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El Pulso

Feliz Año Nuevo

Víctor Martínez Lucio

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En este primer artículo del año, son muchos los deseos, o mejor dicho, peticiones.

Todos tenemos la misma idea en el fondo: salud, dinero y amor; pero desde el fondo de éste, su humilde servidor, sale esta larga lista de deseos, esperando que el 2019 nos los pueda cumplir.

Que este 2019 se acaben los corruptos que tanto dañan al pueblo, que lo hacen no creer en que la honestidad existe en el servicio público.

Que se acaben las promesas fáciles de candidatos y funcionarios que luego, con una mano en la cintura, solo se disculpan. Si bien nos va.

Que se acaben las obras con precio inflado, asignadas a compadres o empresas fantasma con mordida incluida, que terminamos pagando todos.

Que se acaben las malas organizaciones ciudadanas; las creadas con falsos fines, por falsos ciudadanos que hacen más daño aun del que ya padecemos, corrompiendo el origen de la manifestación ciudadana; porque de que los hay, los hay.

Que se acaben los mesías que todo lo pueden, y que pretenden hazañas que saben en el fondo que no son posibles. Que se acabe el paternalismo de antaño, es una regresión.

Que se acaben los pobres, que alguien les ayude, pero no regalado, que tengan trabajo, y aquellas oportunidades que nuestro México querido les ha negado.

Que se acabe el impune, el que paga e inventa su justicia, y el juez que corrompe la Constitución por unos cuantos pesos, o por miles; da lo mismo, es basura.

Que se acabe el que vive de la necesidad del otro, el que da míseros sueldos o el que vive de la usura.

Que se acaben la censura, la amenaza y el insulto. Las muertes de periodistas y los periodistas muertos en vida por no poder hablar.

Que se acaben la mentira, el secuestro y la desaparición que lacera la vida de miles de familias, que ya no duermen, no comen y no sienten igual el paso de los días por no saber de los suyos.

Que los vean volver con vida, si no es mucho pedir.

Que se acaben los malos, que dicen que son los menos, y más somos los buenos. O que se vayan de nuestra tierra, donde por siglos ha costado tanto salir adelante. El país es tan grande que a pesar de ellos sigue en pie.

Que vuelvan la sonrisa, la confianza en las autoridades, el candor e inocencia de los jóvenes por encima de las drogas y las armas en sus manos.

Que vuelvan las largas pláticas a la mesa o charlas con los amigos mirándose a los ojos, sin atarse a un aparato celular.

Que vuelvan los amigos, pero no los de Facebook, Instagram o Twitter, sino aquellos que, aunque pocos, están por encima de chismes, vanidad y envidias.

Que siga la esperanza de un mundo mejor, la bondad en los corazones y la sonrisa de los niños.

Y, si es posible…

Que siga esta columna que tanto agradezco y es un privilegio.

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