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Interés Público

Disculpa presidencial y elección perredista

Víctor Reynoso

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La disculpa del presidente Peña Nieto sobre la Casa Blanca (una propiedad de su familia cuyo costo excede los ingresos de la misma) es mejor que nada. Es reconocer un hecho que ha agraviado a la sociedad, y reconocer que el agravio existe. Pero si no va acompañado de decisiones, se quedará en casi nada, en una declaración más. Quizá hasta contribuya la caída en la legitimidad del mandatario, de su equipo y de su partido.

Empezando porque no queda claro de qué se disculpó, dado que dijo que la situación de la casa era legal. Con lo que la disculpa y reconocimiento se quedan muy a medias. Si es que no se diluyen por completo. Pero sobre todo porque con disculpas no se resuelve el problema de corrupción, que es lo que está en el fondo del asunto.

Parece haber un acuerdo tácito en nuestra clase política: "político no mete a la cárcel a otro político". A menos de que se trate de venganzas personales, como en el antiguo régimen. Hay una desproporción enorme entre las denuncias en los medios de comunicación de políticos corruptos, acompañadas de datos que casi nunca son desmentidos por esos políticos, y las sanciones que deberían aplicarse.

Como que nadie quiere empezar a aplicar como norma el castigo a actos corruptos. Como que hay un temor en la clase política de que si se empieza, quién sabe dónde, cómo y con quiénes acaben las sanciones a la corrupción. A ese temor puede acompañarlo otro: que los castigados y sus redes de relaciones son tan poderosos que pueden destruir al político que intente ponerlos en cintura.

El hecho es que el tema del combate a la corrupción llegó hasta al presidente de la República, uno de los muchos acusados o presuntos. El escepticismo quizá es generalizado, pero la oportunidad del gobierno actual ahí está: puede iniciar, si no un combate total a la corrupción, sí una estrategia bien diseñada para empezar a acabar con ella en ciertos ámbitos. Para lo cual tendría que empezar a establecer nuevos usos y costumbres, y no repetir los viejos: buscar chivos expiatorios o aprovechar la ocasión para deshacerse de sus rivales políticos.

Relevo en el PRD

El Partido de la Revolución Democrática tendrá su tercer presidente en el trienio que en octubre de 2014 inició Carlos Navarrete. Alejandra Barrales fue electa por el Consejo Nacional perredista por una amplia ventaja sobre su único adversario, Pablo Gómez.

Es curioso el cambio de papeles entre el PRD y el PAN. Barrales fue electa este mes mediante el procedimiento que utilizó el PAN durante 75 años para elegir a su dirigencia nacional: una votación en un Consejo formado por algunas decenas de dirigentes (Barrales tuvo 264 votos contra 58 de Gómez). En contraste, desde 2014 el PAN elige a su presidente nacional en la forma como los perredistas lo hicieron algunas veces (generando desastres internos en algunos casos): en una elección abierta a toda la militancia.

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