereotipos, que al ser propagados por la fotografía –los medios– van formando parte del imaginario colectivo.

Habría que distinguir –y la muestra es rica en ejemplos de ello– una secuencia y su objetivo aparente, de una serie. Una de estas es, por ejemplo, la reunión dentro de un mismo marco, de varias tarjetas de presentación (Carte de Viste), aunque diferente a los tallos, hojas y frutos, fotografiados por Karl Blossfedtl e impresos, ya en el siglo XX, en sus dos conocidos libros. En el primer caso se trata de una serie, por decirlo de alguna manera, creada por los curadores de la Colección, a fin de hacer ver, por ejemplo, cómo este tipo de retrato se convirtió en un modelo prácticamente inmutable. Mientras que el mundo vegetal del alemán tenía el propósito contrario, mostrar la enorme e inagotable variedad de formas que hay en la naturaleza. De estos ejemplos de serie derivan otros más contemporáneos, como las famosas estructuras industriales del matrimonio Becher, o la galería del terror de Avedon, intitulada La familia.

Por su parte, una secuencia es una sucesión de fotografías que se presenta a fin de dar a conocer los cambios, a corto o largo plazo, que puede sufrir una persona, un objeto, un espacio, ejemplos de ello son Piel del chino Zhang Huan, o Restricciones del campo de visión, del alemán Jürgen Klauke. Habría un tipo especial de secuencia que, al contrario de las que hemos señalado, exhiben la inmovilidad o monotonía, como las avenidas fotografiadas por Ed Ruscha y Stephen Shore. Una versión más contemporánea de secuencia sería la extraordinaria instalación a diez videocanales intitulada Windows de Mikhael Subotzky & Patrick Waterhouse, en ella vamos recorriendo y viendo a través de sus ventanas, el entorno que circunda la torre Ponteque, en su momento, fue la más alta en Johanesburgo.

Me resulta claro, que sean o fueran así originalmente, o posteriormente, agrupadas artificialmente, no es lo mismo observar una sola fotografía que el tener oportunidad de conocer la serie o secuencia a la que pertenece o con la que se le puede asociar; casi por conclusión diría que, individualmente o en conjunto, se entienden y se ven, a partir de este momento, de diferente manera. Digamos que verlas así, en secuencia o en serie, es otra manera de ver la fotografía. Y esta es solo una de las muchas conclusiones que se puede obtener de la visita a la Colección Walter, sin duda una colección distinta a muchas otras de fotografía.

moyssenl@gmail.com

https://soloartesvisuales.blogspot.mx

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