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Lunes , 16.07.2018 / 23:44 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

Adiós PFC; ¿bienvenida nanofotografía?

Xavier Moyssén Lechuga

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La exposición que presenta la edición 2015, última del Programa de Fotografía Contemporánea (PFC), fue inaugurada en la Fototeca del Centro de las Artes en el Parque Fundidora, el pasado día 3. Concluye así un programa que desde en 2011 estuvo vigente en nuestro estado y congregó a un número diverso de interesados, así como puso a su disposición a igual número de asesores o tutores, ya fueran locales que de otros lugares del país. En esta ocasión se exhibe el trabajo en proceso, como gusta presentar estas muestras Javier Ramírez Limón, cabeza del proyecto de 14 productores que muestran los resultados parciales o el punto en que se encuentra el desarrollo de su proyecto a un año de haberlos iniciado bajo la tutela del PFC.

No soy yo quien va a llorar la desaparición del PFC y no lo hago por lo que expongo más adelante. Sí, en cambio, me gustaría preguntar por las razones que tuvo la institución que le dio cobijo por cinco años para borrarlo ahora de sus actividades. ¿Hay una evaluación al respecto?, acaso ¿un incumplimiento de objetivos; una relajación en las exigencias; ausencia de demanda? Parece que no y lo único que se dijo acerca de su terminación es que concluía para dar paso a nuevos proyectos que estén más atentos a lo último en tecnología, a la vanguardia, que vayan acorde a las necesidades de los fotógrafos, a las demandas que hace el gremio, como por ejemplo, la nanofotografía (aunque se dijo, según yo en tono despectivo, que también seguirán atendiendo lo más tradicional y conservador, ya que “…hay muchos practicantes de la fotografía que están en ese tenor”).

El ultravanguardista programa que sustituirá al PFC y que traerá consigo plataformas y tecnologías de punta se dará a conocer, según se anunciaba a principios de mes, el año entrante, pero, ¡ay! Resulta que nos acabamos de enterar que habrá una reducción del 70% en los recursos que el Conarte recibía de la Federación, por lo que tendrá que minimizar su plan cultural y con ello remover (eliminar) por lo menos 60 de sus programas según lo ha dicho el presidente del organismo. Así que –y ojalá me equivoque– este 2017, ni PFC ni nanotecnología engalanarán las salas de exhibición de la Fototeca (habrá que pedirle a los “viejitos” les echen una mano).

Es sabido que a partir de los años setenta, la fotografía entra al exclusivo mundo del arte. Se podría decir que a partir de entonces una buena parte de su producción dejó de ser simplemente fotografía para convertirse en arte. La reacción provocada en contra de la abstracción por el POP, el Hiperrealismo, ciertos conceptualismos, o el Povera, por ejemplo, llamaron la atención no sobre los medios, sino sobre la imagen; no sobre cómo se obtenía el registro de una imagen, sino sobre la imagen misma, depositando en ella, con independencia de cualquier otro aspecto, su significado y valor simbólico, luego entonces había –y hay– que producir imágenes, y nada mejor para hacerlo que la fotografía. ¿No es acaso eso lo que obtenemos de ella, una imagen? (Estoy tratando de simplificar un proceso que es más complejo y resultado de la interacción o confluencia de distintas variables; intento, aparte, explicar rápida y apretadamente mis argumentos contra los resultados del PFC).

Creo que el mayor error en este programa –el PFC– y en la mayor parte de quienes se dicen a favor de la mal llamada Fotografía Contemporánea es precisamente que no hablan de fotografía, hablan de proyectos, ideas, procesos, actitudes, acciones, documentos, sentimientos, etcétera, pero no de fotografía. Pongo dos ejemplos de esta muestra. Uno, el valiente testimonio de Mauricio Romeroll, #DYI#México#2015 2016, convertido en instalación que da cuenta de los avatares de su familia, y Casa, de Natalia Rodríguez C., también instalación que reproducen los resultados obtenidos en una aplicación de la prueba proyectiva htp. En el primer caso, la fotografía cede su lugar al total de los elementos que dan cuenta de la situación de Romeroll, y en el segundo ni siquiera hay fotografías.

La aparente facilidad con que la fotografía obtiene imágenes, la convierte en sustituto ideal de una incapacidad para hacerlo de otra manera, por ejemplo la horrible proyección El poder de lo indisoluble, de Rosy González. Si de lo que se trata es que las personas nos expresemos contra viento y marea, independientemente de conocer el medio con que lo hacemos, adelante, pues lo mismo dará que se hagan por medio de imágenes digitales, análogas o video, que con aquellas que nos provea la nanofotografía.

xavier.moyssenl@udem.edu

www.veryrepresentar.blogspot.com

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