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Domingo , 16.12.2018 / 20:56 Hoy

El nuevo orden

Madonna: 'Reina del Pop' e “hija de la muerte”

Wenceslao Bruciaga

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Sí que hubo una época en la que me avergonzaba del placer que en mí producía La Reina del Pop, no quería verme superficial o maricotas frente a la pandilla punk y dark con la que me junté en lo que el Bedtime stories y el Ray of light invadían la radio pop.

Hasta que me compré Goodbay 20th Century, una biografía de Sonic Youth que incluye varias páginas en las que reconocen y analizan sin prejuicios su fanatismo por la cantante de "Like a virgin": "Esta mujer va a triunfar a lo grande", pensó Thurston Moore cuando vio por primera vez un acto de Madonna en el legendario club neoyorquino Danceterías, una típica coreografía para animar la pista de la disco, pero que Madonna convertía en un acto de erotismo desfachatado: "Madonna era cool en los años ochenta —su dance pop era minimalista y fresco— y todos éramos fan de ella. Al principio estaba ligeramente regordeta... No tenía una voz potente y no era una diva obvia, pero tenía un don para saber cómo entretener", asegura Kim Gordon.

Lee Ranaldo suele incluir el álbum debut homónimo de Madonna entre sus diez básicos de todos los tiempos.

Más tarde, en el extinto Tower Records de Altavista del entonces DF, compré Virgin Voices, un compacto donde bandas de auténtico electro-industrial como KMFDM o Gene Loves Jezebel no se resisten al pop de Madonna, rindiéndole un escabroso tributo. Para mí, la versión/remix de Front Line Assembly a "Justify my love" es el mejor cover a Madonna de toda la historia. Fue entonces que renuncié al placer culpable.

Madonna me gusta desde que me supe joto (cosa que descubres básicamente a la primera erección), y puede que antes. No puedo evocar los recuerdos más chidos de la infancia lagunera sin "Borderline" de fondo, aunque mis discos favoritos son el Erotica y el Confessions on a dance floor e incluí Rebel Heart entre los mejores álbumes del 2015 por su descaro de pasteurizar ritmos callejeros, pero distanciada de beats machacones y mal balanceados, como si hubieran sido remezclados en esas grabadoras que ponen en una torpe clase de zumba y que sólo los gays parecen encontrarle el chiste. O simplemente no les importa. El MDNA se me hizo de un conformismo homosexual aburrido e infame.

Lo que me gustaba mucho de "Don´t tell me", por ejemplo, era su hipnotismo primario dirigido por Jean-Baptiste Mondino, que recordaba los elementos básicos del videoclip pop: el artista cantando sin distracciones artísticas. Aunque, y como siempre, Madonna no quiso quedarse fuera del impacto visual de la época y Cunningham terminó por dirigirle el video para el sencillo de "Frozen".

Creo Madonna causa una devoción en los homosexuales por su exhibicionismo coreográfico y sexualizado fácil de imitar, que ofrece cierta alucinación de liberación pop sin desquiciar el orden y confort buga ni cometer infracciones; aunque también diviso que adoran su desbordado capitalismo a modo de inclusión funcional. Me sigue asaltando la duda si Madonna es una gran artista o mejor empresaria. El costo de los boletos para sus presentaciones en el Palacio de los Deportes este 6 y 7 de enero llegan a precios exorbitantes, que no sé si corresponden a su actual desempeño por mucho que se justifiquen prepuestos de producción deslumbrante, como un Cirque du Soleil en 7D. Si algo sabe Madonna, es cómo encarnar el pop de tal forma que el público nunca le recriminará un paso en falso. Hasta hace poco, pues siento que Madonna ha ido perdiendo el foco conforme sus años avanzan, aunque como bien dice Guillermo Fadanelli: "No relaciono a Madonna con la música. Ella es más bien una imagen que se cultiva a sí misma para transgredirse. Fiel a un continuo e impredecible movimiento, Madonna me dice que la belleza es al fin y al cabo —como bien lo describió Jean Baudrillard— la consecuencia de una estrategia fatal. Ella se exhibe con el propósito de desaparecer. Madonna es hija de la muerte y, por lo tanto, de la belleza que causa angustia y vértigo, una belleza real —real a causa de su esencial falsedad— que se ha propuesto habitar en la imaginación y en la conciencia lúdica y visual de los espectadores. Sí: La Reina del Pop".


Twitter: @wencesbgay
stereowences@hotmail.com

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