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Miércoles , 17.10.2018 / 15:58 Hoy

El nuevo orden

Homo "livesmatter"

Wenceslao Bruciaga

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The Arrow. Es un video chido. Dos acróbatas güeros y mamados y con un bronceado inconfundiblemente gay, insertados en un gigantesco aro de metal, haciendo piruetas que ponen a prueba las leyes físicas del equilibrio, dignas de cualquier eliminatoria de gimnasia olímpica en busca de la medalla de oro. Las imágenes están sincopadas con el track de una ¿banda? Que se hacen llamar Los Irrepressibles. La canción, “Arrow”.

Y para dejar claro que se trata de un video producido con el fin de ¿protestar?, ¿apoyar?, ¿provocar indignación?, tras la masacre en el bar gay Pulse, de Orlando, los acróbatas se dan abrazos y besos que no son efecto de ese impulso sexual que nos hace homosexuales. No. Son puras muestras de amor asexuado y queer y universal. Por eso el video es acompañado de las palabras “Love”, “pride”, “truth”.

Semanas después de la masacre del Pulse, la comunidad afroamericana estadunidense padeció su propia versión de la discriminación e intolerancia en extremo sangriento: hombres negros asesinados por policías blancos que se creen competentes de disparar a un ciudadanos que actúen como si fueran a desenvolver una automática, según ellos.

Desde luego no se quedaron callados. Pero tampoco alzaron la voz con videos que sin regatear, despiertan cierta solidaridad, lacrimógena, en la mayoría de los usuarios del YouTube. ¿De verdad creen que se erradicará la homofobia con 4 minutos y 36 segundos de dos batos fajoneando con la cursilería soft porn necesaria para monopolizar una de las pistas del Cirque du Soleil que por los visto les encanta a los gays?

De los primeros en manifestarse contra el abuso policial blanco fue la potente y bravucona comunidad hiphopera. El hip hop comparte los mismos orígenes de violencia y confrontación que el movimiento de los derechos LGBT. El mismo año de los disturbios de Stonewall que dieron origen a la lucha por la visibilidad dignificada LGBT con todo y su colorida marcha, 348 negros fueron arrestados por órdenes de J. Edgar Hoover, pues según su paranoico y closetero cerebro, había que “prevenir la expansión a gran escala la influencia de las organizaciones de militantes nacionalistas negros, sobre todo entre los negros” según cita Jeff Chang en su libro Generación HipHop. Pero en algún momento algunos homosexuales se sintieron más cómodos en alienarse con los escaparates de las apariencias del buga acomplejado y reprimido.

Snoop Dogg propuso un diálogo respetuoso y enérgico con la policía. ChuckInglish dijo que era necesario enfatizar el #BlackLivesMatter para evidenciar las diferencias entre blancos y negros y erradicarlas y A$AP Rocky, encabronado, no se anduvo con rodeos en una entrevista para la Time Out de Nueva York: “Por qué chingados tenemos que hablar del #BlackLivesMatter, porque sólo importan las vidas de los negros sólo cuando un policía toma en sus manos la vida de un negro. ¡Todas nuestras vidas importan y no tienen que dispararnos para recordarlo”.

Y esa pinche frase del rapero de Harlem no me la puedo quitar de la cabeza. Porque lo mismo sucede con nosotros. Nos tienen que plomear para que Britney Spears, Gwen Stefani, Selena Gomez, Juanes, Adam Lambert, Jennifer Lopez, Prince Royce, Pink, NateRuess, RuPaul, el The TransChorus of Los Angeles Meghan Trainor, entre otros, se unan y graben “Hands”, una pinche balada con mucho melodrama y nula confrontación sobre la homofobia que se compuso en honor a los gays y lesbianas asesinadas al interior del Pulse.

No me considero amargado. Soy realista, eso es todo.

Pero los gays parecen estar conformes con videos como los de “Arrow” y canciones como “Hands”, regodeándose en una poesía edulcorada que juega con el chantaje, evadiendo a toda costa el enfrentamiento en nombre del amor. #LoveWins es el lema de batalla. Haciéndose pendejos con esa parte de la la historia que demuestra que las consignas hippies basadas en vibras y energía positiva y paz y amor terminaron en un fracaso que fomentó la hipocresía comodina.

Un bato gay me dijo que comparar el movimiento LGBT con los negros era una pérdida de tiempo, pues según él, la gran diferencia es que a muchos gays les preocupa su estatus y por eso no se defienden violentamente. Como si la burguesía, o apostar a ser parte de ella, fuera un escudo lo suficientemente sólido como para no salir herido de los ataques de homofobia.

A los gays nos falta encabronarnos y darnos cuenta que nuestras vidas importan.

Twitter: @wencesbgay

stereowences@hotmail.com

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