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Lunes , 25.06.2018 / 14:28 Hoy

El nuevo orden

Se me metió la Guzmán

Wenceslao Bruciaga

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Tengo un gran amigo, el Ernesto, que acuñó la estupenda frase de “se me metió la Guzmán”, metáfora de cuando los gays nos dejamos llevar por impulsos y celos y toda esa pasión desbordada y poco práctica e insensata, cuando la calentura nos nubla la razón y comenzamos a hacer cosas de las que casi siempre nos arrepentimos, casi como una posesión diabólica. Alejandra Guzmán entiende muy bien la importancia congénita de la diferencia. Podrán ahogarse en teorías de coloniales para lincharme, pero los gays tendemos al exhibicionismo, quizás como una forma de representación en un mundo que si no les dices que eres gay, te preguntarán por tu novia o tratarán de presentarte una chica interesante, o ese estólido compañero de oficina que insiste en llevarte al table dance donde bailó Mary Boquitas también insistirá en ser el padrino de bautizo del hijo. Algo similar a lo que pasa con la Guzmán, que necesita del ruido de ella misma para hacerse presente. Como aquel día en el que me topé a mi ex novio con su nueva pareja justo a la mitad del bar, y ahí, enfrente de todos, le estrellé mi cráneo en su nariz, empezó a sangrar, ¡Dile a tu pinche noviecito que te defienda!, le gritaba. Solté un par de jabs más pero el dueño del bar y sus amigos me sometieron como un criminal a punto de ser llevado a la parte trasera de una patrulla. Mi ex novio y su pareja se fueron. El dueño del bar, hoy desaparecido, me llevó a su oficina y me tranquilizó con cervezas y cocaína. Cuando me preguntó por qué me había puesto como loco, le dije: Qué quieres, se me metió la Guzmán...

Por eso cuando me preguntaron en una entrevista que entiendo saldrá pronto: “De plano, ¿no hay nada del pop nacional que disfrutes?”, me quedé pensando: A ver, soy gay, ergo, débil con el pop hecho por mujeres. Pero no cualquiera. Me gusta el pop bien articulado y sobre todo: honesto. Sí, hay algo de pop nacional que no solo disfruto. Es más, hasta podría calificarme de fan. Me refiero a Alejandra Guzmán.

Recuerdo cómo disfruté su debut en televisión. Eran mis últimos días de la infancia y ya había descubierto lo que serían influencias en mi vida: Soda Stereo y New Order y Roxy Music y poco tiempo después vendrían Black Flag, Henry Rollins, Sonic Youth y Dinosaur Jr. y a pesar de todo eso, me sentí identificado con la rebeldía de Alejandra, intuitiva, casi autodidacta. Si no eres un rebelde, no tienes derecho a asumirte como adolescente. Como bien decía Paul Leary, integrante de esa banda de psicodelia psicópata y visceral y confrontativa, los Butthole Surfers: “Si quieres que la música rock sea realmente satisfactoria, tiene que ser algo que tu madre odiaría”. Y con un padre como el mío, la Guzmán fue la mejor arma de rebeldía, creo llegó a odiarla por ser muy Televisa: ahí empecé a seguirla, casi en secreto. Compraba sus discos muchos años después del lanzamiento oficial. La vergüenza que me daba tan solo pedirlo al encargado de la tienda de discos, como si estuviera comprando una revista porno buga, de esas con más tetas que balazos. Ya había salido del clóset pero no quería verme tan joto, sobre todo frente a mis amigos que me introducían al mundo de Christian Death y los Dead Kennedys.

Mi disco favorito es Flor de papel, creo que las canciones de ese disco del 91 son la declaración de principios de Alejandra: precipitado llamado a los romances que apuestan rudo, sin moderación emocional, como suelen ser los romances entre gays, pero no por ello exentos de eso que llaman amor, aunque sea un afecto de horas, en la pista o el cuarto oscuro, pero que se sienten reales, como cuenta en su extraordinaria historia de “Y la ciudad ardió”, para mí, la canción perfecta de Alejandra.

A veces pienso que el pop desfachatado de la Guzmán fue uno de los primeros resortes en mi plan para salir del clóset. Henry Rollins se encargaría del resto, en la edad adecuada, cuando las cosas que te impactan y definen se te quedan tatuadas.

Detesto a las Jeans pero sigo comprando los discos de la Guzmán, ahora ya sin pudor. Mi padre sigue odiándola.

Twitter: @distorsiongay

stereowences@hotmail.com

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