• Regístrate
Estás leyendo: Cambiar para que todo siga igual (o peor)
Comparte esta noticia
Miércoles , 20.06.2018 / 16:35 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Cambiar para que todo siga igual (o peor)

Xavier Moyssén Lechuga

Publicidad
Publicidad

Según recuerdo, todas las bienales de Arte FEMSA han sido esperadas con gran expectación, aunque parece que la recién inaugurada el pasado día 13 rebasa, y con creces, a las once ediciones anteriores; y no podría haber sido diferente, pues tantos cambios se anunciaron y tantas actividades tuvieron lugar a lo largo de por lo menos un año, que se esperaba un cambio espectacular… o quizás simplemente un cambio.

Por la importancia del evento, la amplitud que ahora tomó, y por esas expectativas que despertó, el tema lo abordaré en dos partes. Esta primera se concentra en lo que es la exhibición de las piezas que fueron seleccionadas de las 3 mil 461 participantes para conformar el salón de donde surgieron las dos piezas ganadoras; así como en una extraña e injustificable selección de piezas pertenecientes a la Colección FEMSA, en donde se hallan por supuesto algunas ganadoras de certámenes anteriores.

Llegar al décimo aniversario parecía un buen momento para dar por concluido este ciclo en la promoción cultural que ha seguido FEMSA, primero, entre otras acciones, a través de la creación de esta Bienal, después con la formación de una colección realmente importante de arte mexicano y latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX en adelante. Sin embargo, ya para entonces se habían puesto en marcha algunas modificaciones al formato y exhibición de la Bienal, por lo que se pensó no era conveniente cancelarla, lo mismo que sucedió con la decimoprimera edición. Al parecer, antes de dar por terminado el ejercicio de la Bienal, se ha preferido el camino de los cambios hasta llegar a esta XII Bienal de Arte FEMSA que se expone, como se sabe, en el Centro de las Artes del Parque Fundidora.

Tal y como ahí se presenta no hay cambio alguno, ya no digamos con respecto a la Bienal anterior, sino con ninguna de las anteriores, o sea se repite el mismo modelo que según esto se pretendía superar. Lo que sí cambió fue la serie de enseres periféricos que le construyeron al evento y cuya relación con él es hoy más oscura que cuando se anunciaron. Una casita feliz que sirvió para que de vez en vez se reunieran los cuates a platicar sus proyectos; una serie de artistas invitados a trabajar una obra que ahora se expone como parte de la Bienal en la Nave Generadores y de la cual nos ocuparemos la siguiente semana; un grupo de productores locales convocados para participar en un inexistente programa curatorial también relacionado con la Bienal (digo inexistente porque hasta que se anunciaron estas acciones, nunca antes se había hecho público que la Bienal contara con un programa de este tipo); y la selección y exhibición de las obras de la Colección que ya mencioné más arriba.

Todos estos cambios caen bajo un gran paraguas que han denominado Poéticas del decrecimiento (título principal del programa curatorial), del que ya tendremos oportunidad de comentar en la siguiente entrega.

La impresión que me deja este Salón de la XII Bienal, además de ser idéntico al de las once anteriores, es más bien de pobreza. Desde mi punto de vista no hay ninguna pieza que resulte sobresaliente, que se imponga a las demás, que reclame la atención de los espectadores. Una de las razones que se han dado para cancelar la Bienal es, precisamente esta, la mediocridad o pobreza de los envíos, lo que provoca que del total de lo recibido, una cifra como se ve bastante alta (3 mil 461), sólo se seleccionen 42 obras, esto es el 1.21% de lo concursado. Ahora bien, por más malo que haya sido lo que se recibió (y vaya que se reciben piezas impresentables), es preferible mostrarlo y así hacer ver qué es lo que se produce a este nivel –el de los concursos– y porque quizás mejor convendría buscar otros caminos para promover el arte, para no caer en la tentación de tener que llenar el espacio con piezas de la Colección que no tienen ninguna vinculación, en apariencia y en primer instancia, con el concurso actual. ¿Qué tiene que ver Lygia Clark con el video de Raúl Quintanilla? (Las obras del concurso en sí se exhiben en la planta baja del llamado Centro de las Artes I, mientras que las piezas de la Colección ocupan parte del mezanine del segundo piso. Uno termina de ver la planta baja y sube naturalmente pensando que en la parte de arriba continúa la exposición).

Cuando se anunció que la Bienal tendría cambios, me imaginé que se harían con el fin de mejorar y superar los obstáculos o deficiencias que tiene el modelo con el que vienen trabajando hace más de 20 años. Ahora más bien tengo la impresión de que han tratado de maquillar un muerto para que pueda seguir siendo utilizado en las fotos del álbum familiar.

www.veryrepresentar.blogspot.com

xavier.moyssenl@udem.edu

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.