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Jueves , 18.10.2018 / 02:50 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Cambiar para que todo siga igual (o peor) II

Xavier Moyssén Lechuga

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Ya que en esta, su XII edición, la Bienal FEMSA decidió dividirse en dos, estas líneas abordarán la exposición denominada Poéticas del decrecimiento, ¿cómo vivir mejor con menos?, que se exhibe desde el pasado día 13 en la Nave Generadores del Centro de las Artes en el Parque Fundidora. Está formada por la obra de 30 productores, unos comisionados para crear obra ex profeso para la exposición; otros invitados locales, nacionales e internacionales.

Me parece que día a día, por una u otra razón, la preocupación e interés por la suerte y destino material de nuestro planeta va en aumento; es mucho lo que hoy sabemos sobre su estado de salud y de lo que debiéramos hacer para paliar sus múltiples y peligrosos achaques. Se podría decir que el tema de la ecología, en cualquiera de sus facetas, es central en el debate mundial contemporáneo. Tal amplitud de tema ha generado también un sinnúmero de cuestionamientos y posturas, desde las más radicales y activas tipo FEMEN, hasta los negocios socialmente responsables. En los años setenta, como respuesta a los informes generados a instancias del Club de Roma, aparece lo que hoy en día identificamos como la Política del Decrecimiento (ideada originalmente por Nicholas Georgescu-Roegen). Desgraciadamente no podemos detenernos a explicar, examinar y discutir los informes citados ni esta política. En apretado resumen se puede decir que el decrecimiento es una corriente de pensamiento político, económico y social, contraria al crecimiento, al liberalismo y al productivismo, e incluso al desarrollo sustentable. Su idea central es que no es posible seguir creciendo en un mundo con recursos limitados, muchos de ellos no renovables. Se trata, por tanto, no sólo de contestar la pregunta ¿cómo vivir mejor con menos? (que por cierto parece bastante capitalista) ni de detener el crecimiento, sino de decrecer en todo sentido –empezando por el literal– a fin de restaurar el equilibrio entre recursos naturales y desarrollo humano (lo que implicaría tener que deshacernos de algo así como tres cuartas partes de la humanidad).

Una de las ventajas del pensamiento contemporáneo heredero de la postmodernidad es la libertad de asociar e interpretar temas sin tomar en cuenta contextos o historias particulares, basta con que en la mente de quien lo proponga esté claro para que se asuma como vigente. Tal es el caso de las Poéticas del decrecimiento. Si lo leo tal cual me da la impresión de tratarse de trabajos cuya característica principal es la ideología del decrecimiento, y en este sentido no estoy muy seguro de que todos los participantes en esta exposición lo entiendan tal cual. Tengo más bien la impresión de que se trata de una de esas licencias poéticas en las que un término se convierte en tema y éste a su vez se contempla en un gran número de casos, tantos como parezca que estén en relación unos con otros. Sólo así puedo entender que las pinturas de Saskia Juárez tengan algo en común con el trabajo de Melanie Smith, o que las fotografías de Aristeo Jiménez se acerquen a las de Roberto Ortiz Giacomán, o que el trabajo de éste se encuentre relacionado con el de Yolanda Ceballos.

No hay espacio suficiente para proseguir esta discusión, y es que no quisiera cerrar estas líneas sin hacer mención a otros dos temas. El primero de ellos es la misma Nave Generadores; nunca antes se había visto colmada de tanta obra, ni se le había aprovechado museográficamente como en esta ocasión, no es que sea una revelación el que se puedan montar exhibiciones en este espacio, sino que se puedan hacer de igual o mayor importancia y salir más que bien librados.

El segundo tema es el de la organización Bienal de Arte FEMSA. Sinceramente no creo que pueda tener otra edición de su certamen semejante a esta o las once anteriores. En última instancia sería preferible que la inversión que se hace en el concurso se orientara a convertir en un espacio cultural más amplio (no literalmente) el proyecto Lugar Común, o que en el mismo formato bianual se celebrará una exposición como la que aquí hemos mencionado. Creo que el resultado alcanzado en las dos exposiciones actuales es más que evidente. Ésta, la de la Nave Generadores, no sólo es más variada y polémica, con más sentido y piezas sobresalientes, que el escuálido salón con dos premios que apenas si despiertan interés. Por supuesto que hay que cambiar si se desean otros resultados, pero primero se debe estar conscientes de que hay de cambios a cambios.

xavier.moyssenl@udem.edu

www.veryrepresentar.blogspot.com

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