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Martes , 20.11.2018 / 10:48 Hoy

El nuevo orden

"Common people"

Wenceslao Bruciaga

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Por mucho tiempo fui mesero. El dinero de las propinas llegó a ser tan abundante que alcanzaba para costearme estudios y mochilazos a Europa y Tailandia. Fue un trabajo al que le cogí cariño; eventualmente extraño la adrenalina de las horas pico, cuando las mesas henchidas de comensales hambrientos ponían a prueba el umbral de la neurosis. La gimnasia mental que ejercitas cuando atiendes mesas, una tras otra hasta agrietarse el reverso de los dedos del pie, fortalece mejor las neuronas que el tablero del sudoku más ninja.

En el horario nocturno habíamos varios jotos, nos divertíamos haciendo apuestas sobre la orientación sexual de los batos de acuerdo a la marca de vino que ordenaban, en casos extremos les mandábamos mensajes escritos en trozos papel escondidos en las paneras. Salíamos a las dos de madrugada y corríamos a los antros gays que alcanzábamos abiertos a esa hora, cuando todos ya se cargaban un pedo envidiable y nosotros apenas si ingeríamos las primeras gotas de alcohol. Ligabas y una de las preguntas obligadas era la profesión.

Fue ahí que noté que a no pocos les causaba tremendo conflicto asumirse como mesero frente al futuro acostón o novio o marido según los traumas de cada quien. Recuerdo la tarde de un domingo, cuando uno de los compañeros jotos corrió al otro lado del restaurante, a mitad de la chinga, a suplicarme que le cambiara de sección, pues el ligue de la noche anterior se le había aparecido como La Llorona con diarrea dispuesta a jalarle las patas. Se preguntaba una y otra vez cómo se había enterado de su trabajo. Pues fuiste tú, pendejo, solo que estabas hasta la madre y te valió madre y creo hiciste bien, ¿qué tiene de malo ganarte la vida sirviendo crepas y jarras de sangría? Por lo visto el mandil oficial del restaurante le producía tanta vergüenza que le sudaban las manos tanto como para romper un récord Guinness de la inseguridad mísera, le pregunté el porqué de su ataque de ansiedad chocante, respondió sin titubear: “Va a pensar que soy pobre…”.

Después de confesar que tacharía el nombre de AMLO por razones que nada tienen que ver con mis derechos homosexuales, puesto que reconozco el candidato por Morena es de inclinaciones homofóbicas y desquiciadas, recibí comentarios sobre mi incongruencia; menciono poblaciones frágiles sin reconocer la tenebrosa vulnerabilidad que nos caería como yunque cuando el Partido Encuentro Social llegue al poder, vaticinan la persecución a los homosexuales con tanta seguridad y fe, como si en el fondo quisieran que de verdad la distopía nos alcanzara para que sus fantasías de persecución evangélica tuviera un sentido tangible. Luego traen a cuento el estado laico, pero desde la seguridad de la mayoría católica. No todos, desde luego.

No solo eso. Alguien a quien de verdad respeto, aun cuando no tiene empacho a describirse como activista gay, me explicaba que la perspectiva económica de AMLO podría dinamitar la clase media mexicana hasta extinguirla. Siempre creí que había algo en la promiscuidad homosexual capaz de subvertir los estratos sociales. Este activista al que de verdad respeto, es de los que defiende el matrimonio igualitario con uñas y colmillos y, junto a él, varios defensores a ultranza del matrimonio igualitario creen en la pesadilla del exterminio de la clase media azteca si AMLO se lleva la Presidencia, como si lo escasez no fuera opción gay. Lo entiendo, mantener un hogar requiere de autocontención, sobre todo en las finanzas. Respondí que algunas de las dinámicas que supuestamente otorgan el estatus de la clase media son meros espejismos para que el consumo y las deudas no se detengan. Acepto que soy un consumista atascado, pero lo considero un error genético, prefiero asumirme como sibarita atrapado en el cuerpo de un jodido. A veces he gastado tanto que no me alcanza ni para un Bubulubu. También dije que lamentaba si hería la sensibilidad, pero gane quien gane, la homofobia me la pela. Por ese lado estoy tranquilo.

Twitter: @distorsiongay

stereowences@hotmail.com

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