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Domingo , 15.07.2018 / 18:43 Hoy

Interés Público

Síntoma, no posibilidad

Víctor Reynoso

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Como la mayoría de las sociedades contemporáneas, la de Estados Unidos es crecientemente diversa, plural y tolerante. Por lo mismo llama la atención que Donald Trump, imagen del racismo y la exclusión, haya llegado a la candidatura presidencial del Partido Republicano. Pero por lo mismo es poco probable que gane la elección. Es, creo, más un síntoma que una amenaza.

Una regla de las elecciones norteamericanas es que los precandidatos se radicalizan cuando buscan obtener la candidatura de su partido, y se moderan cuando buscan el voto ciudadano. En las elecciones primarias participan votantes más radicales, afines a las ideas extremas de cada partido. Pero en la sociedad global predominan ideas moderadas. Los votantes de las primarias tienden a los extremos, los de la elección presidencial al centro.

Es de esperar que Trump modere su discurso, si busca obtener el voto mayoritario. Pero por más que se modere se ve difícil que obtenga ese voto. Aunque es evidente que en la sociedad norteamericana hay sectores que corresponden o se acercan al estereotipo blanco del ciudadano que aparecía en las películas de ese país antes de los años sesenta, (de origen europeo, pero no irlandés, italiano ni polaco) protestante, racista, es claro que ya no es un sector mayoritario.

Lo puede ser en el partido republicano, pero sería raro que las minorías negras, latinas, orientales y demás votaran por un candidato que corresponde a ese estereotipo, es decir, por Trump. Sin el voto, o más bien, contra el voto de esas minorías nadie puede llegar a la presidencia de Estados Unidos. ¿Qué razón tendrían para votar contra sí mismas?

Así como se ve difícil que Trump gane, se ve difícil que gobierne como propone. ¿Podrá marginar a todos los estadounidenses que no corresponden a su estereotipo? ¿Qué haría con esas decenas de millones de personas, sin las que su país no puede funcionar?

Lo curioso es que el fenómeno Trump surja en pleno siglo XXI, cuando la tolerancia, como valor y como realidad, avanza en diversas zonas del planeta. Es sin duda un síntoma, pero no es claro de qué. Puede ser que la mayoría blanca de Estados Unidos esté viendo cómo se pierde su supremacía, cómo los hechos van mostrando que su supuesta realidad no es tal, que las minorías en su país prosperan y ya hasta salen en las películas de Hollywood. Y que esa evidencia haga renacer el racismo.

No lo sé, ni me queda claro que otros lo sepan. Espero que ese síntoma sea el del último canto del cisne, y que anuncie, al menos en las zonas más plurales e informadas del planeta, el fin del racismo como fenómeno dominante. Porque las críticas al racismo no se basan en prédicas de buena voluntad, sino en hechos: queda claro para quien quiera verlo que no hay raza humana superior o inferior a otras. Que si algunos pueblos o grupos destacan en algo es por las condiciones históricas que les permiten destacar (la circunstancia árabe hoy, por razones que desconozco, no es proclive al deporte, por lo que no esperamos gran cosa de ellos en las próximas olimpiadas, pero eso puede cambiar en unas décadas, como cambió con los chinos).

Esperemos que el síntoma se supere pronto y sin dolor. Que las causas se atiendan. Lo contrario sería muy lamentable.

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