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Domingo , 27.05.2018 / 11:02 Hoy

Columna de Xavier Moyssén Lechuga

2017-09-12

Xavier Moyssén Lechuga

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Arrancando el mes patrio, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, Marco, abrió al público su más reciente exposición Re/vuelta del mexicano Héctor Zamora (1974). Conocí su trabajo, por primera vez, a través de una pieza creada en el exterior del museo Carrillo Gil de la Ciudad de México, aunque debería decir mejor que la obra se encontraba adosada, prendida, de una de las fachadas (la principal) del museo. Se trató de Paracaidistas en el 2004. No recuerdo si fue ese mismo año o al siguiente que me lo topé de nuevo con una pieza muy parecida pero ahora levantada o inserta en los muros curvos del Cecut (Centro Cultural Tijuana), como parte de las actividades y exposiciones de Insite. Ambas piezas están dentro de las preocupaciones de Zamora respecto al rescate de los oficios, los trabajos manuales, los conocimientos o saber popular respecto, por ejemplo, a la construcción, la jardinería, la salud, etcétera. En lo personal me dieron la impresión de tratarse de rémoras, tumores o parásitos que crecían a expensas de las instituciones en las que se montaron, igual a lo que sucede en el cuerpo humano que de pronto exhibe un absceso que es resultado de alguna anomalía interna. A mí, lejos de llevarme a reflexionar sobre el valor y esfuerzo que conlleva ese tipo de construcción hecha muchas veces a base de desechos, me representaban una especie de cáncer social al que están expuestas las sociedades contemporáneas. Esta última observación me parece importante para el tema que más adelante vuelvo a retomar.

El título de la exposición, Re/vuelta, según se explica, viene del performance del mismo nombre que se ejecutó en el propio Marco el día de la inauguración. Un grupo de 30 personas mecen, agitan las cubas en las que se hace la nieve artesanalmente, al final del proceso se ofrece a los asistentes la nieve que es el resultado real del performance. A primera vista suena interesante y en efecto parece toda una revaloración del trabajo artesanal, una invasión de lo popular y anónimo al sacro espacio elitista de un museo, pero resulta que quienes supuestamente están elaborando la nieve no son los auténticos neveros(as) sino músicos que siguen una partitura especialmente creada para el evento, luego entonces ni son los neveros(as) ni es el proceso original, se trata de una linda simulación, una imagen distante y distorsionada, un espectáculo de lo que sucede en la realidad. No tengo nada en contra de eso, sigue siendo interesante el proyecto, pero por qué no se dice que es un trabajo que nace de, o que se hace a partir de, que toma en cuenta o se refiere a…, en lugar de vender gato por liebre.

Por lo dicho hasta aquí tal parece que no me puedo entender con el trabajo de Héctor Zamora, él apunta al norte y yo veo el oriente y así sucesivamente, y, no obstante, esto no quiere decir que él esté mal o que yo, por ignorancia y falta de sensibilidad, no entienda ni la O por lo redondo. Veamos qué es lo que sucede y con ello retomamos el tema que había quedado inconcluso.

En la exposición se presenta el video de un performance identificado como O abuso da historia. En él vemos que, según reza la cédula: “… un grupo de personas se dedicó a lanzar, desde el segundo piso del antiguo hospital Matarazzo, plantas tropicales en macetas de barro, las cuales inevitablemente se estrellaban en el suelo. La acción catártica de arrojar plantas a través de las ventanas reflexiona sobre cuestiones como las conductas socialmente aceptadas, sobre el instinto puro de la libertad en un proceso creativo, y sobre la estandarización y domesticación de la naturaleza que se practica en el paisajismo”.

Esto es, letra por letra, lo que hace el arte, es decir, dota de significado a una acción, palabra o imagen, que aunque tenga una primera lectura, que ya significa algo, por la intervención del artista asume, adquiere, otro significado que no es ni lo que se ve, se escucha o siente al entrar en contacto con él, sino que hay que entenderlo, estudiarlo, apreciarlo con más detenimiento para acceder a ese otro significado al que el artista le quiso conferir. A esta transformación es la que llamamos proceso simbólico o simplemente arte. En pocas palabras, el proceso simbólico consiste en dotar de significado a palabras, imágenes o acciones, un significado que las trasciende en cuanto que es social. Este es el trabajo del productor.

En el video al que me he referido, yo leo algo por completo diferente, para mí significa, dado que se trata de un hospital, un proceso de sanación, una liberación de las etiquetas con que se clasifica a los enfermos, un romper, sí, con lo establecido, con lo que limita e impide otras visiones y tratamientos sobre la salud. ¿Por qué tanta diferencia con lo propuesto por Zamora, acaso no le entendí?

Fácil sería decir que cada quien entiende lo que quiere, o que lo importante es que te haga pensar en otra cosa que no sea lo que en ese momento estás presenciando. Correctas ambas respuestas, pero son altamente subjetivas e impiden, por tanto, la constitución de un fenómeno tan duradero y bien establecido, como lo es el arte. Digamos, por lo pronto, que la falta de coincidencia se debe a que las imágenes empleadas (arrojar macetas de barro con plantas tropicales a través de las ventanas al patio central de un viejo hospital) no son, por sí mismas, un símbolo o, mejor dicho, no se han convertido aún, en uno de ellos. Para Zamora pueden serlo, de hecho lo fueron, por eso ideó la acción, y quizás también lo fueron para quienes lo presenciaron en vivo, quizás puedan serlo para algún visitante del Marco, pero para la mayoría de los espectadores no pasan de ser eso, no tienen otro significado y si le llegan a dar alguno nada tiene que ver con el buscado por el productor. De aquí que sea tan complicado y rechazado por tantos el arte de nuestros días.

moyssenl@gmail.com

www.veryrepresentar.blogspot.com

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