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Domingo , 23.09.2018 / 02:08 Hoy

El nuevo orden

La revolución gay debería ser sampleada

Wenceslao Bruciaga

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Tengo en puerta la posible participación en una mesa de discusión sobre el futuro de los movimientos homosexuales en México.

Posible, porque mi intervención está en duda después que el comité examinara la media cuartilla que se me pidió, en la que debía sintetizar mi discurso. Empecé el resumen con una provocación extraída del brutal poeta afroamericano Gil Scott-Heron:

"Estamos hartos de rezar, hacer marchas, pensar y aprender. Los negros queremos empezar a cortar, disparar, robar y quemar".

Después, añadí: "El día que los gays se apropien de razonamientos como el de Scott-Heron y dejen de andar chillando por películas cristianas, traiciones de divas pop-amas de casa de clóset y caprichos fachas travestidos de intolerancia, se verán cambios más radicales y menos homofobia, que existe, es real, y se alimenta de nuestros miedos".

La respuesta fue que mi resumen se sometería a una suerte de fiscalización rosa, pues no querían verse relacionados con coqueteos racistas ni de incitación a la violencia. O eso entendí. Además, me pidieron que aportara más datos verídicos sobre la figura de Heron. ¿Cómo es que un comité especializado en diversidad sexual y minorías no esté al tanto de figuras como la del Scott-Heron? Sólo confirman mis suspicacias: a veces, el activismo gay se me figura como esos perros a los que les adaptan un cono al cuello para disuadirlos de sus propias heridas; o los blinkers que obligan a los caballos de carreras a fijar la mirada al frente. Gays que sólo son capaces de transitar caminos asfaltados de arcoíris y cualquier realidad paralela, antes de reconocerla como disímil y a partir de ello entablar un diálogo, es sospechosa de homofobia.

Gil Scott-Heron fue un poeta de versos radicales comprometido con los derechos de los afroamericanos en Estados Unidos. Por sus performances durante los primeros setenta, cuya velocidad de lectura era sincopada sobre piezas de jazz, se le considera de los afanosos pioneros del spoken word y rap como se escucha hoy día. Su legendario poema/canción "The revolution will not be televised" es considerado una de las semillas históricas del hip hop. Scott-Heron fue portador del VIH y enfermó de sida.

Escucho demasiado rap pero no me considero un experto, ese lugar ya está ocupado por los carnales Feli y Carlos Dávalos o el buen Kyzza Terrazas que recientemente estrenó un documental Somos lengua, potente investigación sobre el poco explorado universo del rap mexicano.

Yo, en cambio, le entré al hip hop por el lado blanco, con los Beastie Boys. Después vinieron meses en los que no me despegué de los Digable Planets y sus finísimos sampleos. El Enter the Wu-Tang Clan lo disfruté siete años después de su lanzamiento oficial. Y definitivamente en mi vida hay un antes y un después del Me against the world de 2Pac Shakur. Me identifiqué tanto con ese pinche disco, que las letras del Tupac aún describen la inquietud que a menudo me asalta: vivir en un mundo que te asume hetero hasta que demuestras lo contrario, mientras la comarca gay me resulta cada vez más incomprensible: tantas marchas por el orgullo, más de treinta, y terminar hambrientos de la utilitaria doble moral de los bugas.

Al punk hardcore le debo mi reticencia de caer en la tentación de la víctima, y del hip hop aprendí que los derechos se ganan vandalizando las buenas formas que alguien instituyó sin preguntarme, invadiendo la zonas de confort que alientan el entumecimiento de ideas, la segregación y el rechazo. Los disturbios de Stonewall fueron eso. No niego que en los cimientos del rap hay machismo, misoginia y homofobia; sin embargo, esa confesión, honesta y dura y sin miedo al escarnio, es lo que me incita a cuestionarme, a salir a las calles sin avergonzarme de los placeres o tormentos y contradicciones que determinan eso que me hace homosexual. A darme cuenta que nunca firmé un contrato de discreción.

Si los gays retomáramos el arrebato del hip hop, la homofobia se lo pensaría dos veces antes de menospreciarnos o asesinarnos.


Twitter: @wencesbgay
stereowences@hotmail.com

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