• Regístrate
Estás leyendo: Tenemos que hablar de homosexuales que quieren ser papás
Comparte esta noticia
Viernes , 19.10.2018 / 20:26 Hoy

El nuevo orden

Tenemos que hablar de homosexuales que quieren ser papás

Wenceslao Bruciaga

Publicidad
Publicidad

Los mismos homosexuales que escribieron posts y tuits contra el fascismo conservador vestido de blanco de las marchas del Frente Nacional por la Familia, son los mismos que culpan a los padres del joven que disparó al interior de un salón de clases del Colegio Americano del Noreste, acusándolos de comodones e imprudentes. Los mismos que culpan a los consumidores de drogas de todas las balaceras de este país y que aplaudieron la supuesta expulsión discriminatoria de Lady Wuuu del Club Jack de Monterrey. Los tengo monitoreados. El Club Jack desmintió en un comunicado la expulsión denunciada por Lady Wuuu: “¡Yo soy Jackbelieber! Ahora resulta que un naco quiere atacar al antro” (sic), “La wuuu ya es historia. Ya nadie se acuerda de ella. Ya supéralo!!!, para los regios no eres nadie” (sic) escribieron por ahí. Docenas de posts como estos terminaron por darle la razón a la estrella fugaz de Youtube y fanático de Menudo.

Pueden ser paranoias mías, pero he detectado un antagónico patrón, por ubicarlo de algún modo: aquellos gays que defienden el matrimonio y la adopción de hijos con los mismos dientes con los que se desgarran las vestiduras y los mandiles de cuadritos, suelen ser los mismos que ¿inconscientes? forman un ejército de linchamiento pedante de purificado. Antagónico, porque me recuerdan a los grupos de vecinas aburridas de su detergentes que se reunían a la entrada de la iglesia principal que congregaba a los católicos de la colonia La Fuente allá en Torreón, señoras jóvenes y otras de grasa desproporcionada que solían presumir sus tenis adquiridos en McAllen, Texas y las colegiaturas de sus retoños, las escuelas públicas parecían ser un síntoma de lepra que merecía la cuarentena, de su monotonía sumisa al quehacer del hogar y su corrección familiar que no daba pie a chismes. Solían distraerse descuartizando a la más zorra de la cerrada, y a nosotros nos tachaban de mariguanos tan sólo por beber cervezas en un punto del andador que unía a las calles cerradas de la colonia y escuchar el Bleach de Nirvana mientras jugábamos al Uno en versión de naipes. Eran los albores del grunge.

¿Qué clase de padres podrían ser todos esos que bullearon digitalmente a Lady Wuuu y opinaron sobre la tragedia del Colegio Americano del Noreste? ¿Podrían generar adolescentes que hostigan a otros orillándolos al rencor y la venganza?

Recordé la crudísima novela de Lionel Shriver Tenemos que hablar de Kevin, sobre un adolescente que comete una masacre en su escuela. Eva, la madre de Kevin, se cuestiona:

“Los niños viven en el mismo mundo que nosotros. Que nos engañemos suponiendo que podemos protegerlos de él, además de ingenuo es pura vanidad… Ahora bien, si no hay razón alguna para vivir sin hijos, ¿por qué habría de haberla para vivir con ellos? Responder a la angustia existencial que te plantea tu vida engendrando, simplemente, otra vida que la suceda significativa, además de una cobardía, dejar para la generación que siga la suya a la tuya la responsabilidad de encontrar la respuesta; hallarla en esas condiciones representa, pues, una tarea potencialmente infinita”.

Ser padre no debe ser un asunto sencillo. Explicar la confianza, la autoestima, el entorno social, a veces sangriento y despiadado sobre el que no se tiene control. Estar al frente de la educación emocional desde el primer llanto de un ser me parece un experimento humano tan potente como construir la bomba nuclear. Mis traumas y narcisismo embaucado por el desgobierno no me permiten ser padre.

Y ahora estamos en 2017, Kurt Cobain se pegó un tiro, Juan Gabriel falleció, los matrimonios entre personas del mismo sexo se han legalizado en algunas ciudades de México, los gays viven sometidos bajo la presión de tener una pareja la cual puedan presumir en el Instagram, sintiéndose apestados por ser solteros; otros han logrado adoptar bebés y luchan por su derecho a bautizarlos para extirparles cualquier rastro de pecado original. Y una vez dominan el juego de las apariencias del matrimonio y las criaturas, se sienten capaces de dictaminar sentencias familiares, con los mismos prejuicios que aquellas ñoras de la iglesia que nos veían como robachicos por escuchar a Nirvana.

Twitter: @wencesbgay

stereowences@hotmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.