• Regístrate
Estás leyendo: ¡La compañía se disuelve!: ¿se disuelve la compañía?
Comparte esta noticia
Sábado , 22.09.2018 / 14:23 Hoy

Noches de Ópera

¡La compañía se disuelve!: ¿se disuelve la compañía?

Vladimiro Rivas Iturralde

Publicidad
Publicidad

¡La Compañía se disuelve!": con esta exclamación apocalíptica termina la ópera de Gaetano Donizetti (1797-1848) Viva la Mamma (1827),estrenada en Bellas Artes el jueves 24 de septiembre de 2015. En el ranking de las óperas más representadas en el mundo ocupa el muy modesto sitial 155. Es una farsa operística en un acto y dos escenas, con libreto de Domenico Gilardoni, basada en dos obras teatrales de Simeone Segrafi. Ante la crisis endémica (económica, organizativa, artística) por la que atraviesa la Ópera de Bellas Artes —que ni a compañía llega— esta exclamación sonó a irremediable despedida, aunque igual se trata de una ironía de los dirigentes artísticos de la presunta Compañía Nacional de Ópera de Bellas Artes.

Con el subtítulo de "Las conveniencias e inconveniencias teatrales", esta divertida farsa de Donizetti encara el tema de la ópera dentro de la ópera, del ensayo de una ópera que va a montarse: se trata, pues, de una metaópera, como Prima la música, poi le parole, de Salieri; Ariadna en Naxos o Capriccio, de Richard Strauss, y Let's make an opera, de Britten. De ahí que, de entrada, la pobreza escenográfica nos hizo pensar que se trataría una vez más de ese engaño que es la ópera-concierto. Pero no fue así. Los personajes son los realizadores de la ópera: el compositor, el director de escena, el director musical, el poeta-libretista, el empresario, dos sopranos (entre ellas la prima donna), una mezzo, un tenor y un drag queen (un barítono travestido en la Mamma del título, la madre dominante de una de las sopranos).

La ópera es claramente satírica y abunda en esas situaciones cómicas donizettianas. Los nombres son ya caricaturescos: el director de escena, por ejemplo, se llama Bicroma Strappaviscere, que se traduciría como "el destripador". Las inconveniencias teatrales del título son las pasiones humanas puestas en juego durante los ensayos: los celos, las envidias, los egos inflados de casi todos los participantes del espectáculo, que se niegan a servir, con humildad, a una causa común: la obra. Si bien todos los cantantes poseen vis cómica y están a la altura de la exigencias de la obra —con frecuencia, hacer reír es más difícil que conmover—, el drag queen (Ágata, la Mamma que irrumpe en el ensayo para imponer, más que abogar, por su hija, soprano ligera) interpretado magistralmente por ese barítono que creíamos escondido o desaparecido, Armando Mora, se convirtió desde su entrada en escena —con sonoras carcajadas— en el pivote de la obra. Mora y su director escénico (estupendo, Antonio Castro, uno de los grandes directores escénicos de México) aprovecharon muy bien la tendencia mexicana al choteo y convirtieron la ópera en un festival de risas. Las ocurrencias escénicas de Armando Mora y su director se asomaban a menudo al borde del teatro de cabaret o de variedades, pero fueron siempre eficaces.

Musicalmente, la ópera no es muy rica: abundan los recitativos, parodias de arias y, en la segunda escena, citas enteras de otros compositores, tales como la sumamente difícil "Casta diva", de Norma, de Bellini, que la soprano Lorena Flores encaró con valentía, o la igualmente difícil "Fuor del mar" de Idomeneo, de Mozart, con el aplaudido Orlando Pineda, y una más de Il Viaggio a Reims, de Rossini, cantada por Adriana Valdés. De pronto, estos números nos dieron la impresión de estar en un concurso de canto Carlo Morelli.

El equipo de solistas fue homogéneo y en la mayoría había dotes actorales: ante todo, el barítono Armando Mora como la Mamma del título; la soprano Lorena Flores, como la prima donna, quien, además de su "Casta Diva", tuvo en el primer acto una difícil aria de coloratura; Orlando Pineda, el tenor alemán; Adriana Valdés, la segunda soprano; el barítono Carlos López, el esposo y representante de la prima donna; el muy joven barítono y buen actor Jorge Eleazar Álvarez, el compositor; Rosa Muñoz, la mezzosoprano Pippetta; el bajo Alejandro López, el poeta Salzapariglia; el barítono Jorge Ruvalcaba, el empresario, y el bajo-barítono Rodrigo Urrutia, el jefe de foro.

La orquesta se desempeñó como parte del ensayo que era la ópera: fue colocada al fondo del escenario y su director, el joven Iván López Reynoso, cuidadoso y profesional, participó también en la acción escénica.

En suma, un buen trabajo escénico que, esperamos, no signifique la disolución de la "Compañía" de Ópera de Bellas Artes, sino que más bien anuncie tiempos mejores. Lo digo sin mayor esperanza.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.