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Martes , 17.07.2018 / 01:05 Hoy

El nuevo orden

Diez años

Wenceslao Bruciaga

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Hace diez años arrancó El Nuevo Orden, gracias a la extraordinaria invitación de Roberta Garza, en ese entonces directora de MILENIO Monterrey y quien no titubeó en publicar mis aventuras homosexuales, iconoclastas y salpicadas de feedbacks, nada que ver con la ópera tecnificada de Queer as folk, que en 2006 seguía decretando el manual de conducta de los gays del nuevo milenio.

En 2006, Felipe Calderón emprendió una guerra contra las drogas que desató carambolas de violencia. Diez años después su derramamiento de sangre y muerte sigue a borbotones. En 2016, Enrique Peña Nieto, justo cuando su imagen pública franqueaba una de las crisis más culeras, dejando su imagen por los suelos, aprovechó el Día Internacional Contra la Homofobia para pintar de arcoíris Los Pinos y lanzar una propuesta de ley de legalizar el matrimonio igualitario en todo México. La propuesta permanece estancada, pero sí que desató carambolas de homofobia encabezadas por los altos jerarcas del clero, lo cual no sería trascendente de no ser por un buen número de gays que no quieren renunciar a su derecho de ser aceptados por esa religión que reprueba la sodomía, y para argumentar su condena escribe artículos de fisonomía anal en sus benditos panfletos. Peña Nieto no ha vuelto a tocar el tema del matrimonio igualitario, mucho menos de la homofobia. Pero los homofóbicos sí que hablan al respecto, sin pudor confiesan que les damos asco y desean nuestro aniquilamiento.

Pensé que El Nuevo Orden no duraría mucho. Y aquí estoy, cumpliendo diez años y espero que dure más. Creí que una buena idea de celebrar esta década de columnas era recopilarlas en un libro y a los de Discos Cuchillo les agradó la idea. Para mí fue como grabar un disco. Así nació Un amigo para la orgía del mundo. Mi nuevo libro. Lo presentamos la semana pasada mis adorados cómplices Valerie Miranda, Julio Patán y Gabriel Gabo Sierra en el corazón del Sodome, un sauna gay al que por primera vez entraron chicas que recorrieron el laberinto oscuro y vieron a gogodancers ducharse sin censura.

Me hicieron una entrevista banquetera. La última pregunta tenía que ver en cómo observaba la evolución del movimiento gay en estos diez años.

Recuerdo que mi primer texto fue una rupestre crónica sobre una aventurilla al amanecer, cuando un ligue se malviajó con el Goo. Las distorsiones de Sonic Youth fueron elementos suficientes para acusarme de ser más bien un psicópata que se hacía pasar por gay para vaciarle la cartera a otros gays. El ligue decía que todo ese ruidero lo ponía nervioso. Si de inhalar prejuicios se trataba, el que debía estar como gelatina del miedo era yo; después de todo, en mi departamento estaba un desconocido que según sus propias palabras venía de la Gustavo A. Madero, la segunda delegación de la Ciudad de México, después de Iztapalapa, que más información aporta al Alarma!, según me dijo su director Miguel Ángel Rodríguez Vázquez, en una entrevista para un reportaje sobre los 50 años del semanario más sangriento de México publicado en Sinembargo.mx. Al parecer en 2006, si no palpitabas con Lentejuela de Gloria Trevi, te convertía sospechoso de ser un asaltante de gays. Más tarde, la Trevi, Christian Chávez y Lucía Méndez fueron coronadas como Reinas de la Marcha del Orgullo y Yuri se quitó la máscara gay friendly y sacó las uñas cuando apoyó públicamente un filme que pisoteaba la imagen de un matrimonio entre dos hombres.

En 2006 empezaba la propensión de hacer de la homosexualidad una serie de hormas sin aprietos, como si el objetivo fuera no perturbar el paralelo hetero. Sin mencionar una absurda tendencia de jugar a ser las mascotas de los bugas liberales. Recuerdo que la cuarta o quinta columna fue sobre una chica que decía: “Soy una perdedora: todas mis amigas tienen un gay, menos yo”. En diez años, el activismo LGBT nacional tuvo importantes logros, desde luego el que más reflector acapara es el matrimonio igualitario con esplendor extremo en la hoy CdMx. Hace diez años escribí que el matrimonio no es la panacea de la lucha gay. Sigo pensándolo. Es más, me cuesta trabajo dilucidar sus beneficios legales prácticos.

El martes pasado, durante la fiesta en el Sodome, algunos amigos me decían “debería existir un local así para heteros”. Un par de chicas se lanzaron al jacuzzi. Memorable. Heterosexuales conociendo esa parte de la vida gay que siempre ha existido, al margen del furor del matrimonio y las bodas y la homofobia de la Iglesia Católica.

Twitter: @wencesbgay

stereowences@hotmail.com

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