• Regístrate
Estás leyendo: "Puñales"
Comparte esta noticia
Sábado , 22.09.2018 / 08:50 Hoy

"Puñales"

Publicidad
Publicidad

A Enrique, aka Quique Galeano, le conocí cuando acepté la invitación del buen Gabriel Gutiérrez García. Compartimos mesa en un foro de diversidad sexual y medios de comunicación en algún auditorio de la Cámara de Senadores, días antes de la Marcha del Orgullo Lgbttti de la Ciudad de México; me pareció un tipo agradable que se sabe guapo y de algún modo sobre esa indiscutible vanidad sustenta la línea editorial de Escándala, el portal que fundó y actualmente dirige, con su inconfundible característica de rematar las palabras en femenino, acaso como una celebración mainstream de la jotería.

Durante la mesa respondí a un par de preguntas sobre mi insufrible insistencia de apalear al imaginario gay mexicano desde mi soberbia melómana. No lo negué. No puedo. Ni quiero. Pero más allá de mi soliloquio mamón y fascista, creo que algo útil supura en mi enfadoso discurso musical: expandir la mente y endurecer la piel para que la homofobia endémica de una sociedad enajenada con la normalidad hipócrita no nos aplaste como hormigas, “¿por qué Escándala insiste en escribir sobre los lugares comunes más prefabricados de la homosexualidad mexicana?”.

Cómo los Dead Kennedys, con su incorrecto líder Jello Biafra, haciendo activismo desde el sarcasmo más cruel, temas como la pobreza estadunidense o el sida eran abordados con letras de malsana ironía, ridiculizando a los republicanos mientras gritaba sobre matar a los pobres y diciéndole faggots a los homosexuales, en cuya traducción cabe la modalidad de puñales. En Escándala tampoco escriben de Limp Wrist, violento hardcore hecho por gays en jockstraps. Las letras de la banda neoyorquina es más apegada a nuestra realidad, que cualquier rola del set list del 90s Pop Tour.

Quique Galeano respondió más o menos que por una simple razón: Escándala era un portal de diversidad sexual no serio, o no tanto, o no de tanto rigor periodístico. Lo suyo era lo fresco, relajado y juvenil. No pretendía ser el Aristegui Noticias de los gays.

–¿Qué opinan de la comunidad Lgbttti?–, preguntó Galeano a Angélica María, César Costa y Enrique Guzmán.

–¿Qué es eso de Lgbttti?–, preguntó Guzmán.

–Comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Travesti, Transexual e Intersexual–, respondió Galeano.

–Ah bueno, qué quieres que te diga, puñales ha habido siempre–, respondió Guzmán, con jeta de fastidio y hartazgo.

La incomodidad se apoderó del de por sí ñoño Papa soltero y de La Novia de América y la entrevista frente a las cámaras empezó a irse en picada, como un auto dando estampidas en el barranco después de romper la barrera de contención.

Debo confesar que mi primera reacción a la homofóbica respuesta de Guzmán fue escupir el café. Casi me ahogo de la risa. Si los gays se dieran de vez en cuando una escuchada con los Dead Kennedys, el desencuentro con Enrique Guzmán no habría sido tan incómodo, o hubiera tenido un final más honroso. Más punk.

El problema de reciclar el pop predecible y bobalicón como lo hace Escándala, ese que se ha apoderado de los antros de la zona rosa desde que la visibilización gay nacional empezó a propagarse, ese que construye castillos de fantasía sumamente frágiles, inventa discursos de cartón sobre la igualdad, la inclusión o el respeto, domestica a los homosexuales para que solo estén dispuestos a escuchar lo que quieren oír. El mismo Quique Galeano fue víctima de su propio discurso. ¿Qué esperaba escuchar como respuesta? La sola pregunta era una condena al paredón, un fusilamiento de frente a la artillería políticamente correcta, sin escapatoria. A huevo tenían que contestar con una caricia positiva y solidaria, de lo contrario, serían exhibidos como diabólicos homofóbicos. Justo lo que padeció Enrique Guzmán.

Coincido: nosotros como puñales tenemos todo el derecho de escoger cuál puñal dejamos pasar como carrilla, y cuál nos ofende. ¿Y qué hacemos con lo último? Galeano tenía toda la ventaja, ¿moral?, de poner al rock and rollero en su lugar, hacerlo ver como un pendejo mediante bromas, bufar (dónde quedó la jotería arpía de Escándala) o de plano mentarle la madre y dejarle claro que los gays no somos unos dejados. Prefirió emitir un comunicado de prensa al día siguiente, esta vez sí, muy serio, mientras muchos seguidores acusaban a Enrique Guzmán de anciano ridículo. Gerontofobia para denunciar homofobia. Como si no fueran a envejecer nunca. Por otro lado los entiendo, yo tampoco quiero terminar como Guzmán. O Alfredo Palacios.

Twitter: @distorsiongay

stereowences@hotmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.