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Domingo , 22.07.2018 / 08:09 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Dos precisiones necesarias

Xavier Moyssén Lechuga

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Recientemente, durante la presentación de la segunda edición del catálogo de la Pinacoteca de Nuevo León, Jorge García Murillo, una de las personalidades con las que compartí el presídium, al hacer su balance sobre la conformación de la Colección de la Pinacoteca, entre muchas otras cosas con las que estoy de acuerdo en su mayoría, me pareció se lamentó o quejó de la que él supone es poca representatividad, en el acervo estatal, de la pintura abstracta. Me detengo aquí porque dicho con la autoridad, simpatía y convicción con que el maestro García Murillo suele dar sus conferencias, pareciera que es verdad, cuando, desde mi punto de vista el tema no es exactamente como se dijo.

Aunque aparece en dos o tres de los libros canónicos de la historia del arte local (que deben ser revisados permanentemente), incluso en el texto mismo del catálogo, la historia de esta colección, la del Estado, la de la Pinacoteca, está aún por escribirse, por lo que es importante proceder con tacto y no sacar conclusiones apresuradas. La supuesta poca representatividad de la pintura abstracta se resuelve, primero, pensando en las condiciones y tiempos bajo los cuales se ha desarrollado la actividad cultural en el Estado, por lo que las tendencias abstractas no sólo habrían sido escasas por falta interés, gusto y, en consecuencia, de compradores, sino que también habrían hecho su aparición tardíamente.

Así pues, comparativamente hablando y tomando en cuenta esta sola variable, el número de pinturas abstractas siempre será menor al de cualquier otra tendencia, y conforme crezca la colección, cada vez más será minoría. Por más que nos parezca ésta una aberración, no hay poder humano que la modifique o revierta, simple y sencillamente así es nuestra historia.

Una buena parte de quienes participamos de y en la mal llamada comunidad cultural del Estado, estamos de acuerdo en que es necesaria una reestructuración total del Conarte. Muchos son los argumentos que se dan para pedir ésta y otras acciones tendientes a la mejora del organismo rector de las políticas culturales del Estado, digamos que la mayoría puede resumirse en una especie de hartazgo por ver que con el correr del tiempo se siguen repitiendo las mismas prácticas, con los mismos resultados y las mismas personas, es decir, se siguen haciendo exposiciones de los mismos artistas locales, con ínfimos catálogos y ninguna consecuencia, las siguen organizando las mismas personas, e instituciones como el Conarte las arropan como si fuera lo único que pueden o deben hacer.

Digamos, en principio, que es cierto y que esta situación es motivo suficiente para desear un cambio en y dentro del Conarte. Independientemente de lo que en otras áreas se debe pedir y que es posible se asemeje a lo dicho, pensemos ¿qué tantas otras cosas se pueden hacer que no se estén haciendo ya en este momento?, digo ¿qué tantas otras cosas que en verdad sean significativas y contribuyan al enriquecimiento de nuestra vida cultural, no se llevan a cabo? ¿No más bien lo que se necesita -que es exactamente de lo que hemos carecido los últimos 20 años- es continuidad en programas y proyectos? ¿No es continuidad lo que necesitamos en la edición de libros, en el seguimiento de las becas otorgadas, en las investigaciones emprendidas, en las relaciones con otros estados, la Federación e incluso la iniciativa privada? Me parece que lo que se quiere decir es que no se vale estar haciendo exposiciones, editando libros, produciendo teatro o cine, bajo el mismo esquema, es decir sin pies ni cabeza o por pura inercia, sin objetivos, sin metas, sin posibilidades reales de evaluarlos. No es que se dejen de hacer exposiciones, claro que se deben seguir haciendo, pero dentro de una racionalidad y planeación que por lo pronto no son tan explícitas y claras como sería deseable.

Dice el dicho que hay que tener cuidado con lo que se desea, pues en una de ésas se te concede. Así pues, en lugar de pedir otro Conarte, deberíamos desear su continuidad, no vaya a ser que nos quedemos como el perro de las dos tortas. Desear, promover la continuidad del Consejo, no es justificar sus yerros ni maquillar sus deficiencias y limitaciones; es, simplemente, tomar lo que ya tenemos y potenciarlo a otro nivel, es y será siempre más sencillo trabajar de esta manera y en esta dirección, que fingir no hay nada y empezar de nuevo, de cero, cada seis años.

xmoyssen@udem.edu.mx

visionyrepresentacion.blogspot.com

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