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Lunes , 15.10.2018 / 08:55 Hoy

Interés Público

Trump y la tecnología infernal

Víctor Reynoso

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Jorge Luis Borges escribió que "la democracia es un abuso de la estadística". Se refería al hecho, más o menos obvio, de que las mayorías no tienen por qué ser racionales o razonables. Que no hay ningún argumento o hecho que nos permita concluir que la decisión de todos (de la mayoría de la población) sea mejor que la decisión de un grupo de sabios bien intencionados y bien informados. Elecciones recientes o en proceso nos recuerdan este hecho: Donald Trump, el Brexit, la elección presidencial en Filipinas.

Limitémonos en el candidato actual del Partido Republicano en Estados Unidos. Fuera de su dinero, no parece tener cualidades. Sus defectos son numerosos y graves para la sensibilidad contemporánea: racista, sexista, contradictorio, irracional, xenófobo. No sólo es moralmente discutible. Sus propuestas no son viables o no son racionales. ¿Realmente cree que un muro pueda acabar con la migración? ¿No es consciente de las consecuencias negativas para la economía de su país si expulsa a los millones de mexicanos indocumentados? ¿Quiere en realidad dejar a América Latina en manos de China?

Que un individuo piense como él no sorprende. Lo sorprendente es el apoyo electoral que tiene. Millones de norteamericanos creen que su país estará mejor si Trump gana la presidencia. Lo más probable es que si ganara no podría hacer la mayoría de sus escandalosas propuestas. Y que si las llevara a cabo diera lugar a desastres.

El apoyo a su candidatura no se basa por tanto en la racionalidad de sus propuestas y de las consecuencias de las mismas. Se basa en cuestiones más viscerales. Algunos han señalado problemas económicos que tienen su origen en la migración mexicana. Pero esta afirmación no parece tener sustento: los mexicanos no desplazan a la mano de obra norteamericana. Ni parece haber en estos momentos una crisis económica severa en el país de Trump.

Más probables parecen las interpretaciones que ven en el racismo y la xenofobia las raíces del síntoma Trump. Pero ¿por qué se manifiestan ahora, y no lo hicieron hace cuatro, ocho o dieciséis años? No parece haber razones económicas ("no es la economía, estúpido"). Paul Berman ha apuntado la presencia de una crisis cultural, que tiene que ver con la formación de la opinión pública. Ya se fue la época en la que cada localidad mediana en Estados Unidos tenía un periódico, y las ciudades al menos dos. Los grandes diarios que sobreviven lo hacen mermados, sin los equipos de periodistas que tenían antes.

Esto hace que la gente en aquel país sea menos capaz de analizar su propia realidad y de detectar formas adecuadas para enfrentar sus problemas. Junto con este deterioro de las fuentes que forman la opinión pública se han deteriorado las jerarquías. Se han dejado de lado las consideraciones sobre la calidad de quienes opinan y argumentan sobre los asuntos públicos, para dar lugar a "la tecnología infernal que considera que cualquier cosa tiene la misma validez que otra" (Letras Libres, octubre 2016, p. 13).

En todos lados se han multiplicado los medios de información por internet, escritos o hablados. Corrijo: más que de información, de opinión. Nos hemos acercado a una situación en la que muchos escriben y publican, pocos leen; muchos hablan, pocos escuchan. Este riesgo de monólogo colectivo parece ir acompañado de la falta de criterio en la jerarquización de las opiniones que señala Berman.

No es claro que Trump, quien encarna lo que otrora eran los defectos que pudiera tener el peor político norteamericano ("el plutócrata malvado y deshonesto, que carece de valores morales y de decencia común, arrogante, corrupto, cínico y falto de patriotismo" en palabras de Berman) sea producto de esta dispersión de los medios de opinión. Pero pudiera ser.

Regresando a Borges, agradezco su frase fina, irónica, juguetona. Pero no tengo duda de que debemos seguir contando con la regla de mayoría para tomar muchas de nuestras decisiones políticas. Por al menos dos razones. Primero porque no hay una alternativa mejor (¿puede existir realmente un grupo de "sabios bien informados y bien intencionados"?, ¿hay alguna garantía de que no sé que no se equivocarían?). Segundo, el voto universal, puede dar al ciudadano una sensación de pertenencia y de responsabilidad que no dan otros mecanismos.

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