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Viernes , 14.12.2018 / 02:52 Hoy

Interés Público

Contra el interés público

Víctor Reynoso

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Durante el sexenio de Calderón, durante la “Guerra contra el narco”, la mayoría de los homicidios, más del 90%, fueron entre bandas de delincuentes. Es probable que ese porcentaje siga siendo algo, pero hay un cambio cualitativo: los asesinatos de personas clave para el interés público, políticos, periodistas, policías. En cierto sentido ninguna vida humana es más valiosa que otra. Desde una perspectiva política el asesinato de 6 policías en Amozoc, más los numerosos crímenes de políticos y periodistas indican un lamentable deterioro del interés público.

Son actividades muy diversas, que requieren vocaciones y capacidades muy distintas. Pero que tienen en común el ser pilares para la existencia de bienes públicos. Esa es la función de los políticos, la generación de bienes que beneficien a toda la sociedad. Y el bien público más elemental es la seguridad, el tener las condiciones para evitar que los demás puedan dañarnos. Si los propios políticos son asesinados, si ni ellos pueden sentirse seguros, algo anda mal.

El periodismo por un lado forma opinión pública, y por otro es uno de los principales mecanismos de rendición de cuenta. Sin la información y análisis que produce la vida republicana sería imposible: la “cosa pública” se expresa en los medios de comunicación. Se dirá que las redes sociales los han sustituido. Pero no es del todo cierto: en las redes hay muchísimo ruido, predominan los insultos y las faltas de ortografía. Para la formación de opinión pública se requiere cierta jerarquización, un orden que establezca qué información y qué análisis son más confiables.

Cuando los periodistas no pueden ejercer su oficio con seguridad, cuando se llega a extremos de asesinatos, la misma vida republicana puede estar en peligro.

La función de la policía es estrictamente cuidar la seguridad pública. El más elemental de los bienes políticos. Cuando los mismos policías no pueden ejercer su trabajo, cuando son asesinados, ese bien está en cuestión. Más si se les asesina en grupo, como sucedió este mes en el municipio de Amozoc. Más cuando se sospecha de la misma autoridad.

Se podrá decir que los crímenes contra políticos, periodistas y policías se han dado en los eslabones más débiles, en el ámbito municipal ante todo y algún caso a nivel estatal. Pero no por eso el asunto deja de ser grave. Es grave que el crimen organizado se apropie de los ayuntamientos y decida sobre la vida de los policías municipales. De ahí a apropiarse de algunas gubernaturas no hay un gran paso.

El asunto tiene su complejidad, y cada caso causas distintas. En Puebla parece tener su origen en el huachicol. Un negocio sumamente generoso, con muchos beneficiados. Sin especular qué tanto y qué autoridades están involucradas en esa extracción y venta ilegal de hidrocarburos, es obvio que hay algunas involucradas. Lo que empieza como un robo, ciertamente lucrativo, acaba en la formación de grupos de delincuentes que destruyen el tejido político y social de ayuntamientos y gobiernos estatales.

La pregunta que sigue es qué tanto las elecciones de este año serán un avance en la resolución de este problema. Y la respuesta es pesimista: nuestros políticos, en los diversos cargos de elección popular, parecen estar muy concentrados en acceder al poder, y poco en como ejercerlo para resolver los problemas de la sociedad. Se les va en prometer, en decir lo que ellos creen que queremos oír. Pero no se percibe un ánimo para resolver los problemas públicos.

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