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Lunes , 25.06.2018 / 14:45 Hoy

Interés Público

Dos estilos

Víctor Reynoso

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Con un día de diferencia (16 y 17 de agosto), los dos principales partidos mexicanos renovaron su dirigencias nacionales. El procedimiento seguido para este cambio fue notablemente distinto en cada partido, y nos dice mucho sobre éstos, sus tradiciones, reglas internas y lo que representan de la política mexicana.

El PRI tuvo un solo candidato (o una sola fórmula, si se considera que no se eligió sólo al presidente nacional, sino también a la secretaría general del partido). No hubo competencia interna, propuestas alternativas, cuestionamientos, debates. En sentido estricto no hubo elección, pues no se eligió nada, únicamente se ratificó la única propuesta presentada.

O no hubo elección durante el proceso formal de nominar a las nuevas autoridades priistas. La elección se dio antes, en la decisión de tener una sola fórmula formada por Manlio Fabio Beltrones y Carolina Monroy del Mazo. Con esto el PRI es fiel a su tradición, a sus usos y costumbres. Todo indica que la decisión se tomó en la presidencia de la república, como se hizo desde que este partido existe y hasta que perdió la institución presidencial en el 2000.

Aunque la decisión haya sido tomada por una sola persona, el presidente Peña Nieto, no por eso es una decisión arbitraria y caprichosa. Es claro que tiene una lógica: poner en la presidencia del PRI a uno de los priistas más influyentes y experimentados y acompañarlo en la secretaría general por una persona cuyo rasgo político más relevante es su cercanía al presidente de la república.

Por un lado se reconocen los méritos políticos de Beltrones, y se confía en que sus habilidades beneficiarán al partido. Por otro se pone junto a él a Monroy del Mazo, para mantener un vínculo estrecho con Peña Nieto y su grupo.

¿Es antidemocrática esta forma de tomar las decisiones? Sólo si reducimos la democracia a una de sus reglas, la regla de la mayoría. Las mayorías no decidieron. Pero si vemos a la organización partidaria desde una perspectiva más amplia, como la “buena gobernanza”, advertiremos virtudes en el proceso. Ante todo no tuvo los costos políticos que implica una elección con competencia: críticas, descalificaciones mutuas, exhibir los defectos del adversario y por tanto del propio partido. Además de que el resultado parece sensato: no impuso Calígula a su caballo, sino que se buscó una fórmula adecuada para los intereses del partido en este momento. Si no fue una decisión democrática, tampoco fue antidemocrática. Fue institucional, y razonable, por lo dicho.

El PAN sí tuvo una elección competida, entre dos candidatos, un senador (Javier Corral) y un diputado federal (Ricardo Anaya). Hubo propuestas y debate entre ellos. Las críticas fueron expuestas, y cada candidato y su partido pagaron los costos. Por segunda ocasión en los 76 años de vida panista el presidente nacional de ese partido fue electo por todos los militantes, un método propuesto por Javier Corral y aceptado por la Asamblea que reformó los Estatutos panistas apenas en 2013.

El método panista, al igual que el del PRI, tiene méritos y costos. Mostró que es posible la competencia interna, asunto complicado porque exige muchas cosas: padrón, autoridad electoral, actitudes responsables, apego a las normas escritas. Hechos recientes (elecciones internas del PRI y del PRD realizadas por votación de la militancia) han mostrado que no todos los partidos tienen esos recursos. Los costos: se exhibieron deficiencias del partido, como un padrón inflado (que los dos candidatos aceptaron), fallas serias en funcionarios y directivos panistas, incluso casos de corrupción, y un declive en el desempeño electoral y político del PAN.

Dos estilos, dos formas de tomar las decisiones dentro de una organización. Las dos forman parte del patrimonio histórico y político del país. Las dos han resuelto un problema complejo: cómo nombrar a la máxima autoridad del partido. Las dos tienen puntos débiles: ¿cómo tomará el PRI esta decisión cuando el presidente de la república sea de otro partido? ¿Qué tan altos fueron los costos para el PAN en su imagen pública?

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