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Martes , 20.11.2018 / 22:46 Hoy

Interés Público

El pueblo según Morena

Víctor Reynoso

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En la mal llamada consulta sobre el aeropuerto de la Ciudad de México votaron uno 747 mil ciudadanos a favor de interrumpir las obras en Texcoco. Si consideramos que el padrón electoral con corte al 19 de octubre de este año supera los 90 millones de ciudadanos, quienes dijeron que “no” al aeropuerto en Texcoco fueron algo así como el 0.83 por ciento de los ciudadanos mexicanos.

Ese porcentaje fue considerado por el fundador de Morena como “el pueblo”. Con ese criterio, se puede tomar como decisión del pueblo cualquier cosa. El próximo gobierno federal y su partido no tendrán ningún problema en movilizar el 0.83 por ciento de la población para aprobar cualquiera de sus propuestas.

Preocupa no sólo la cantidad, sino la calidad: un ejercicio organizado, financiado, contado, por una misma fuerza política. Sin ninguno de los “candados” que tienen las elecciones en todo el país para darles confiabilidad.

Preocupa que quienes le dan validez a un hecho como este son quienes han sido los más malos perdedores de las elecciones mexicanas. Morena y los suyos exigen cuando las elecciones no los favorecen, no cuando ellos las organizan.

Preocupa que una obra con características técnicas, financieras, políticas, etcétera, tan compleja como ese aeropuerto, sea decidida por opiniones. Por las opiniones de menos del 1 por ciento de los ciudadanos en el padrón electoral.

Preocupa que el presidente electo haya declarado que ya el poder político y el poder económico están separados, cuando a su derecha estaban sentados dos empresarios, José María Riobóo y Alfonso Romo. Dos de los tres que lo acompañaban eran gente de poder económico.

Preocupa que a las múltiples y diversas críticas a la decisión de suspender esa obra, que provienen de múltiples y diversas voces, el presidente electo responda con alusiones a la corrupción y a intereses económicos de los críticos, o relacionándolas con cuestiones que nada tienen que ver, como el supuesto proyecto de construir un centro comercial donde ahora está el aeropuerto Internacional Benito Juárez”.

Preocupa que una persona como Enrique Cárdenas, seria, mesurada, de los economistas e historiadores más reconocidos de nuestro país, y hace unos meses cercano al proyecto de Andrés Manuel López Obrador, haya publicado en Twitter: “La decisión de @lopezobrador_ sobre el nuevo aeropuerto será recordada como una de las peores estupideces de un presidente en la historia económica contemporánea. Ojalá me equivoque.”

Quizá solo se trate de eso: una de las peores estupideces de nuestra historia económica contemporánea. Con muy graves consecuencias, como todas las estupideces de gran magnitud. Y dicen que nos acostumbremos, que vienen muchas más.

Preocupa que, muy lejos de ser una estupidez asumida como tal, sea presentada como una decisión democrática, como una expresión del “cambio de régimen”. Como la primera de muchas decisiones en ese sentido que pronto vendrán.

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